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MAYO 2009

 

 

Las visiones angélicas de Swedenborg

 

“El diálogo con los ángeles empezó a ser un hecho cotidiano para él".
Jorge Luis Borges

“Swedenborg, que frecuentó todos los mundos invisibles durante largos años, ve en la imagen del hombre el mismísimo cielo, y a Miguel, Rafael y Gabriel, que según él no son tres ángeles sino tres coros angélicos. La eternidad, que al discípulo amado y a San Agustín se les apareció bajo la forma de ciudad celestial, y a Alighieri como rosa celestial, revestía para el místico sueco las formas de hombre celestial, con todos sus miembros animados por un fluido de vida angélica que sale y vuelve a entrar, en sístole y diástole de amor y sabiduría”.
James Joyce

Testigo de lo invisible, habitante de dos mundos, visionario, hombre extraordinario son algunos de los términos con que se ha designado a Emanuel Swedenborg, el filósofo, científico, teólogo, místico y visionario sueco nacido en Estocolmo en 1688, quien, al igual que Leonardo y otros hombres del Renacimiento, mostró intereses y habilidades amplios y profundos, que lo llevaron a ser ingeniero, inventor, estudioso de las religiones y la anatomía, la economía y la tecnología. Es casi ocioso repetir que aprendió todas las lenguas clásicas y modernas y que estudió las sagradas escrituras al derecho y al revés, labor a la que se dedicó mayormente a partir de 1745, después de pasar por una (de muchas) experiencia visionaria en la que una figura sobrenatural que aparece ante él le habla de la necesidad de un medio para que Dios haga llegar al mundo una nueva revelación. De más está decir que él se asume como ese vehículo y dedica su consiguiente actividad a prepararse y realizar esa misión. La visión, que él llama recuerdo, de Swedenborg que hoy presentamos aparece dentro de su obra Apocalipsis revelata (El Apocalipsis revelado), en la que expone sus ideas sobre el significado oculto de ese libro sagrado. Prolífico escritor, Swedenborg publicó decenas de libros y dejó inéditos cerca de treinta manuscritos. Gran parte de esa obra publicada la constituyen los doce volúmenes de Arcana Cælestia (Los misterios celestiales).
Aparte de inspirar la formación de la Iglesia de la Nueva Jerusalem, muchos escritores, poetas y filósofos lo apreciaron y fueron influidos por Swedenborg. Ralph Waldo Emerson llegó a a decir que “después de Dante, Shakespeare y Milton no había habido un gran poeta hasta que Swedenborg cantó las maravillas de los corazones humanos en extraños poemas en prosa que él llamó El cielo y el infierno, Secretos celestiales, y otros”. En nuestro idioma, el babilónico argentino Borges le ha dedicado elogiosas palabras en conferencias, entrevistas y prólogos, como el de la edición de Kier de El cielo y sus maravillas y el infierno(de donde procede el fragmento sobre los ángeles y los hombres). Quizá la lectura del místico sueco convenció a Borges de que la teología era una rama de la literatura fantástica e hizo de gran parte de su obra un híbrido de esos dos géneros.
Veamos pues esas experiencias en que Swedenborg fue y nos hace frecuentadores de los mundos invisibles.
Ricardo Ortiz

