La rueda tibetana de la vida

El Dharma budista es representado con una rueda, la rueda de la Ley echada a andar por El Despierto. No deja de hacernos pensar este objeto en el aspecto negativo de la circularidad, como el ciclo recurrente de nacer y morir, como el de repetir acciones incorrectas y caer por ello en el sufrimiento y la confusión que nos harán equivocarnos de nuevo para tener que volver a recoger los frutos de esa acción equivocada y sufriente... o para enmendar esas acciones al percatarnos de su insustancialidad y transitoriedad, mejor dicho de lo insustancial y transitorio de la persona que realizó esas acciones, percatación que pasa necesariamente por la sensibilización y entendimiento de la presencia de la naturaleza búdica en todo ser.

La rueda tibetana de la existencia y la rueda de la Ley son un solo símbolo que reúne los dos aspectos de causa y efecto, de luz y sombra, de problema y solución. La voluntad de poner a girar por nosotros mismos la rueda de la Ley proviene de la vivencia-conciencia de que mientras estemos en la rueda de la existencia nos moveremos como la pena en el infierno que decían los teólogos medievales, similar al movimiento en el círculo.
Nuestra vida es dominada por dos fuerzas opuestas: el impulso evolutivo innato que nos mueve a alcanzar nuevos niveles de conciencia y el peso muerto de nuestra ignorancia, que nos retrae a más limitados horizontes. Ese impulso evolutivo no es otra cosa que la naturaleza búdica innata, que se halla dentro de cada uno pero fuertemente oprimida por nuestra ignorancia. Por ello debemos ejercer un constante esfuerzo para contrarrestar el empuje de esa oscuridad entendiendo primero las condiciones que nos pueden llevar a los estados bajos de existencia.
El origen de esas obras pictóricas de contenido esotérico conocidas como rueda de la vida se atribuye a la decisión de Buda de representar gráficamente las enseñanzas de su discípulo Maudgalyayana (notable por su práctica espiritual y sus poderes psíquicos) con lo cual el mensaje estaría accesible aun para quienes no tuvieran contacto con éste.
Este diagrama, síntesis metafórica de concepciones acerca de las causas y modos en que se manifiestan los sufrimientos en este plano, muestra en cuatro círculos concéntricos, con impactantes imágenes, de fuerte contraste y elaborado simbolismo, actos en los cuales mostramos los intereses e ideas que nos mueven en la vida y que repetimos inconcientemente buscando con ellos, y en ellos, dicha y satisfacción. Son hechos centrales en la vida del ser humano realizados con una actitud de apego que nos esclaviza a ese mismo acto y al samsara o vida mundana.
En el círculo central un puerco, una serpiente y un gallo que surgen uno de otro corren sin cesar. Cada animal representa un particular defecto o debilidad que obstaculiza el sendero espiritual. Se conocen como los tres venenos pues de ellos brotan todos los males y nos corrompen desde dentro. Tales fuerzas se encarnan en animales porque se consideran impulsos primitivos que yacen escondidos bajo nuestra aparente compostura.
El gallo representa avaricia y voracidad. La proverbial vanidad y lujuria de esta ave simboliza apropiadamente este defecto humano, que abarca deseos ligeros o intensos, antojos, ansias. Cuando perdemos algo sentimos pesar e irritación por el disfrute que ya no tenemos y una honda sensación de pérdida. Esto remite también a nuestro anhelo por admiración y aprobación. Constantemente buscamos algo en y a través del mundo, olvidando nuestras fuerzas internas.
La serpiente significa agresión. Cuando los hechos no ocurren como deseamos culpamos a otros y tratamos de forzar la situación, creando resistencia, lo cual vuelve a forzar las cosas y así sucesivamente. Debemos evitar una reacción instintiva a esas situaciones y actuar sólo cuando la ira y la frustración amainen. No es que no seamos conscientes de que debemos refrenar nuestras retroacciones intempestivas e impensadas, sino que la complacencia adormece esa conciencia, y dichas reacciones se deslizan y se cuelan (como lo hace una serpiente) a pesar de nuestro mejor criterio.
De la boca de la serpiente sale un cerdo, símbolo de ignorancia. Sus propias orejas tapan sus ojos; así cegado, el animal sólo ve lo que está hurgando con el hocico y es inconciente de todo lo que hay alrededor. De igual modo nuestra visión de la vida es estrecha a causa de los condicionamientos y perdemos la visión de lo esencial. Los intentos de satisfacer erróneos deseos, simbolizados por el gallo, llevan a la agresión, haciéndonos insensibles y ciegos (como el puerco) a los sentimientos de quienes nos rodean; la ignorancia nos hace egoístas y esto hace renacer el gallo del deseo, lo que nos mantiene atados al ciclo del samsara.

Junto al círculo central hay una banda concéntrica dividida en dos partes, una luminosa y la otra negra. En la porción oscura, personas que eligieron el camino de lo oscuro caen en sombríos abismos. El camino recto, por el contrario, concede la ascensión espiritual a los que lo tomaron.

Después de esta banda, un área mayor dividida en seis muestra en cada una un nivel de existencia condicionada por nuestras acciones o karma positivos o negativos, niveles que se describen a continuación.
1. El reino del infierno
El primer reino es el infierno, un lugar de intenso dolor donde las víctimas son sometidas a crueles torturas por los demonios que ahí reinan. Sobresalen las llamas, pero hay también zonas de hielo, con lo que se experimenta también el dolor del frío. Este reino es una muestra del odio, la aversión y la mala voluntad, más que la descripción de lo que nos espera en otro mundo. Un infierno de constante dolor es producto de nuestros actos, resultado de nuestro propio karma. Es nuestro estado mental manifestado, pues depende de nosotros si hacemos de nuestra vida un infierno o no.
El infierno, sin embargo, no es duradero. Todos los procesos y condiciones continúan sólo hasta que las causas están presentes u operando. Uno estará en el infierno mientras duren las energías kármicas. Además, recordemos que el concepto y percepción del tiempo son relativos.

2. El reino de los espíritus hambrientos
Junto al reino del infierno aparecen grupos creaturas torpes y desmañadas apiñándose. Sus cuerpos son del color del humo, su apariencia, insustancial, como hechas de niebla. Sus extremidades son débiles, largos, sus cuellos delgados y sus barrigas hinchadas, colgantes, y sus piernas apenas las soportan. Su boca, ojos, su rostro todo, reflejan dolor por sufrir hambre y sed constantemente. Vagan solas penosamente en busca de sustento. Estos fantasmas viven con el solo propósito de hallar comida. Nada de lo que ganan les parece suficiente; insatisfechos, siempre anhelan más. Este reino es el estado mental ofuscado por la avaricia. Es el fantasma del hombre que vive por el dinero.

3. El mundo de los Animales
En este reino se vive para el cuerpo; todo esfuerzo se dirige a satisfacer los deseos físicos y a sobrevivir, como ejemplo de la actitud de no ver más allá de las necesidades corporales. Es una visión voluntariamente estrecha, limitada a lo superficial e inmediato, sin considerar el significado y propósito de la vida.

(continúa en el siguiente número)
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