El gran viaje
(Un camino de realización por los Arcanos Mayores)
(segunda parte)
Veet Pramad
El padre, una de cuyas funciones es poner al niño sobre sus hombros y llevarlo a pasear, dejando que éste elabore sus propias ideas al respecto del mundo, le va colocando ideas en la cabeza, sus ideas, su visión del mundo, ideas que reflejan lo que su padre es o lo que le habría gustado ser. En principio esto no sería un problema si el niño no estuviera carente. Como el niño está carente se traga las palabras de su padre sin masticar buscando el fin último, el cual siempre es la aceptación. ¿Qué podemos decir de la calidad de estas ideas si también durante siglos el hombre para ser aceptado tuvo que competir, negar su sensibilidad, ocultar sus emociones, dedicarse a actividades que nada tenían que ver con su esencia, endurecerse perdiendo la ternura, imponerse sobre los demás o explotarlos, conformarse con el seudoplacer de las compensaciones, negarse a sí mismo para encajar en los moldes sociales? El hombre aceptó también su frustración aunque intenta mantenerla anestesiada con poder y con lo que el dinero compra.
Con frecuencia el niño recibe dobles mensajes: por un lado una admonición como “los hombres no lloran” o “si no sabes comportarte a nadie le vas a gustar” y por otro una carga emocional intensa como rabia que sugiere un subtexto, por ejemplo “cuando lloras te odio”. Inicialmente el niño percibe ambas, admonición, emoción y subtexto, sólo que cuanto más carente está más le afecta, más le duele y poco a poco va apagando su extraordinaria percepción para no sufrir con sus percepciones más sutiles. Lo mismo ocurre con las mentiras que sus padres le cuentan, en muchos casos el niño se percata de que le están mintiendo y eso le hace tanto daño que acaba optando por creerse la mentira.
El niño niega sus propias percepciones y prefiere creerse las disculpas que sus padres le dan: “es por tu bien”, “más me duele a mí castigarte”, así el niño va deformando su visión de la realidad, no da más valor a lo que ve, a su propia experiencia, a su propia verdad, a su intuición, deja de percibir los subtextos y se traga todo lo que le cuentan no sólo sus padres, sino los curas, los profesores, la propaganda, la tele. Su mente trabaja superficialmente ya desconectada de emociones e instintos, le pasa desapercibido el fondo de las cosas. Deja de sufrir o indignarse con las injusticias y los atropellos, deja de cuestionar lo que ve, va abandonando sus ideales. Si no cambia será un ciudadano incapaz de cribar la información; los anuncios o las promesas de los políticos tendrán la misma credibilidad que lo que ve con sus propios ojos o un informe de la ONU y probablemente no tendrá criterio propio.
Resumiendo, podemos decir que mediante el trabajo de La Emperatriz y de El Emperador, El Loco debilitó su yo hasta el punto de perder su espontaneidad y se quedó con miedo de tomar iniciativas y expresar ideas propias. Ya no cree más en sí mismo, piensa que no merece amor, perdió su entusiasmo y su capacidad de maravillarse con la vida y trabó sus instintos. Se transformó en un frustrado, en un mendigo de atención, en un pequeño monstruo incapaz de entregarse y amar. Puede intentar ocultar todos estos rasgos con cualquier disfraz, sin saber que todo lo que esconde continúa trabajando internamente, manipulándolo hasta límites insospechados.
Son cuatro los factores principales que posibilitan esta siniestra transformación:
• La sensibilidad, apertura y entrega amorosa del niño.
- La necesidad de amor y aprobación que tiene.
- La superioridad física de los padres.
- La dependencia material del niño.
Podemos observar unos cambios interesantes en la programación infantil de unas décadas para acá. Cuando la mujer deja los cuidados de la casa, marido e hijos como principal prioridad para lanzarse al mercado de trabajo, con lo que inicia un proceso de independencia económica, intelectual y sexual; cuando las jóvenes priorizan sus estudios (y hoy son mayoría en la mayoría de las facultades) y profesiones a casarse y tener hijos, las mujeres están colocando la primera piedra de la Nueva Era.
