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NOVIEMBRE 2009

 

 

 

El llamado de Sai Baba

Luis Muñiz


La razón de que estemos aquí en vez de estar en casa con la familia o viendo la tv, es porque tenemos un interés verdadero en la vida espiritual. Esto es un hecho. Ahora bien, ¿qué es la vida espiritual? En resumen, la vida espiritual es todo aquello que está relacionado con Dios o la Realidad última. De tal modo que la meta principal de todos nosotros, estemos concientes de ello o no, es lograr la liberación, llegar a saber quiénes somos, conocer nuestra verdadera identidad, la Realidad suprema. Mientras no sepa bien, a ciencia cierta, quién soy yo, no voy a poder estar tranquilo o en paz.
Para ello, lo primero que debo hacer es reflexionar sobre la situación en que me encuentro, porque la vida que poseo se me está escapando de las manos como si un trozo de hielo bajo el sol. Me doy cuenta de que mi vida en cualquier momento puede desaparecer. Es verdad que conozco a Sai Baba o Swami como se le llama en forma más cercana y lo considero mi guía, mi maestro o hasta pienso en él como en Dios mismo. Él me cuida y protege, etcétera. Se puede decir que no necesito nada más; pero, ¿qué tanto he avanzado en mi meta espiritual, qué tanto he aprovechado esta relación que tengo con Swami?
¿Cómo sé que Swami me puede guiar? Lo sé porque él no habla de oídas o de lo que ha leído. Él habla y enseña desde su experiencia directa. Por eso él dice: “Tengan un poco de fe en mí, sólo un poquito de fe; tan sólo la fe suficiente para hacer lo que les digo; entonces ustedes sabrán por sí mismos, no sólo de oídas”.
La gran diferencia entre el hombre de éxito y el que no lo tiene consiste en que el primero no duda en aprovechar las oportunidades que se le presentan en la vida, aunque tenga que afrontar riesgos y dificultades y el segundo, en cambio, no las aprovecha ya sea por miedo,
inercia o rutina. Por ejemplo, en un juego de futbol, el equipo que aprovecha las oportunidades de gol es el que gana, en cambio, el equipo que pierde quizá haya jugado mejor y tenido mayores oportunidades de gol, pero no las aprovechó.
A menudo Swami nos dice: “Despierta, levántate y no te detengas hasta llegar a la meta”. Puede ser que éste sea el primer llamado para algunos de nosotros, la primera llamada, para otros quizás ya sea la segunda y para otros más como yo que ya le queda poco hielo por derretir es la tercera llamada. Es decir, Swami nos está llamando. ¿Para qué lo hace? pues, para que aprovechemos su estancia en la tierra, la oportunidad que tenemos de conocerlo y avanzar hacia la meta de la liberación. Porque la relación que tenemos con él no es una relación humana común y corriente.
Es, nada más y nada menos, la relación que tenemos con la Divinidad. No existe ninguna otra relación con la cual la podamos comparar.
"He venido a darles la llave del tesoro de la Bienaventuranza, a decirles como aprovechar ese manantial, porque ustedes han olvidado el camino que conduce a ella. Muy pocos de ustedes desean de mí lo que he venido a darles, la liberación misma. Yo soy la encarnación de la Bienaventuranza. Vengan, obténganla de mí, moren en ella y tengan paz".
En el nivel en que me encuentro tengo la creencia de ser un individuo humano limitado e inerme ante el destino o ante las circunstancias que me presenta la vida. Y, ¿qué es lo que Swami me puede enseñar para avanzar desde este nivel en que me encuentro?
Swami me puede enseñar a saber en forma directa sin necesidad de preguntarle a nadie que yo soy divino. Con su guía y enseñanzas puedo llegar a realizar que sólo Dios existe, alrededor y dentro de mí y que él es la Realidad Eterna. Llego a tomar conciencia con bastante claridad de que el cuerpo y la mente aparecen y desaparecen, por lo tanto, dejan de ser y que la única realidad es Dios.
"Cultiven la cercanía conmigo en el corazón y serán recompensados. Entonces ustedes también adquirirán una fracción del amor supremo. Ésta es la gran oportunidad, la cual no se les volverá a presentar; tengan conciencia de esto. Si no pueden, si no cruzan el mar de aflicción ahora valiéndose de esta oportunidad, ¿cuándo podrán tenerla de nuevo? Libérense de dudas e ilusiones sin sentido, libérense de deseos bajos y los llevaré conmigo".
La importancia de aprovechar esta oportunidad de conocer a Swami, tiene que ver con su carácter o naturaleza de avatar. Alguien lo comparó así:
Cuando el avatar desciende, las puertas del cielo se abren y miles de devotos pueden entrar con cierta facilidad; pero cuando el avatar deja su cuerpo físico, las puertas del cielo se cierran y entrar al cielo se vuelve de nuevo difícil, casi imposible (para las personas nuevas que no lo saben, Swami es considerado un avatar).
Decía que, al reflexionar sobre mi vida, me doy cuenta de mis limitaciones, de que mi posición en la vida no es muy buena que digamos, más bien es muy precaria; porque, en realidad, no sé gran cosa de mí mismo, no sé quién soy, ni adónde voy o qué va a ser de mí cuando muera y algo muy curioso, tampoco estoy muy interesado en saberlo (lo cual es el verdadero problema).
