El credo hindú
Bhagavan Sri Sathya Sai Baba
EL MILAGRO DE MILAGROS
Los hijos de Bharat creen que cada uno de ellos es el Atma. Saben que el Atma no puede ser partido en dos por la espada y que el fuego no lo puede quemar, ni el agua mojarlo ni el viento secarlo. El Atma no tiene límites. Su centro se encuentra en el cuerpo, mas su circunferencia no está en ninguna parte. La muerte significa que el Atma se ha cambiado de un cuerpo a otro. Ésta es la creencia que cada hindú lleva profundamente grabada en su mente.
El Atma no está sujeto a limitaciones ni leyes materiales o mundanas. Por su propia naturaleza es libre, es ilimitado; es pureza, santidad, plenitud. Sin embargo, por estar asociado con cuerpos materiales e inertes, imagina ser también un producto de composición material. ¡Ésta es la maravilla, el misterio y el milagro que manifiesta! Desentrañar este misterio y explicar el milagro está más allá de la capacidad de cualquiera. ¿Cómo pudo el Atma pleno enredarse en el engaño de no ser pleno, de ser una fracción, de ser incompleto? ¡No es posible que se dé la ilusión engañosa! No existe una base para imputarle a lo completo que sea incompleto. La entidad plena llamada Atma no puede nunca imaginarse a sí misma como carente o menos que plena o sentir que se halla limitada por la envoltura material de la que ella constituye el núcleo.
Cada persona siente que es el cuerpo. ¿Puede alguien decir cómo surgió este sentimiento y cómo ha persistido? Nadie puede afirmar que puede dilucidar esta interrogante. Porque decir, como lo hacen algunos, que responde a la voluntad de Dios equivale a no dar respuesta alguna. La simple declaración “no sé” implica el mismo sentido que decir “es la voluntad de Dios”. Nadie se hace más sabio con ninguna de ambas respuestas. Así pues “el Atma en el individuo, el jiva-atma, es eterno, inmortal, pleno. La muerte no existe; lo que parece ser muerte es la desviación del Atma de su centro”.
La respuesta de los rishis que tuvieron la visión de la más Majestuosa Persona, el Purushotama que reside más allá de los reinos de la ilusión engañosa y la oscuridad, es: “¡Hermanos!: para que puedan liberarse de la sucesión de muertes, el único medio es conocerlo a Él. No imaginen que son pecadores, porque son los herederos del Ananda eterno. Son imágenes de Dios que comparten el Ananda inagotable. Por naturaleza son plenos y sagrados; en verdad son Dios en la tierra. ¿Habrá pecado mayor que llamarse pecadores? Se deshonran a sí mismos, se degradan si aceptan ese apelativo. Desechen la idea de que son ovejas, no se engañen con ella. Son Atmas. Son gotas del néctar de la inmortalidad, que no conocen ni principio ni fin. Todas las cosas materiales son sus esclavas y no ustedes esclavos suyos”.
Éstas son las palabras de los rishis. ¡Cómo podrían apreciar esta interpretación quienes no han ahondado en esta Verdad! Los hindúes han adquirido gran entereza de espíritu al considerar a Dios como padre, madre, gurú, amigo y bienamado, adorándolo como lo más querido para ellos por sobre todas las cosas, aquí o en el más allá. ¿Cómo podrían saber esta Verdad suprema los que no tienen conciencia más que del placer sensual? Las ansias de placer sensual sólo velan la verdad ante el ojo interior. Esas ansias se manifiestan de muchas maneras, creando cada vez más deseos y generando cada vez más impulsos hacia la acción. Y todo eso vela la verdad como una gruesa cortina.
Reconocer este velo constituye un gran paso en el progreso espiritual. Éste es el principio de maya del Vedanta. Desde tiempos inmemoriales, pese a que la Verdad era evidente por sí misma, este telón la ha ocultado a los ojos del hombre. ¿Cómo se puede eliminar este velo y conocer la Verdad? Los indios sabían que la solución no reside en el mundo objetivo exterior y por ello sería inútil buscarla allí. Esta convicción se ganó sólo por la experiencia.