Antes de ese salto la madre estaba mucho más presente en casa y en general el padre también. La educación era más represora, los padres se creían de verdad que sabían y debían criar a sus hijos como ellos mismos fueron criados, generalmente por padres todavía más autoritarios. La residencia familiar pertenecía a los padres y se hacía lo que los padres querían y si alguien no estaba feliz pues allí estaba la puerta. Los hijos tenían miedo de sus padres, en general de su padre, y a esto se le llamaba respeto. Los hijos querían independizarse lo antes posible para salir de casa y tener su propio espacio y libertad. La familia compartía más tiempo juntos especialmente cuando no había televisión, los hijos podían sentir en algunos momentos mucha rabia de sus padres pero al mismo tiempo veían que éstos estaban disponibles para conversar, hacer cosas juntos, es decir eran vistos, atendidos, orientados, cuidados aunque también reprimidos o castigados.
En la sociedad actual los padres casi no están en casa, el ganar dinero ocupa casi todo el día, los padres llegan estresados y cansados cada noche. Los niños pasaron todo el día en la escuela y en otras actividades organizadas y llegan a casa igualmente cansados. Sin embargo, pasan más tiempo en casa que sus padres y van apoderándose de algunos espacios mientras sus padres están fuera, por ejemplo sus cuartos. Los padres tienen poquísimo tiempo para sus hijos que se sienten abandonados y ocupan el tiempo libre con la televisión, los videojuegos y otros artefactos que estimulan el consumismo y la violencia. Los padres que optaron por dedicar su tiempo a ganar dinero, desconocen a sus hijos y se sienten culpables por no darles más atención, de manera que les compran todos los caprichos y no les ponen límites. Los hijos se sienten abandonados y van acumulando rencor, dolor y carencia. Como no pueden tener lo que en el fondo quieren, que es el amor, la presencia y la atención de sus padres, se transforman en verdaderos tiranos que exigen cosas y más cosas, creyéndose que tienen todos los derechos y ninguna obligación. Como en casa tienen todas las comodidades e incluso libertad pues los padres casi no están para reprimirlos, se aferran al hogar familiar con uñas y dientes antes de enfrentar los peligros de la independencia allá afuera.
Continuando con nuestra secuencia, El Loco va a encontrarse con El Hierofante, el Arcano V, que trae las doctrinas con las cuales la sociedad da el toque final a la falsa personalidad que el niño fue obligado a adquirir. El Hierofante es el poder ideológico, los fundamentos religiosos, filosóficos o “científicos” que ayudan a sustentar el poder económico, el sistema, El Emperador.
Imagen carta El Hierofante
El Hierofante bendice los ejércitos de jóvenes que el viejo Emperador manda a la muerte. Hace no mucho tiempo el Hierofante de Occidente residía en el Vaticano. Hoy son los medios de comunicación, el cuarto poder que fabrica la información y la seudocultura masificada y masificante, anticreativa e idiotizante, que acabando con la sabiduría popular, impone sistemas de valores ajenos a cada pueblo. “Valores” especialmente decadentes, creencias pasteurizadas, destiladas en las agencias de inteligencia internacional a partir de crudos judeo-cristianos.
El niño y el adolescente privados de sus referentes internos caen en las garras de estos comerciantes de sueños. Para llenar su vacío de identidad, los jóvenes buscan alguna cosa, algo para “ser alguien”, pero sólo encuentran lo que está disponible en el mercado. Así, comienzan a consumir basura, harapos con los cuales intentan reconstruir su autoimagen, más simple o más sofisticada, más alternativa o neoliberal, más Milán o más Nueva York, más barata o más cara, aunque siempre falsa y cuya representación nunca da gratificaciones profundas y duraderas. Por otro lado, los criterios de selección de harapos ya fueron sugeridos por los padres. El niño y el adolescente pueden aceptarlos o, igualmente desligados de sí mismos, pueden buscar los opuestos en una rebelión de fuerte carácter autodestructivo. Así, el Ser verdadero va quedándose preso.
