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NOVIEMBRE 2008

 

 

Isaac Tigrett: entre los negocios y la espiritualidad


Entrevista por Carmen Lara Carrero
El fundador de los cafés musicales más famosos del siglo XX comenzó desde muy joven su vertiginosa carrera de éxito empresarial y su devoción a Sathya Sai Baba, convirtiendo en oro todo lo que tocaba. Luego de la muerte de su esposa, su entrega espiritual lo salvó del fracaso y el suicidio.
Cuando se ha sido creador de una cadena de restaurantes tan famosa como Hard Rock Cafe y ha llegado a la cima del mundo de los negocios con establecimientos de tanta originalidad y fama como House of Blues en Estados Unidos, puede pensarse que ya se ha arribado a una meta, a una suerte de destino. Isaac Tigrett, un hombre cuya infancia se desarrolló en un hogar disfuncional y lleno de violencia, y que a los 22 años, como en un salto al vacío, funda con un socio Hard Rock Cafe, pasó de ser un joven extremadamente tímido a uno de los personajes más exitosos en ese tipo de negocios. Si a ello se le suma que durante ese mismo periodo de su vida su inquieta naturaleza lo llevó a una incesante búsqueda espiritual iniciada desde su niñez cuando escuchaba voces que le decían “te estoy esperando”, se está frente a un ser humano multifacético, con gran sensibilidad social, lleno de una intensa vida interior que se esconde detrás de una estruendosa risa, una personalidad muy fuerte y una corpulenta estatura.

Isaac, ¿quién está detrás de esa persona famosa, excéntrica y sofisticada en la que te has convertido en el transcurso de tu vida?
Bhagavan Sri Sathya Sai Baba, a quien le tengo que dar crédito por haberme salvado la vida muchas veces. Yo empecé en los negocios dos años antes de conocer a Sai Baba. Desde pequeño empecé a escuchar voces que me daban mensajes y mis padres comenzaron a preocuparse, por lo cual me llevaron a psiquiatras y psicólogos. Los especialistas dijeron que no estaba loco. Entonces me pusieron como tutor al más famoso predicador de Estados Unidos, Norman Vincent Peale, un alma grande. Él me dijo que yo estaba experimentando fenómenos psíquicos y que debía canalizar mi espiritualidad. Fue así como comencé a buscar un guía, un gurú, para lo cual fui a más de veinte ashrams alrededor del mundo. En uno de esos viajes fui al ashram de Sai Baba en India. Yo vestía a la manera de los años sesenta y tenía el pelo largo, había escuchado antes de llegar allí una voz que me decía: “Al fin viniste, te estaba esperando. Somos viejos amigos. Espera aquí. Tenemos mucho que hacer”. Durante los siguientes 15 años seguí visitando, anualmente el ashram de Sai Baba, pero no volví a escuchar esa voz.

¿Cuando conociste a Baba te cambió la vida? Tengo entendido que eras muy bohemio…
No en ese momento. Yo me convertí en una rareza porque pasaba el tiempo y Sai Baba no me daba una entrevista, aunque en algunas ocasiones viajaba hasta cuatro veces al año a la India. Era costumbre que todos los devotos se desesperaran por tener una entrevista, por ver milagros, pero como él cortó esa posibilidad para mí durante quince años, lo único que me quedó, para estar cerca, fue leer sus libros, lo que me permitió no caer en ese grupo de personas que hacía turismo espiritual. Fue así como Baba fue cambiando mi perspectiva de la vida, me ayudó a entender que no había otra alternativa sino transformarme internamente y que estar a cargo de algo no significa tener poder sino una oportunidad de servir. Entonces debía ser un servidor de todo aquel que entrara a Hard Rock Cafe.

¿Seguiste consumiendo drogas y alcohol durante esos quince años?
Sí, y teniendo experiencias metafísicas como las de mi niñez, las cuales me enseñaron a conocer otras dinámicas. Veía a Baba como un maestro divino, que tenía tremendo poder porque me había salvado la vida varias veces. Una vez, sentado a mi lado en el carro, me salvó de un accidente terrible. Veinticinco años después, cuando estábamos construyendo en el sur de India un inmenso hospital, cuya atención sería completamente gratuita, en un encuentro que tuvimos con arquitectos, médicos y planeadores, Baba les dijo sorpresivamente: “Salvé la vida de Tigrett dos veces”. Contesté afirmativamente, y él agregó: “Y muchas otras también”. Todos reímos porque él se refería a todo ese periodo de mi vida durante el cual consumí alcohol y drogas.

Para muchos devotos de Baba, no fumar, no tomar y no comer carne son principios. ¿Qué opinas? ¿Se puede ser flexible?
Eso está bien porque es su camino. Yo he pasado por todo eso. He sido vegetariano durante veinte años, dejé de fumar y tomar por cinco años, y en un momento, alguna situación ocurrió y comencé a hacerlo de nuevo. Pero no hay duda de que como Swami está en todas partes, también está en la oscuridad. ¿Cómo vas a reconocer el bien si no reconoces el mal? En todo hay polaridad. Vivirla fue lo que me permitió traer el dinero para que se construyera el hospital de superespecialidades y que todo el que entrara a Hard Rock Cafe pudiera contemplar el rostro de Sai Baba y conocerlo. Por alguna razón él me puso en una situación donde pude tener tanta fama y ese estilo de vida. Yo le preguntaba a Swami por qué me estaba usando a mí para todo eso. Él me contestaba: “Porque eres obediente y conveniente”.