Para lograr la experiencia, los indios se dedicaron a austeridades y a la indagación disciplinada hasta que identificaron la Verdad y se la anunciaron al mundo. Descartaron los impulsos de los sentidos y las variadas atracciones del mundo objetivo. Ésta fue la lección que dieron al mundo. La mente fue el instrumento que los buscadores indios utilizaron para desentrañar este secreto, principio básico de la sabiduría que ellos atesoraron. Se hizo imperativo para ellos usar la mente misma y estudiar su naturaleza y sus características. Muy pronto se dieron cuenta de que el estudio del mundo exterior no los conducía a ninguna parte, por lo que desviaron su atención hacia las regiones internas de su conciencia, y de este modo levantaron los cimientos para la estructura del Vedanta; éste fue el comienzo de la indagación vedántica.
No hay necesidad de buscar la Verdad en ninguna otra parte. Búsquenla en el hombre mismo: él es el milagro de milagros. Todo lo que no se halle en el hombre no podrá estar en parte alguna fuera de él. ¡Lo que es visible de él no es más que un burdo reflejo de lo que en realidad está dentro de él! La antigua creencia era que Ishwara (Dios) regía al mundo estando él mismo fuera de él. Esto fue lo que los buscadores indios pusieron a prueba mediante el sadhana, para llegar a revelar que Dios estaba y está en el mundo y es de él. Ésta es su primera contribución al mundo espiritual: que Dios no es externo al hombre sino su centro más íntimo. Declararon que es imposible sacarlo del corazón donde él mismo se ha instalado. Él es el alma de nuestra alma; él es la Realidad interna de cada uno.
En la actualidad, los principios y prácticas preconizados por la cultura bharatiya, las actitudes y sentimientos que ella atesora, no están confinados a los límites de este subcontinente. Han pasado a otras tierras y establecídose allí. Sus ideas principales han entrado en la literatura de otros pueblos y permean sus procesos conceptuales. En algunos países y entre algunos pueblos han ganado posiciones dominantes. Ello se debe a que Bharat contribuye a la paz y prosperidad del mundo con un invaluable cuerpo de sabiduría espiritual, contribución más esclarecedora, más necesaria, fundamental y valiosa que la que pudiera ofrecer cualquier otro país o nación. Éste es un hecho que resulta cada vez más claro para el género humano.
La suprema finalidad de la educación es hacer que el hombre tome conciencia de Lo Impersonal universal inmanente. Ésta es la verdad que los Vedas proclaman. Los profetas y sabios de Bharat se lanzaron valientemente a esta aventura. Los siempre cambiantes aspectos de la naturaleza, lo que aparece y desaparece en su operar, pueden constituir un espléndido objeto de estudio, pero los antiguos sabios de Bharat declararon que la ciencia del Principio Trascendental que permea el universo, el Eterno Incambiante, la Personificación de la inagotable bienaventuranza, el Último Refugio para el alma individual, es la ciencia que constituye el más alto conocimiento que el hombre ha de adquirir.
El conocimiento de los principios que rigen a la naturaleza objetiva a lo sumo puede proveer al hombre de alimento y abrigo, enseñándole las maneras de obtenerlos, mas conduce a la explotación de los débiles por los más fuertes. Si la gente de Bharat hubiera orientado sus energías hacia el descubrimiento de los secretos del mundo, le habría sido muy fácil llegar a dominarlos. No obstante, rápidamente descubrieron que esta búsqueda era secundaria y que la posición prioritaria había de tenerla lo espiritual. Fue esta resolución la que le trajo la gloria a esta nación. Otras no han podido llegar ni a tocar los bordes del problema. Bharat siempre ha enfatizado que el modo de vida dirigido hacia lo espiritual constituye el primer deber de cada indio.
En la India, el término nación significa el agrupamiento de los corazones que marcaban el ritmo de la misma melodía y que respondían con una vibración similar al mismo llamado espiritual. La verdad básica que expresaba este credo era tan amplia como los cielos y tan eterna como la creación. Esas verdades fueron descritas de diferentes maneras muy sutiles. No obstante, como resultado de esa misma amplitud de visión que contenían y de la exégesis a que fueron sometidas, fue inevitable que se desprendieran muchos credos de la base de las creencias que promovían.