Para encubrir esta terrible sensación de miedo, debilidad, mediocridad, frustración y falta de amor, el joven se viste de orgulloso, de especial, de invulnerable, de héroe, de mártir, de sabio,... Ya está listo para ocupar un puesto en la sociedad, para ser un militar, un abogado, un político, un cura, un juez, un bandido, un intelectual, un miembro de tal o cual partido, un don nadie o un fulano de tal, un número, un conjunto de rótulos... Ya está civilizado, es una oveja en el rebaño de los sin propia voluntad, sin emociones a la vista, sin criterios propios, sin un cuerpo propio, ya que hasta su estructura corporal fue viciada con múltiplas tensiones.
En el Tao Te King está escrito: “El Ser y el No Ser se engendran mutuamente”, esto indica no sólo que toda cualidad contiene a su opuesto en mayor o menor grado, sino también muestra que cuando intensificamos un aspecto de la realidad estamos en verdad, fortaleciendo su opuesto. En otras palabras, cuando empujamos el péndulo hacia la derecha estamos creando una fuerza que lo llevará inexorablemente a la izquierda. Aplicando esta ley a nuestro asunto, podemos concluir que cuanto mayor es la programación también mayor es la necesidad de rescate del Ser verdadero. El punto de mayor robotización puede ser el inicio de la liberación.
En palabras del Osho: “La confusión es una gran oportunidad. El problema con las personas que no están confusas es grande. Si usted está realmente confuso, usted está bendecido. Ahora, alguna cosa es posible: usted está en el umbral”. Cuando aceptamos nuestra ignorancia, cuando la mente se rinde y dice: “Desisto de tener una explicación para todo”, estamos dando el primer paso para la verdadera sabiduría.
Cuanto más programados estamos, menos energía disponible tenemos, ya que la estamos utilizando para bloquearnos, de manera que menor será el flujo vital y, por tanto será menor también el placer y la alegría que seremos capaces de sentir. La programación es una amenaza para las fuerzas de la vida. Cuanto mayores son el bloqueo y la confusión, también será mayor nuestra necesidad vital de encontrar una salida y por tanto la posibilidad de encontrarla será también mayor. Preguntados los siete sabios de Grecia al respecto de cuál es la fuerza mayor, la respuesta fue unánime: “la necesidad”.
Podemos decir que cuanto más alienante es el status quo, más luminosas son las centellas de belleza y conciencia que atravesando todas las barreras y policías del pensamiento, nos ayudan a mantenernos vivos y vibrantes. Los poetas, músicos y artistas en general, con su lenguaje sutil, consiguen tocar nuestras fibras sensibles, favoreciendo nuestro contacto interno y ayudándonos a sentir placer.
Una de estas luces es la carta del jefe indio Seatle al presidente de Estados Unidos cuando, en 1854, el gobierno pretendía comprar el territorio de la tribu. Veamos un extracto.
“¿Como pueden comprar o vender el cielo, el calor o la tierra? Si poseyéramos la frescura de las aguas y la fragancia del aire, ¿de qué manera podría usted comprarlas?
Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. Cada aguja de pino, cada río murmurante, cada bruma en los bosques, cada claro, cada zumbido de insecto es sagrado en los recuerdos y en las vivencias de mi pueblo. Nosotros somos una parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el ciervo, el caballo y la gran águila son nuestros hermanos. Las rocas escarpadas, el aroma de las praderas, el ímpetu de nuestros caballos y todos los hombres son de la misma familia.
Si nosotros vendemos nuestra tierra, ustedes deben recordar y enseñar a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos y también suyos y deben dar a los ríos la ternura que muestran para un hermano.
Pensaremos, por lo tanto, en su oferta de comprar nuestras tierras, pero si nos decidimos a aceptarla, yo pondré una condición: el blanco deberá tratar a los animales salvajes como hermanos. Y enseñen también a sus hijos lo que enseñamos a los nuestros: “que la tierra es nuestra madre”. Díganles que la respeten, pues todo lo que sucede a la tierra les sucederá también a los hijos de la tierra”.
