Diálogo de sordos
La escisión de Magdalena o el artificio de un personaje
Ricardo Ortiz
Z.BC.: Creo que por no dejar, y porque el eterno femenino es tu obsesión, o porque los nombres y su relación con el destino y la personalidad te traen mareado, hoy hablarás de...
R.O.F.: O porque me asombra cómo la mente humana y la cultura son capaces de crear y preservar y difundir personajes o entidades a partir de datos que se convierten en la trama de verdaderas creaciones que alcanzan la categoría de lo “real”. Quizá también sea sólo porque lo prometí, el caso es que hoy quiero traer a tu atención un nombre que durante mucho años de mi vida he visto asignado a un personaje que nunca lo tuvo y recibe aún un sentido que por eso mismo no debía recibir. Me explico. Hace años era común que una mujer que se llamaba Magdalena te dijera que llevaba el nombre de la pecadora, no de una pecadora, sino de la pecadora. A veces agregaban que la pecadora ¡arrepentida! Por otro lado, el del arte, hay decenas de pinturas con títulos tan reveladores de esa idea como el de “La Magdalena penitente”... ¿De qué diablos, perdón, de qué demonios tenía que hacer penitencia la famosa María de Magdala, si su papel, narrado en los Evangelios, era de una seguidora miembro del círculo más próximo a Jesús. Su papel como tal es tan excelso que ciertas tradiciones ocultas la hacen el origen de una dinastía real europea que arranca con los hijos que concibió con el propio Jesucristo. Esa sangre real sería lo que se ha conocido como el grial, santo grial, san-gre-real...
Z.B.C.: Aunque según yo sé, te inclinas más por creer que es la propia María Magdalena la que encarna corporalmente el Grial, por el simbolismo de la copa a la cual se asimila el vientre femenino, pues la matriz guarda también un tesoro, como lo guardó la famosa copa que es como algunos interpretan el Santo Grial.
R.O.F.: Aunque te diré que también me parece sugestivo el papel de María Magdalena como el lado femenino de Jesús como divinidad, que por cierto sería un lado femenino un tanto más carnal, mundano, pues el otro lado femenino más sutil, espiritual o celestial, sería la otra María, su madre.
Pero te decía que se difundió una imagen de una pecadora llamada Magdalena, prostituta, pa' decirlo pronto, la cual endereza su camino a raíz de su encuentro con Jesús en una fiesta durante la cual lava los pies de Jesús con sus lágrimas y los seca con sus cabellos. Es Lucas el único evangelista que relata este episodio y él no dice que se llamara de ningún modo y menos que se hubiera arrepentido y abandonado aquel polémico oficio.
Z.B.C.: ¿Entonces?
R.O.F.: La costumbre popular de hacer leyendas, la imaginación desbordada de los artistas o esa cosa que se llama la tradición crsitiana y que en algunos casos goza de gran autoridad crearon el artificio de esa doble personalidad. A Jesús se le considera un radical, y en muchos casos lo es, y de esos algunos muy interesantes son aquellos en los que se lanzó contra costumbres de sus coterráneos con gran ferocidad crítica. El pensamiento anquilosado, el literalismo en la interpretación de la ley y las escrituras, la hipocresía, el puritanismo, según yo, etc., eran blanco favorito de sus actos y sus dichos. Es preciosa esa imagen de Jesús derrribando los puestos de los cambistas en el templo y azotándolas por haber profanado la casa de su Padre.
Z.B.C.: Como “preciosa” les pareció seguramente a artistas, escépticos e irreverentes la imagen de Jesús teniendo ese contacto directo con una mala mujer. Mujer que por otra parte es de una entrega ejemplar en el cuidado físico que prodiga al Maestro, la entrega más sincera y desnuda, pues le da con su propio cuerpo al cuerpo del Maestro lo que éste necesita y que nadie más ha pensado en darle, debido a esa devoción hipócrita que consiste en dividir lo material de lo espiritual y elevarse uno mismo sobajando al otro porque “no es digno de acercarse a lo sagrado”. Es prodigiosa la forma en que la dualidad espíritu-materia se concilian en ese personaje, conciliados los extremos gracias al amor.
R.O.F.: Con actos y opalabras como ésas fue que Jesús, como todos los grandes maestros, sacudía las conciencias de los hombres de su tiempo y de los tiempos venideros.
Z.B.C.: Y comiendo con pecadores, y bebiendo vino y comiendo carne, y diciéndoles a los que habían dicho que Juan el bautista era un endemoniado porque no comía ni bebía y lo condenaban a él porque sí comía y bebía: “¿Pues qué fregados quieren?”
R.O.F.: Claro, porque como él mismo dijo: espada y no paz traía y vino a poner al hombre contra el hombre.
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