Es natural la diversidad de actitudes y prácticas y deben ser recibidas y aceptadas así; no hay razón para una fe rígida. Sólo que no queda lugar entonces para un credo generalizado. La rivalidad entre los que siguen diferentes sendas no puede traer paz y prosperidad a ningún país. Sin la libertad de credos no puede progresar el mundo. La India enseñó que un pequeño grupo jamás podrá dominar los inagotables recursos del mundo, que para el funcionamiento eficaz de la comunidad se hace necesario dividir el trabajo total entre todos los sectores y asignarle a cada uno la tarea de contribuir con su parte al bien común. Esto sentó las bases para la diversidad y la reciprocidad. Las diversidades se aprobaron en bien de la aplicación práctica de los poderes y las potencialidades espirituales; con ello no queda lugar para facciones y enfrentamientos. La diversidad, también, no es sino superficial y no es verdaderamente real. Existe un fascinante sentido del misterio que puede explorar estas diversidades y descubrir la clave para visualizar al Uno que subyace en los muchos. Esto lo proclaman los antiguos textos como su más valiosa revelación. “Solamente existe el Uno; los sabios lo describen de múltiples maneras”. Se puede afirmar que la fe de los bharatiyas es la única que acepta y respeta todos los credos.
LAS CREENCIAS BÁSICAS
Existen algunas verdades básicas universalmente aceptadas. Todos los que se denominen hindúes deben creer en ellas y conformar sus vidas de acuerdo con ellas.
Primera: “Los bharatiyas no insisten en que todos han de estar sometidos a una sola actitud o que todos deben regirse por una sola interpretación u opinión excluyendo toda otra explicación o punto de vista posible, o que el modo de vida haya de ser el aprobado por algún individuo o grupo”. La cultura bharatiya establece que es un pecado infamante ejercer presión sobre cualquiera en cuestiones del espíritu.
Segunda: “El Eterno Dharma o Religión Universal es enseñado por los Vedas”. El sagrado cuerpo de preceptos al que llamamos Vedas es coetáneo con la creación, sin principio ni fin definidos. En él encuentra su plenitud y su término toda indagación en el espíritu. Uno no puede escapar a esta conclusión si estudia y practica los Vedas. Para todos los problemas que involucren diferencias en actitudes o aspiraciones espirituales, podemos encontrar soluciones convincentes en los textos védicos. Varían los puntos de vista respecto a cuáles porciones de los Vedas tiene autoridad para cada una; hay personas afiliadas a alguna secta que pueden considerar alguna porción de los Vedas más sagrada que otra. A pesar de ello, todos son hermanos y copartícipes de las enseñanzas que ellos imparten. Todo lo que resulta elevador y beneficioso para nosotros, todo lo que nos es santo y sagrado, todo lo puro y ennoblecedor, fue puesto a nuestro alcance en esos maravillosos textos de antaño.
Tercera: los Vedas se refieren y exponen a la Persona Suprema, al Ishwara que creó este universo, quien lo nutre, en quien se fundirá con el paso del tiempo y quien se manifestará de nuevo en este asombroso universo como su forma. Puede haber diferentes creencias respecto a la naturaleza y atributos de este Ishwara. Una persona puede imaginarlo con características humanas; otra puede creer que personifica atributos no humanos y que carece de forma. Cada cual podrá encontrar en los Vedas declaraciones que apoyen su punto de vista. Pese a sostener diferentes concepciones, todos ellos tienen fe en Ishwara, la Divinidad, es decir, creen que existe un Poder trascendental eterno y que todo lo que existe se ha originado de él y se fundirá en él de nuevo.
Cuarta: no puede haber méritos como el de la riqueza o desventajas como la de la pobreza respecto de la exploración y descubrimiento de lo espiritual. Esta verdad ha de transmitirla a sus hijos todo padre hindú, los niños deben crecer con este sentimiento libre de restricciones.
Quinta: los bharatiyas no creen que este universo se manifestó hace unos miles de años y que finalmente será destruido definitivamente en algún momento futuro. Tampoco aceptan que surgiera de la nada; creen que el universo o esta creación objetiva no tiene ni principio ni fin y que, de acuerdo con las leyes de la evolución en el tiempo, pasará de la etapa densa a la sutil y después de pasar algún tiempo en ella, pasará al nivel causal del cual emergió. Y luego, desde el Uno en el que se fusione, se volverá a manifestar nuevamente como los muchos, pasando por los niveles de expresión sutil y denso.
Este movimiento ondulatorio de avanzar y retroceder, de sumergirse y emerger, se ha producido desde el comienzo del tiempo y seguirá hasta que el tiempo finalice. Es eterno. El hombre no es sólo este cuerpo material; contiene un componente sutil llamado mente; dentro de ella, como su origen y motivador, se halla un principio aún más sutil llamado el jivatma (alma individualizada), el cual no tiene principio ni fin, no conoce la muerte, no tiene nacimiento. Ésta es la base del credo hindú.