Grande es el poder de la belleza. El poder de la verdad es mayor, pero es necesario algo todavía más poderoso para poder abrir una grieta en la siniestra armadura de la falsa personalidad. Si la programación fue grabada a sangre y fuego (amenazas, castigos, críticas, culpa, abandono, rechazo, etc.) será necesario algo que toque nuestra sangre (emociones) y nuestro fuego (instintos), para que algo suceda. La pasión, donde el amor y el deseo instintivo se juntan, es el mejor abrelatas. No es, pues, una sorpresa que la próxima carta de la secuencia sea Los Amantes, Arcano VI. Cuando El Loco se enamora, no sólo comienza a ver el mundo de otro modo, sino que empieza a verse a sí mismo con otros ojos. El hecho de que exista alguien que lo ame tal como él es, que lo escuche con atención, que no le exija un determinado tipo de conducta, hace que El Loco aumente su autoestima, comience de nuevo a gustarse, a creer en él, en sus ideas, en su amor y amplíe los límites a los cuales la programación lo tenía reducido.
Enamorado, encuentra el coraje necesario para luchar por lo que quiere, va abriéndose, se quita la corbata o el sostén psíquico y se entrega al amor y a la pasión. Cuando está amando puede ser total aquí y ahora. Siente que está siendo auténtico consigo mismo, puede deleitarse con los momentos felices e incluso puede trascender. Puede llegar a sentir que no está amando solamente a una persona, a veces su amor va más allá de su amante. El Loco se sorprende amando la puesta del sol, los hijos del vecino le parecen adorables, surge un sentimiento de fraternidad con el cartero, etc. En algún momento puede sentirse unido en amor a todo el universo. Esta sensación de éxtasis lo lleva a sentirse también conectado consigo mismo y eso lo deja lleno de gratitud.
Se pregunta: ¿Este estado de placer que estoy viviendo procede de mi relación amorosa y sexual o es la expresión de algo muy mío, que siempre estuvo aquí dentro y que puedo vivenciar siempre que lo desee? Ahí viene el dilema: intentar dar continuidad a este momento, donde la espontaneidad y la pasión llevan a la felicidad, asumiendo el derecho de seguir los impulsos más íntimos, o continuar la rutina mecánica, esclavizante, mezquina y sin placer. Esta elección entre ser él mismo o continuar siendo esclavo de la programación es el momento de conciencia de Los Amantes. Esta alternativa liberadora es algo muy peligroso para el sistema, que se mantiene mientras tenga esclavos para alimentarlo. En verdad, lo más peligroso para el sistema es el amor, especialmente cuando llega acompañado de una sexualidad libre y consciente. Por eso, la verdadera liberación sexual fue siempre reprimida por cualquier tipo de poder.
Así, la sociedad patriarcal, de los griegos hasta nuestros días, considera el amor como “una enfermedad que debilita a los hombres [no a las mujeres] minándoles la inteligencia, quebrando la fuerza de voluntad, tornándolos despreciables y dignos de lástima”. (Ovidio 43 a.C. -17 d.C.)
No es por casualidad que, estando en el poder personajes tan reaccionarios como Reagan, Tatcher y Juan Pablo II, el sida se haya transformado en una seria amenaza para la humanidad, imponiendo una conducta más puritana y llevando a muchas personas a volver a la seguridad de la familia tradicional que, cuestionada hace siglos, se ve así reforzada, como columna y célula básica del sistema. Los Amantes llevan a El Loco a una opción fundamental: tener que escoger entre dos caminos. Por un lado el riesgo de lo desconocido, de la entrega al amor, de la espontaneidad, de ser rechazado y de sentir placer; por otro lado lo que es conocido: las rutinas, el autocontrol, el miedo a cambiar, la seguridad, los viejos patrones de conducta. Cambiar significa abandonar un esquema de vida, de autoimposiciones, que por otro lado dan seguridad y protección. Cambiar significa hacer las maletas para un viaje del que tanto el itinerario como el destino no están muy claros. Interiormente El Loco sabe que debe abandonar lo que no le satisface más y siente el impulso de enfrentar lo desconocido. Para eso se sube a El Carro, Arcano VII de la secuencia.
