La medida y su significado en Oriente y Occidente
D. J. Bohm
(segunda y última parte)
Desde luego es imposible retroceder al estado de plenitud que quizá prevaleció antes de la escisión entre Oriente y Occidente, porque sabemos muy poco o nada al respecto. Más bien, lo que se precisa es que aprendamos de nuevo, que observemos para descubrir por nosotros mismos el significado tanto de la fragmentación como de la totalidad. Desde luego hay que conocer las enseñanzas del pasado, tanto las occidentales como las orientales, pero tratar de imitarlas o de amoldarnos a ellas sería de muy poco valor. Es evidente que el desarrollo de una visión nueva de la fragmentación y de la totalidad demanda una labor creadora, tanto más difícil cuanto que ello requiere nuevos descubrimientos fundamentales en el campo de la ciencia y de las grandes obras artísticas. Al respecto se podría decir que si llega a existir un hombre que posea un espíritu creador tan grande como lo tuvo Einstein, no lo imitaría ni aplicaría sus ideas a formas nuevas, más bien aprendería de Einstein todo lo que éste pudiera enseñarle y luego haría algo original de verdadero valor que superara todo lo anterior y que fuera fruto de su asimilación y lo vertería en formas cualitativas nuevas. Por consiguiente, lo que tenemos que hacer acerca de la totalidad de la gran sabiduría del pasado de Oriente y de Occidente es asimilar y seguir adelante tras una nueva visión original que esté de acuerdo con las condiciones actuales de nuestra vida.
Para lograr hacer esto es importante ver con claridad el papel que desempeñan ciertas técnicas que se usan en algunas disciplinas de meditación. En cierto modo, las técnicas de meditación también podrían ser consideradas medidas que emplea el hombre (actos ordenados impuestos por el conocimiento y la razón) con el fin de tratar de alcanzar lo inconmensurable, es decir, un estado de la mente en el cual el hombre deje de sentir la separación que existe entre él mismo y la realidad total. Pero se ve claramente que en una noción de tal índole hay contradicción, puesto que si lo inconmensurable existe, es justamente aquello que no puede ser traído dentro de los límites que determinan el conocimiento y la razón de ningún ser humano.
Para estar seguros, dentro de ciertos contextos específicos de medidas técnicas, y entenderlas con un espíritu recto, y si somos en verdad observadores, éstas podrían llevarnos a la comprensión de ciertos aspectos de los que podremos derivar una visión interior nueva. Entonces sería contradictorio, en términos de un proceso mental, querer formular técnicas para nuevos descubrimientos fundamentales, científicos o artísticos, que fueran originales, pues la verdadera esencia de éstos depende de cierta libertad e independencia de acción, de no depender de nadie, de no necesitar de ningún guía. ¿Cómo puede transmitirse tal estado de libertad que realice estas actividades si la fuente principal de energía depende de los conocimientos o de la conducta de un guía o si nuestro criterio está supeditado al de otra persona? Y es aún menos posible que un guía pueda capacitarnos para descubrir aquello que es inmensurable, inefable.
De hecho, no hay cosa alguna que el hombre pueda hacer directa y positivamente para entrar en contacto con lo inmensurable porque ello está situado muy por encima y más allá de lo que el hombre puede captar con su mente o ejecutar con sus manos. Lo único que puede hacer es dedicar toda su atención y energía creadora para adquirir claridad y orden en la totalidad de su campo mensurable. Por supuesto, tal cosa requiere no sólo un ensanchamiento de la medida en términos de unidades exteriores, sino en una medida o proporción interna que incluya la salud del cuerpo, la moderación en todos sus actos y cierta clase de meditación, todo esto indispensable para crear una visión interna capaz de conocer cómo funcionan los pensamientos. Esto último es de especial importancia porque la fragmentación tiene sus raíces en esos pensamientos que traspasan los límites de la armonía y que confunden su contenido con la realidad, independientemente de su propio proceso mental. En Occidente existe esta confusión debiodo a la aplicación mecánica y rutinaria que se hace de la medida, que trata todo como si estuviera dividido en partes separadas, considerando sus límites medibles como si fueran realidades y tuvieran una existencia independiente.
En Oriente también se ha caído en una rutina, en una interpretación igualmente mecánica debido a la aceptación tácita de la autoridad y de las ideas que les son impuestas por personas que consideran sabias y espirituales, como lo son los guías religiosos. Esto también ha conducido a la fragmentación en los aspectos medibles de la vida cotidiana y ha producido una distorsión de la realidad, aunque de una manera totalmente distinta a la de Occidente. Esta imposición de métodos autoritarios ha evitado que el individuo pueda expresar espontáneamente respuestas creativas y que se ajuste y acepte las formas tradicionales de su sociedad.
Para terminar con esta fragmentación, tanto en Oriente como en Occidente, hay que tener una visión aguda e inteligente, no tan sólo del mundo en general sino también dándose cuenta de cómo funciona ese instrumento que es la mente. En este particular, lo más necesario no es tanto ver cuál es la medida de nuestros pensamientos o determinar si ellos van o no más allá de sus propios límites, sino más bien mantener un estado de observación continua de momento a momento, observando cómo los pensamientos tienden a llevar la idea de la medida a contextos que no tienen nada que ver con ésta, en vez de actuar de una forma total. Para que la mente pueda actuar de esa manera totalizadora se requiere creatividad, una percepción aguda, que todos los sentidos actúen en un proceso conjunto con la mente y que ésta cree su propia disciplina sin sindepender de autoridades o imposiciones externas o de técnicas para sostener su propio orden y actividad. Mediante una meditación correcta surgirá de modo espontáneo la disciplina que haga posible que la mente labore en acuerdo con su propio criterio y percepción. Entonces el campo total de lo mesurable se armonizará y se moverá paralelamente con lo inmensurable.
Cuando exista y perdure esta armonía el hombre podrá alcanzar una comprensión plena del proceso que produce la fragmentación y podrá adquirir una recta visión de lo que es la totalidad. Y lo que es aún más importante y significativo, podrá entender lo real de tal visión y seguir sus manifestaciones en cada paso, en cada fase y aspecto de su propia vida.
Naturalmente esto requiere de una dedicación absoluta de todas nuestras energías creadoras y dirigirlas a una investigación profunda de todo lo implicado en el concepto de medida. Debemos a la vez abandonar todos los conceptos que hayamos acumulado a lo largo de nuestra búsqueda y están agazapados en nuestro fuero interno; asimismo prescindir de guías o de influencias de toda clase y lanzarnos completamente solos a nuestra propia búsqueda. Esto puede resultar algo muy difícil, arduo, pero como todas las cosas que pueden llevarnos a un éxito real, valdrá la pena que nos demos a ello dedicando nuestra atención completa y seria si es que hemos comprendido la verdadera importancia de todo ello y que nos incumbe a todos y cada uno.
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