Otro artículo de fe que forma parte del equipamiento mental bharatiya es: hasta que el alma individualizada no se libere de la individualización y se funda en lo Universal –alcanzando así la liberación o moksha– habrá de encerrarse en un cuerpo tras otro y pasar por el proceso denominado vivir. Esta concepción no la sostiene ningún otro pueblo. Ésta es la idea del samsara que revelan y propagan los antiguos textos o Shastras de la India. Samsara significa “el movimiento de entrar en una forma después de la otra”. Las diferentes escuelas y sectas aceptan este hecho de que los atmas (aparentemente individualizados) son eternos y no sufren cambio alguno. Pueden diferir en cuanto a la relación entre el atma e Ishwara o Dios: una escuela de pensamiento afirmará que ambos están separados; otra puede declarar que el jivatma es una chispa en la llama del fuego universal que es Ishwara; una tercera puede afirmar que ambos son indiferenciados. Sin embargo, se mantiene la Verdad de que el Atma no tiene principio ni fin: no nace y no conoce la muerte. Su imagen individualizada tiene que evolucionar a través de una serie de cuerpos hasta que alcance su plenitud en lo humano.
La primera de las gloriosas verdades fundamentales alcanzadas por el intelecto humano en el campo espiritual es: el Atma, por su naturaleza, es pureza, plenitud y bienaventuranza. Ésta creencia anima a todas las escuelas de pensamiento, sean los adoradores de Shakti, Shiva o Vishnú, budistas o jainas. Los dualistas creen que la fundamental y genuina naturaleza del Atma es ananda, la cual se ve disminuida y marchitada por las consecuencias de las acciones humanas en una vida tras otra y, por ende, ha de ser restaurada y revitalizada por la gracia de Dios. Los monistas creen que no hay disminución ni decadencia; afirman que el Atma es plenamente esplendente y que parece disminuido por influencia del efecto engañoso de la ignorancia (maya), que sobrepone una impresión falsa a lo que realmente es. Sean cuales sean las distintas interpretaciones, al ver el núcleo de la Verdad sobre la que todos concuerdan podremos vislumbrar un profundo y ancho pasaje por el que ambas concepciones marchan hacia la meta. Los pueblos de los países orientales buscan la realización de esta gloriosa consumación en la región interior de su ser. Mientras nos encontramos en adoración, cerramos los ojos y nos empeñamos en visualizar a Dios dentro de nosotros mismos. Los pueblos de Occidente levantan sus rostros y visualizan a Dios en el espacio exterior, en el más allá. Creen que sus escrituras fueron compuestas por personas que actuaban bajo la dirección de Dios. Los bharatiyas creen que los Vedas, sus escrituras sagradas, representan el aliento mismo de Dios que les comunicaba su sentido a los sabios que Lo habían instalado en sus corazones.
SOSTENGAN SUS CREENCIAS
Si una creencia no se sostiene de manera inalterable, de día y de noche, no se le podrá utilizar para alcanzar la victoria. Cuando una persona afirma que es baja y deleznable y que sus conocimientos se están reduciendo, llegará a volverse baja y deleznable y sus conocimientos se reducirán. Nos convertimos en aquello que creemos ser. Somos los hijos de Dios todopoderoso, dotados de poder, gloria y sabiduría. Somos hijos de la inmortalidad. Si nos mantenemos en estos pensamientos, ¿cómo podríamos ser míseros e ignorantes? La cultura espiritual bharatiya prescribe creer que la real naturaleza del hombre es la más elevada y estar siempre conciente de esta verdad.
Los bharatiyas de edades pretéritas tenían fe en su gran Realidad. Alcanzaron la victoria en sus empeños gracias a esta fe y así llegaron a grandes alturas. Nos hemos deslizado en la actual decadencia sobre todo porque hemos perdido la fe en el Atma en nosotros. Esto marcó el comienzo de nuestra caída. Esa Omnipresencia, ese Motivador Interior de todo, la trama y la urdimbre de nuestro cuerpo y mente, de nuestras emociones y nuestro intelecto, es el único medio para realizar la más elevada meta del hombre fortaleciendo la fe en él.