Imagen carta El Carro
Todavía no realizó su potencial ni consigue ser espontáneo todo el tiempo; no sabe muy bien qué dirección tomar, sólo quiere hacer permanente un estado de plenitud y placer que conoció. Como los caballeros del rey Arturo, sale a buscar el Grial sin saber que está dentro de sí mismo. Dejará las comodidades de Camelot, abandonará los apegos y ordenes externos, para lanzarse a la aventura de descubrirse, aunque continúe cargando su armadura de miedos, bloqueos y mecanismos de defensa.
En el momento en que El Loco abandona sus prisiones-protecciones externas, sus rutinas más sofocantes y se lanza a la vida, inevitablemente se produce un ajuste interno y externo que favorece la continuidad de su evolución. Este ajuste no era posible antes porque las rutinas y hábitos de conducta lo dejaban impermeable al vaivén de las fuerzas de la existencia. Sin embargo ahora que está más abierto y disponible el ajuste se produce, el Loco tiene un encuentro con su propio karma. Desde el inicio de su programación, El Loco comenzó a destruirse y a hacer que los demás sufran, especialmente si se trasformó en un individuo poderoso. Ahora, para alcanzar niveles superiores de conciencia y placer, para entrar en un nuevo ciclo de vida va a tener que reequilibrar su balanza kármica, va a tener que saldar sus cuentas, del mismo modo que un contumaz consumidor de alcohol, carnes y láctcos tendrá que someterse, algún día, a una dieta desintoxicante si quiere mejorar su salud. En este encuentro con el Arcano VIII, El Ajuste o La Justicia, en la mayoría de las barajas, El Loco limpia una buena parte de su pasado y así, puede firmar la paz consigo mismo y con el mundo para continuar su crecimiento más equilibrado y fluido.
Aquí no existe elección, El Ajuste actúa inexorablemente siguiendo la necesidad de equilibrar El Universo, para que éste no sea destruido lo no sustentable debe ser removido. Esta es una ley totalmente natural, por tras de la cual, no existe ninguna inteligencia trabajando. Es posible que para el caminante, los efectos inmediatos de este ajuste no sean agradables y probablemente éste va a salir muy tocado de este encuentro, sino profundamente desestructurado. Algunas de sus máscaras se van a caer, especialmente las que escondían su vulnerabilidad, entonces comprenderá que no puede continuar su camino, mientras no se conozca a si mismo. Para eso, El Loco entra en contacto con el Arcano IX: El Ermitaño.
Él dirige aquí su atención hacia dentro, es su primera interiorización voluntaria y consciente. El Loco comienza a estudiarse. Su enfoque es fundamentalmente analítico, utiliza los niveles inferiores de la mente para conocerse, para identificar sus miedos, bloqueos y patrones de conducta, tal vez para investigar en su infancia los orígenes de la negatividad que inhibe su evolución. Con este trabajo, va desvendando los estratos de su inconsciente, tomando contacto y asumiendo su verdadera voluntad, sus deseos prohibidos y tal vez “inconfesables”. Así, comienza a distinguir entre su Ser verdadero y el veneno que le fue inoculado. Movido por esta nueva conciencia, El Loco hace terapia, yoga, tai chi chuan, mejora su alimentación y ritmos de vida. Hace su mapa astrológico, consulta el tarot, estudia sus biorritmos, etc. Poco a poco va centrándose, su actitud puede ser nutritiva, lo que aprendió de si mismo y las técnicas que usó pueden ayudar a otras personas. Éste es un momento muy peligroso, ya que el Loco puede usar sus descubiertas para seguir adelante, transformando su vida, o dejar que su ego se apodere de ellas y, convirtiéndolas en doctrinas, comience a venderlas o a usarlas para darse autobombo. Esto representaría un retroceso hasta El Hierofante. Un hierofante tal vez más alternativo y modernito, pero siempre un loro vendedor de recetas.