Me parezco a esos presos que ya se acostumbraron a vivir en la prisión y hasta la consideran como su hogar y entonces, no hacen esfuerzos por de salir de ella, prefieren seguir en la cárcel. Así también, yo estoy "feliz" en este mundo que me tocó vivir; sin importarme que la mayor parte del tiempo la pase bajo tensión y sufrimiento. A toda costa quiero continuar aquí. El reconocer las limitaciones que tengo es lo que me va a impulsar a tomar en serio los consejos y enseñanzas de Swami.
Con ello se va a producir un cambio dentro de mí; de ser un simpatizante pasivo que no se compromete y prefiere su vida cómoda y rutinaria, me voy a volver un devoto o discípulo activo, dispuesto a disciplinarme. En ese momento es cuando estoy listo para seguir la guía y acatar las órdenes de mi maestro; sólo entonces me vuelvo un verdadero devoto Sai. A esto se refiere Swami cuando dice “No quiero que me quieran sino que me necesiten” o, también dice: “No me interesa que sean devotos de mi persona, sino de mis enseñanzas”.
En esta etapa se unen las tres energías: de la cabeza, del corazón y de las manos. Las tres energías unidas en una sola (física, mental y espiritual). Con el intelecto reflexiono y me doy cuenta del estado en que vivo; el corazón y los sentimientos los dirijo hacia el desarrollo de la compasión hacia los demás y con las manos convierto en obras de servicio esos sentimientos de compasión.
Si logro armonizar estos tres aspectos de la energía y los canalizo en una sola, estaré logrando la intensidad que se requiere en la búsqueda espiritual. Porque, según Swami, el primer obstáculo en el avance espiritual se debe a la falta de intensidad. La intensidad para seguir con el mismo entusiasmo hacia Sai sin importar los altibajos de la vida, ya sean problemas familiares, del trabajo o adversidades mayores. Esta intensidad tarde o temprano hará que se produzca la transformación, como al cocer algo en la olla express y al ponerla bajo un fuego alto y constante tarde o temprano explota.
Así, para aprovechar mi relación con Swami debo como primer paso llegar a tenerle plena confianza, el segundo paso es llegar a considerarlo como mi Dios personal. ¡Claro!, también puedo escoger a alguien más como mi Dios personal, ya sea Jesús o alguna otra forma de Dios. Swami dice que cualquier otra forma de Dios de las que han existido ahora están en él o son él.
Ekalavya, un joven príncipe nishada, aspiraba a estudiar arquería con Dronacharya, maestro de los príncipes Pandavas y Kauravas. Dronacharya lo rechazó por ser de casta inferior. Aún así, Ekalavya no se desanimó; él mismo se impuso un programa de entrenamiento que practicaba ante una imagen de barro de Drona que había construido. Su amor por la arquería y su amor por su gurú hicieron que sólo pensara en la arquería hasta volverse un maestro en ella. Llegó a adquirir una maestría en el arco similar a la de Arjuna, el discípulo favorito de Drona. Al enterarse de su destreza, Drona y Arjuna lo visitaron en el bosque. Instigado por el celoso Arjuna, Drona le pidió a Ekalavya como su ofrenda al gurú su dedo pulgar. Ekalavya, sin pensarlo, se cortó el dedo y se lo dio a su maestro.
La historia es un ejemplo de entrega al gurú, a quien llega a considerarse como Dios personal. El Dios personal es necesario porque uno no puede amar algo abstracto difícil de concebir. En cambio, si puedo amar a alguien que pueda ver o estar con él.
El siguiente paso es la meditación, pero no sólo media hora por la mañana y media hora por la noche sino durante todo el día. Esto viene a ser la práctica de la omnipresencia divina. Esta práctica puede ser desde muy sencilla hasta muy sutil. Por ejemplo, si acepto que Swami es mi Dios personal, también acepto que él es omnipresente, y, entonces puedo visualizarlo al lado mío en cualquier lugar en donde yo esté, a donde yo vaya, la casa, la oficina, la calle, etcétera.
Cuando tenga que concentrarme en mi trabajo o hacer algo complicado, dejo de visualizar a mi Dios personal y la absorción en el trabajo, dice Swami, es equivalente a estar con Dios. Una forma sutil de la misma práctica es cuando sin tener que visualizar la forma del Dios personal, simplemente todo el tiempo estoy conciente de la omnipresencia divina.
Por medio de esta práctica, con la mente inmersa en Dios, en forma implícita estoy separándome del cuerpo y de la mente a la vez que estoy reconociendo ser el Atma, lo Absoluto. Así, poco a poco se va disipando la idea de estar separado de la Divinidad. Éste es el camino corto hacia Dios. Estar conciente de Dios y mantenerlo en la mente en todo momento. Entonces, la ilusión de ser sólo una persona humana desaparece.
En resumen, al conocer a Sai Baba, todos nosotros tenemos esta gran oportunidad de avanzar en la vida, en lo trascendental o espiritual. Es una oportunidad que hay que aprovechar.
"No caminen delante de mí; puede ser que no los siga. No caminen detrás de mí; pueden perder mi guía. Caminen a mi lado y sean mis amigos". El significado de esto es: ustedes y yo somos uno. Lleven consigo siempre lo divino, a dondequiera que vayan. Ésa es la verdadera señal del aspirante espiritual. “Despierta, levántate y no te detengas hasta llegar a la meta”, se dice. Pero no es necesario ir caminando hacia la meta, no es un lugar determinado a donde hay que ir. Es sólo abrir los ojos, descorrer el velo, despertar del sueño, encender la lámpara del conocimiento.

 


 

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