Es una buena paradoja. Es importante que la gente rompa paradigmas. La devoción a Baba no es rígida, sólo amor…
Por supuesto. Y es muy divertido. Yo soy todo lo contrario de lo que la gente cree que debe ser un buen devoto. A los quince años de estar yendo constantemente a la India, Baba me dijo que me estaba usando para despertar celos en otros, para quebrar el ego de algunas personas. Y a veces me ponía a mí mismo a prueba. Una vez, cuando estábamos construyendo el hospital de superespecialidades, me propuso poner en sus diferentes alas las imágenes sagradas de todas las religiones: Mahoma, Buda, Jesús, Krishna. De repente me dijo que quería poner mi foto en una de ellas. Yo le dije: “No, cómo va a ser, si esos son dioses”. Él me dijo: “Tú también lo eres”. En realidad, no lo hizo, pero fue una lección para mí. El gran problema de muchas personas parte de que creen que Dios está por allá y ellas por acá, que somos diferentes. Eso no es verdad. No hay dualidad. Lo que hay que reconocer es que el otro soy yo y que dentro de mí está Dios.

¿Es esa dualidad la causa del sufrimiento?
Es a través del sufrimiento que aprendemos. Todo lo que aprendí fue a través del error, de equivocarme, de la estupidez.

¿Y qué es un verdadero devoto?
El que cree en algo profundamente.

De los negocios a la entrega
¿Cuándo se dio el cambio más importante de tu vida?
Hace unos meses, cuando él se me reveló como Krishna. Es el cambio más dinámico que he tenido en mi vida. Estaba en un lugar que se conoce como la baranda, en el templo de Sai Baba, en Puttaparthi, y, de repente, tuve una revelación, me vi en el campo de batalla del Mahabarata, en la más famosa batalla de Arjuna. Entendí, entonces, por qué me había dicho que éramos viejos amigos, pero no imaginé que esto provenía de hace cinco mil años.

En tu página web anuncias que vas a abrir una cadena de restaurantes de B.B.Q.
Iba a empezar una, pero no prosperó. Los primeros veinte años de mi vida fueron un infierno
para mí; luego, con Hard Rock Cafe, empecé un período de veinticinco años durante el cual todo
lo que tocaba se convertía en oro. Hasta hace doce años, cuando mi esposa murió después de
diecinueve años de casados, que todo empezó a caerse: lo que tocaba se volvía cenizas. Para
ese momento tenía como negocio una cadena de centros de entretenimiento y comida en Los Angeles, Chicago, Nueva Orleáns y Boston, la cual Swami asesoró detalladamente. Cuando House of Blues iba a entrar en la bolsa, después de cuatro años de éxito, algunos de los compañeros del directorio conspiraron contra mí para sacarme, haciéndome perder todo lo que tenía. Nunca antes había sentido odio en mi vida ni envidia ni ira ni avaricia, pero esta situación me afectó fuertemente.

¿Qué pasó entonces?
Quería matar a esas personas por lo que habían hecho y no me importaba ni familia ni nada. Ese sentimiento de odio me dio mucho miedo. Me dije: “Esto debe ser odio, algo que nunca había sufrido” (ríe). Unos meses atrás me rendí y me dije: “Esto es ridículo, no puedo seguir así”. Estaba a punto de suicidarme, pues pensé que al menos de esa forma le quedarían a mi hija cinco millones de dólares. Pero inmediatamente agarré un avión y vine a ponerme a los pies de Sai Baba, hecho trizas. Cuando él me vio, me regañó y me dijo: “Fui yo quien hizo todo esto, ellos son tus maestros”.

De los negocios que has tenido, ¿cuál de todos transformó tu vida?
Todos en formas diferentes. El que tuvo más influencia fue Hard Rock Cafe. Desde que lo fundé mucha gente empezó a atacarme, pero, al mismo tiempo, el personal de mi empresa en todo el mundo se acostumbró a escucharme y a experimentar cambios positivos. Durante cinco años viajé por todo el globo y los reunía dos o tres veces cada semana. Les hablaba de la divinidad hasta el día que vendí la compañía. Adquirí mucha seguridad en mí mismo.
También House of Blues, por todo lo que acabo de contar. Ahora que puedo mirar atrás, me doy cuenta de que estos años fueron los que me permitieron estar donde estoy hoy. Sai me permitió vivir en estos últimos diez años duras experiencias, quizás con este propósito. Me ha dicho que soy un pedazo de hierro que se está convirtiendo en acero. Desde que llegué a la India, él me ha bañado de gracia con su presencia física y de múltiples personas que me manifiestan su amor. Me ha devuelto mi salud física y espiritual.

¿Y ahora cómo ves tu vida?
Llegué a un punto en el que me rendí. Solté todo. Yo pude pensar que ya sabía lo que significaba esta palabra, que me había rendido, pero no lo había hecho. En este viaje a la India finalmente he entendido lo que es la entrega. Él me pregunta: “¿Estás dispuesto a entregarme todo? ¿Hasta tus discursos? Tú eres un gran conversador”. Y es que le he hablado a tanta gente por tantos años, siempre esperando que él hablara a través de mí. Tengo tanta personalidad que debo aprender a depender de él. Estoy en proceso de entregarlo todo. Al tercer día de haber llegado entendí que mi vida es él. Fue allí que ocurrió la transición. No entiendes lo que es la entrega hasta que no llegas a ella. Yo ya terminé todo de mi vida pasada, cerré mis negocios, salí de mi dinero. Estaré en la India hasta que él quiera.

¿Te vas a dedicar al servicio?
Siempre lo he hecho. La diferencia es que ahora yo le pertenezco. Antes yo hacía todo lo que él me pedía, pero no le pertenecía.

 

 



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