El Loco, más centrado y consciente, deja su relativa soledad de anacoreta para volver al mundo, a la movida, es decir, al Arcano X: La Fortuna o La Rueda de la Fortuna. Él, que perteneció a este mundo competitivo y agresivo, compulsivo e idiotizador, degradado y degradante –que en el budismo tibetano se conoce como la rueda del samsara, la inercia de la inconciencia que ciegamente nos arrastra al fondo del pozo del sufrimiento– hoy es capaz de verlo desde fuera. Ya no se deja hipnotizar con las banderas gloriosas, con la Copa del Mundo, con las “maravillas” de la tecnología ni con el concurso de Miss Universo. Ya no muerde en anzuelo, ve la locura autodestructiva de los humanos. Ve los esclavos esclavizados manteniendo en el poder a los esclavos esclavizantes. Éstas y otras percepciones reafirman su individualidad y su centro. El Loco percibe que puede vivir en el mundo sin ser su esclavo y, que cada situación que la Existencia le manda, puede ser aprovechada como una oportunidad para, no solo aprender, mas para pulir su expresión más auténtica y verdadera. Viviendo la energía de La Rueda de la Fortuna, El Loco comenzará a ver cuan maravilloso y único él es. Se descubrirá como un ser bonito, sensual, lleno de vida, potenciales y méritos.
Valorará más su equilibrio interno, empezará a respetarse y considerarse, a gustarle su cuerpo y su sexualidad. Es decir, el Loco comenzará a amarse entrando en el estado de conciencia del Arcano XI, tradicionalmente llamado La Fuerza, rebautizado por Crowley como Lust. Éste es un estado de integración en que El Loco recupera su entusiasmo, brillo, alegría y fuerza. El Loco dice aquí: “yo me amo y me gusto”. Sin este reconocimiento amoroso de si mismo, difícilmente podría enfrentar las pruebas que se avecinan y alcanzar el “yo te amo y me gustas”.
Este amor que siente por sí mismo transborda de la copa de su corazón. Llevándole a integrarse amorosamente con el Universo, del cual comienza a sentirse una parte integrante. En El Colgado, Arcano XII, El Loco se entrega de corazón abierto a la Existencia. Puede ser un apóstol capaz de universalizar sus sentimientos de amor y éxtasis y ver al prójimo como su hermano. Aquí deja de buscar, pues descubre que hacerlo es enfocarse en el futuro perdiendo el presente. Y la vida y la realidad suceden en el presente.
En Los Amantes El Loco se enamoró de una persona, que lo llevó a sentirse feliz. Aunque esta felicidad haya sido momentánea, le indujo a tomar decisiones que lo llevaron a liberarse de una parte de la programación y a cambiar su vida. Aquí, la pasión por él mismo es la que le da la fuerza y el coraje para estacionar la mente y entregarse a la vida. Así, alcanzará el ápice de su auto transformación en la próxima carta: La Muerte, Arcano XIII. Comprobamos una vez más que el amor es la fuerza transformadora por excelencia, la energía que lleva a la evolución del universo, de la sociedad y del ser humano. La ausencia de amor nos esclaviza. Su presencia nos libera y cuando fluye abundantemente alcanzamos el éxtasis.
En el Arcano XIII, El Loco vive la muerte de su robot, miedoso y repetidor de doctrinas. Sus defensas comienzan a quebrarse, y por las grietas aparece la esencia del Ser divino que todos somos. ¡El camino de recuperación de su ser está abierto! El Loco, irradiando amor, abre la tapa de la botella-programa, liberando las primeras burbujas de su fragancia más íntima. Esta liberación, a pesar de que puede ser algo repentino, en verdad, es el fruto de todo un proceso –no sin esfuerzo y muchas veces doloroso– que comenzó en los Amantes y exigió un confronto sin concesiones con la programación infantil.
En estos momentos, la esencia del ser inspira las manifestaciones de El Loco. Su naturaleza más auténtica está fluyendo y tomando forma y expresiones concretas. Ésta es la fase de conciencia que llamamos Arte en el tarot de Crowley, Arcano XIV, o Templanza en otros barajas, pues todo lo que fluye como una expresión de la esencia del ser es, sin duda, arte. El caminar se transforma en una danza, la palabra en poesía, el silencio en meditación. Cada gesto está impregnado de la divina belleza que la esencia tiene.