Esta gloriosa verdad que expande el corazón es la santificadora visión que los bharatiyas alcanzaron: el Atma es pleno y libre. ¡Un maravilloso descubrimiento y una emocionante concepción! El Atma es pleno; no se necesita alcanzar la plenitud, ni tiene que buscarse o sumarla a él. Si se le hubiera de agregar plenitud, también cabría suponer que ella disminuiría con el paso del tiempo, pues lo que se va construyendo ha de desintegrarse. Si el hombre fuera impuro por naturaleza, se sumirá en la impureza tarde o temprano, aunque haya logrado la pureza por unos minutos, porque la pureza que se logra a medio camino puede ser arrastrada por las circunstancias. Los pensadores espirituales bharatiyas declararon que la pureza es nuestra naturaleza misma, y la plenitud, nuestra genuina realidad; que en verdad jamás estamos realmente “necesitados”. Ésta corriente de fuerza espiritual fluyó desde la India y fertilizó al mundo.
Al final de la vida uno ha de traer a la conciencia todos los grandes pensamientos que haya recogido durante ella, los elevados sentimientos que albergó; éste es otro de los preceptos de los sabios de la India. No pidieron rememorar las faltas o errores que uno haya cometido; éstos son inevitables y universales. Ellos declararon que uno ha de mantenerse siempre conciente de la propia realidad y dedicarse siempre a contemplar su grandeza y su gloria. Esto es el mayor paso hacia el progreso.
LA RELIGIÓN ES EXPERIENCIA
Para los bharatiyas la religión significa experiencia y nada más. Si este secreto permanece grabado en el corazón de todos, se sentirán salvos y seguros. El pensamiento bharatiya no sostiene que todas las cosas pueden lograrse por esfuerzo propio, que la Voluntad Divina constituye la base de todas las cosas. Los principios religiosos deben practicarse y su validez comprobarse por la experiencia. Escuchar su exposición de nada sirve; repetirlos como loros no basta. Si resultan atractivos para el intelecto y éste los aprueba como correctos, no ayudará tampoco. Deben llegar a transformarnos.
La razón de que los bharityas den por cierto a Dios y declaren que Él es el Ser y su devenir o llegar a ser es su propia experiencia, que constituye la prueba más importante. Esta declaración no proviene de la cabeza, de la facultad de la razón. Los antepasados afirmaron la existencia de esta entidad, el atma, en cada uno y que ella no era sino una chispa del Atma universal, porque habían adquirido conciencia de ello de manera profunda e indudable. En el pasado hubo miles que buscaron esta experiencia y la lograron. Este anhelo es una sed que acosa al hombre. A menos que contemple a Dios y lo confronte sumido en la dicha, a menos que alcance la conciencia del Atma que es su realidad, el hombre se verá atormentado por la agonía de sentir que le falta algo para estar completo.
Ante todo, el hombre debe captar la Verdad. Tan pronto lo logre desaparecerán las facciones y luchas religiosas. Porque el apelativo de seguidor del código moral religioso se le puede dar sólo a quien ha experimentado a Dios y comprendido su gloria. Sólo quienes lo han realizado en sus corazones podrán cortar las cadenas que los atan a la rueda del nacer y morir. Las meras oraciones no son señal de la conciencia de la Verdad que debe alcanzarse mediante la religión.
La fe religiosa se basa en la experiencia genuina. Una vez que acepta esto, puede comenzar el autoexamen y puede ser que uno se dé cuenta de que anda a ciegas en la oscuridad y está arrastrando a otros por ese mismo camino. Sólo así podrán los hombres dejar de lado los odios sectarios en nombre de una guerra religiosa declarada alos que profesen creencias diferentes. A todos los que se enredan en los conflictos religiosos deben preguntarles: “¿Han visto a Dios? ¿Han tomado real conciencia del Atma divino? Si no, ¿con qué autoridad se atreven a negar o difamar este o el otro nombre de Dios? Están peleando a ciegas y tratan de arrastrarme también a mí a la oscuridad. ¿Puede un ciego guiar a otro ciego? Éso es imposible, de modo que comiencen por entender su propia verdad antes de negar y difamar la mía”.
Algunas obras de Sathya Sai Baba que puede leer:
Prashanti. La paz suprema.
Prema. El amor divino.
Sathya. La senda de la verdad.
Rosas de verano.
Cultura y espiritualidad
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