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OCTUBRE 2006

 

 

El dinero y los afectos

Dr. Ricardo Deon

En una familia el centro a partir del cual se interactúa son las relaciones afectivas, pero éstas muchas veces son influidas por el factor "dinero". En una relación de afectos una de las partes puede tener el control del dinero y podrá usarlo, invertirlo o administrarlo. Tiene el poder de decidir qué se hará con él: gastarlo en una cosa o en otra, darlo o no darlo.
Hay cuatro modos de utilizar el dinero en nuestra relación con seres queridos:
Como varita mágica. A veces nos volvemos los prestidigitadores de la familia, que realizando ciertas "operaciones" ¿mágicas? materializamos deseos. Si nuestros seres queridos nos ven como dueños de la varita, les oiremos frases como "cómprame, dame, quiero". Nos verán como mago a quien basta mover la varita y decir alguna frase para que el milagro suceda. ¿La consecuencia? Pues que a partir de ahora si al menor pedido no hacemos el "pequeño" esfuerzo y complacemos sus nuevos deseos (como agua salada: más tomo, más quiero), ellos interpretarán que tras esa actitud, si se quiere caprichosa, existe un ser que nos los ama tanto como dice, que merece ser ignorado o incluso castigado. ¿Y dónde se nos castiga? Donde más nos duele: no te beso, te contesto mal, te ignoro. ¿Por qué nos castigan así? Simple: ellos saben que no nos pueden castigar en los bienes materiales, pues como poseedores de la varita mágica podríamos materializar todos los bienes materiales que queramos. El castigo será entonces sobre los bienes que no se compran con dinero: los afectos, con graves consecuencias: padres que dejan de vivir su propia vida para "tratar" de darles "todo" a sus seres queridos, hijos enojados con sus padres por no satisfacer sus deseos.
¿Cómo modificar la creencia de que con un simple movimiento de la varita mágica podemos materializar lo que ellos quieren ? Pues dejando de parecer un mago que todo lo puede y convirtiéndonos en seres humanos.

Como arma. Arma se define en sentido figurado como "medios que sirven para conseguir alguna cosa". El dinero puede usarse como un arma que permite ejercer poder sobre otros, tomar control sobre ellos. Así se logra que la conducta del otro se encauce por los límites que nosotros le proponemos. Si la conducta del ser querido no se ajusta a la norma prevista, qué mejor que no darle o no cumplir su deseo y la próxima vez antes de comportarse mal lo pensará dos veces.
El dinero se vuelve entonces un arma fabulosa para controlarlos y castigarlos por sus malas acciones. Porque, ¿quién mejor que uno sabe lo que más les conviene? Así los "educamos", o ¿los dominamos, sometemos y les quitamos su voluntad, su decisión?.
Lograremos con este método que al elegir vengan inseguros a nosotros buscando aprobación o que apenas puedan manejar cierto dinero se lancen a la vida a cometer error tras error en materia económica, como modo velado de mostrarnos que ése no era el modo de educarlos. Quizás éste fue el método que usaron con nosotros para enseñarnos la relación con el dinero.
Con este método quizás logremos formar personas ¿adultas? que no tomen decisiones por sí mismas y que dependan necesariamente de nuestro dinero, o que cuando lleguen a tener control sobre el dinero lo usen también como un arma con los demás.

Como sustituto del afecto. Al interactuar con los seres queridos uno expresa afecto, hace regalos y entrega dinero, pero ¿qué sucede cuando a uno le cuesta expresar afecto, dar un beso, acariciar, decir una palabra de amor. En estos caso canalizamos la demostración de afecto casi sólo mediante regalos y dinero. El dinero sustituye el afecto que no puedo expresar. A medida que la persona crece le entregaremos junto con dinero, o regalos que lo representan, sólo una pequeña muestra de afecto. Con el tiempo la persona identificará el dinero y/o los regalos con el afecto, y cuando carezca del afecto que necesite buscará el dinero y los regalos que lo sustituyan. Y quizá cuando aprendamos a mostrar el afecto, ya no lo puedan recibir si no va acompañado de dinero.
Como energía transformadora. También el dinero puede ser una energía transformadora o un medio fabuloso para crecer como persona, para jugar el juego de la vida y ayudar a otros a que aprendan a usarla. En este caso el dinero se convierte en una energía muy poderosa para llegar a conocernos y manifestarnos durante nuestra permanencia en este planeta.
¿Cómo usarlo? Por ejemplo desarrollando los talentos que de jóvenes nos hacían vibrar y que con el paso de los años quedaron relegados. También lo podemos utilizar para aprender más de la vida y crecer como personas, además uno quiere lo mejor para sus seres queridos: queremos que ellos disfruten de toda la abundancia del universo. Existen personas que llegan a tener mucho dinero y sienten que no tienen abundancia en su vida, pues siempre les falta algo. No siempre el dinero llega junto a la abundancia.
¿Cómo ayudarlos para acceder a esa abundancia? Mostrándoles los efectos favorables que el dinero sabiamente utilizado ejerce sobre nosotros y sobre ellos, disfrutando juntos de las muchas cosas que el dinero puede dar junto al montón de cosas que no puede, para que comprendan que ambas son necesarias y no excluyentes. De este modo, juntos entenderán las verdaderas necesidades de la familia en oposición a las necesidades creadas por la sociedad y se utilizará el dinero con mejor criterio. Y en especial enseñándoles a generarlo en armonía, para que dejen de vernos como un mago con varita o como quien los intimida con un arma. Ayudándolos a que descubran su vocación y apoyándolos en su desarrollo para que no la confundan con una carrera que creen que da dinero. Que descubran el placer de trabajar en lo que aman hacer, y la importancia de hacer valer ese trabajo en dinero. Y haciéndoles sentir aquellas cosas que no se pueden adquirir con dinero: un rayo de sol, un beso de amor.
Cuando vuelvas a usar el dinero con tus seres queridos, presta atención para darte cuenta si lo usas como una varita mágica, como un arma, como un sustituto del afecto o como una energía transformadora. Y pregúntate: ¿Por qué?



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