Ésta es la segunda iniciación de El Loco. Aquí él ya puede hacer, ya puede realizar a partir de su centro. Hacer es la expresión del propio cambio. No nos sirve de mucho pensar, decir o sentir si no hacemos nada.
El hacer nos lleva a nuevas transformaciones, a nuevos desafíos, especialmente cuando este hacer tiene la cualidad del no hacer, procedente de una profunda calma interior, libre de expectativas y conectada con los ritmos cósmicos. El Loco, transformado por el amor y la praxis, continúa el camino del rescate de la totalidad de su propio ser y su realización personal. Comienza por sus instintos, representados por el Arcano XV: El Demonio. Aquí el desafío de El Loco es permitir que éstos se expresen espontáneamente, que desabrochen y vuelvan a ser las raíces de su fuerza vital. Los instintos fueron, durante siglos y también en la actualidad de forma más sutil, negados, reprimidos o sublimados, rodeados de tabúes, considerados fuente de dolor y enfermedades, exiliados a las más profundas mazmorras del inconsciente, para después ser manipulados y usados por la propaganda y los medios de comunicación en beneficio del sistema. Este rescate libera tanta energía que permite remover viejas prisiones, externas e internas con las que el Loco continuaba identificándose. Aquí, en el paso por La Torre, Arcano XVI, éstas son destruidas y su vitalidad es tal, que ya no necesitará de este tipo de protección. En La Estrella, Arcano XVII, El Loco recuperará su mente y se sintonizará con las energías cósmicas. Percibirá la falsedad de toda una gama de creencias, definiciones, prejuicios y argumentos, dejando su intelecto receptivo, despierto, realista e intuitivo. El Loco se transforma en un agente de las fuerzas evolutivas y aprende a interpretar las señales que la existencia le envía y se sintoniza con ella. A partir de aquí, estará con la fuerza y lucidez suficientes para encarar y resolver el lado más siniestro de su sombra, para rescatar en profundidad su cuerpo emocional, en su encuentro con La Luna, Arcano XVIII. Eso significa enfrentar los miedos más terribles y las peores amenazas que, en sus primeros siete años de vida, bloquearon su corazón. Tomará conciencia de lo que realmente fue su infancia y trabajará para desenmascarar los mecanismos que apagan su conciencia, esclavizándolo e impidiéndolo de expresar espontáneamente sus sentimientos. Confiando en sí mismo, no dejará que los fantasmas aullantes de La Luna consigan hechizarlo y los transformará en polvo del camino. Del otro lado, encontrará las emociones más puras, auténticas y profundas, su ternura y sensibilidad más sutil. Sumergiéndose en lo más profundo de las tinieblas, El Loco alcanza la luz: El Sol, Arcano XIX. Es su sol interno, su llama divina, su ser espiritual. Aquí El Loco resplandece, pues tomó contacto con la eternidad, consiguió atravesar todos los velos que escondían el Ser de Luz que siempre fue y será. Aquí El Loco dice: “Yo soy un Ser divino, soy la Divinidad”. En El Eón o El Juicio, El Loco vive la reintegración de sus partes recién rescatadas. Instintos, intelecto, emociones y espíritu se funden en un nuevo ser. Este proceso de naturaleza alquímica significa un gran salto cualitativo de conciencia, comparable a un renacimiento. Aparece aquí el nuevo hombre, la nueva mujer, completo(a) y perfecto(a), libre de todas las trabas, divino(a), dispuesto(a) a vivir un tiempo nuevo, una nueva era. En El Universo, Arcano XXI, El Loco culmina su tarea, realiza sus potencialidades, va hasta las últimas síntesis, concretizaciones y consecuencias. Esto implica una trascendencia. El Loco alcanza un nuevo ciclo en la espiral de la evolución. Entonces sólo queda celebrar, libre y feliz, el éxtasis de la danza de la vida.
Ver El cuerpo traicionado, de Alexander Lowen
Leer La revolución sexual, de W. Reich
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