Un lugar celestial
Aquí añadiré el siguiente Recuerdo: Hallándome ocupado en la explicación del capítulo vigésimo y meditando sobre el “Dragón”, la “Bestia” y el “Falso Profeta” se me apareció un ángel-espíritu y preguntóme: “¿En qué meditas?” Dije que en el “Falso Profeta”.
Entonces dijo: “Te conduciré al lugar donde están los designados con el nombre del “Falso Profeta”. Dijo que son los mismos que (en el capítulo XIII) se entienden por la “Bestia”, que subió de la Tierra, teniendo dos cuernos semejantes a los del Cordero y hablando como el Dragón”.
Lo seguí y he aquí, una multitud, en medio de la cual estaban varios Prelados, que (en el mundo) habían enseñado que nada salva al hombre más que la fe, y que las obras son buenas pero no para la salvación; que, sin embargo, debe enseñarse del Verbo que las obras deben practicarse, a fin de mantener a los legados en obediencia para con la autoridad, especialmente a los sencillos, obligándolos así como por medio de la Religión, o sea por un medio interno, a practicar una caridad moral.
Entonces, viéndome uno de ellos me dijo: “¿Quieres ver nuestro templo, en el que hay una imagen, que representa nuestra fe?”
Me acerqué y miré y, hé aquí, era magnífico y en el centro estaba la imagen de una mujer, vestida de escarlata y teniendo en la mano derecha una moneda de oro, y en la izquierda un collar de perlas. Mas el templo, como asimismo la imagen, eran efectos de una sugestión producida por medio de la fantasía, porque los espíritus infernales pueden mediante la fantasía presentar cosas magníficas, cerrando lo interior de la mente y abriendo únicamente lo externo. Más apercibiéndome de que era uno de esos escamoteadores, oré al Señor y súbitamente fué abierto lo interior de mi mente, cuando en lugar del templo magnífico ví una casa ruinosa, llena de grietas desde arriba hasta abajo, no habiendo en ella cosa alguna coherente, o entera y en vez de la mujer vi en la casa una imagen colgada, cuya cabeza era como de un dragón, cuerpo como de un leopardo, pies como de un oso y boca como de un león, exactamente tal como es descrita (en el cap. XIII) la bestia, que subió de la mar, y en lugar de piso había una ciénaga llena de ranas. Me fue dicho que debajo del charco había una piedra grande, tallada, debajo de la cual hallábase escondido el Verbo.
Visto todo esto dije al escamoteador: “¿Es éste vuestro templo?”
Y dijo que lo era.
Mas súbitamente fue abierta la mente interior suya también, y veía lo mismo que yo. Y viéndolo exclamó con voz en grito: “¿Qué es esto? ¿De dónde viene?”
Dije que era el efecto de la luz del cielo, que descubre la calidad de toda forma, y “aquí la calidad de vuestra fe separada del amor espiritual”.
Un momento después sopló un fuerte viento solano, barriendo todo lo que allí, estaba; secó también el charco,descubriendo así la piedra, debajo de la cual estaba el Verbo. Después pasaron ondas suaves de un calor primaveral, que venía del Cielo y he aquí, en el mismo lugar se veía una tienda, o tabernáculo, de un aspecto muy sencillo.
Y los ángeles, que estaban conmigo, dijeron: “He aquí la tienda de Abraham, tal como era cuando vinieron a él los tres ángeles y aunciaron el nacimiento de Isaac.– A primera vista su aspecto es sencillo mas con el influjo de la luz del Cielo, se vuelve más y más magnífica y hermosa”.
Y les fue dado abrir el cielo de los ángeles y espirituales, que se hallan en sabiduría, y por el influjo de la luz del mismo la tienda presentó el aspecto del templo de Jerusalem. Mirando al interior vi la piedra, debajo de la cual antes estaba oculto el Verbo, ahora guarnecida de piedras preciosas todo alrededor, cuyas piedras echaban un fulgor hermosísimo sobre las paredes, decoradas con querubines, iluminando todo con perpetua variación de colores de inefable hermosura.
Mientras extasiado miraba esto dijeron los ángeles: “Verás cosa aún más maravillosa.” Y les fué dado abrir el tercer cielo, en el cual están los ángeles celestiales, que se hallan en amor, y por el influjo de la luz, que del mismo procedía, desapareció el templo totalmente, y en su lugar vi al Señor solo, en pie sobre la piedra antes mencionada, que era el Verbo, siendo del mismo aspecto que cuando le vio Juan(Apocalipsis, cap. I). Mas la mente interior de los ángeles se llenó entonces de un sentimiento de santidad, por efecto del cual querían postrarse sobre sus rostros, por lo cual la vía de la luz del tercer cielo fue súbitamente cerrada por el Señor y abierta la de la luz del segundo cielo, volviendo a aparecer el anterior templo y también la tienda, mas ahora dentro del templo.
Así quedó ilustrada la significación de las siguientes palabras en este capítulo (Apoc. XXI):
“He aquí el tabernáculo de Dios entre los hombres y habitará con ellos” (vers. 3).
Y estas otras:
“Templo no vi en la nueva Jerusalem; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero” (vers. 22).

 

Cada ángel es una forma humana completa
El cielo en su totalidad, del mismo modo que cada sociedad en el cielo, refleja a un solo hombre. Deestas razones se sigue que esto es verdad también respecto de cada ángel. Así como el Cielo es un hombre en mayor tamaño y una sociedad en el cielo lo es en un tamaño menor, así un ángel lo es en tamaño aún más pequeño, porque en la forma más perfecta, como lo es la del Cielo, hay una similitud del todo con la parte y de la parte con el todo. Esto es así en razón de que el Cielo es un todo común, que comparte todo lo que tiene con cada uno y del que cada uno recibe todo lo que tiene.
Ya que un ángel es así un receptáculo, él es un cielo en tamaño pequeño, y así lo es también un hombre, en tanto recibe al cielo es un receptáculo, un cielo y un ángel. Así se describe en el Apocalipsis (21; 17):
“Midió Él la muralla de la santa Jerusalem y tenía ésta ciento cuarenta y cuatro codos, la medida de un hombre, que es la de un ángel”.
"Jerusalem" aquí quiere decir la iglesia del Señor y, en un sentido más elevado, el cielo; muro quiere decir la Verdad, que es una defensa contra el asalto de la falsedad y la iniquidad; “ciento cuarenta y cuatro” se refiere a todo lo verdadero y bueno en total, medida significa lo que una cosa es, su cualidad, hombre significa aquel en quien están todo lo verdadero y bueno en general y en lo particular, y de ese modo, el cielo, y como por esta razón un ángel es un hombre es que se dice “la medida de un hombre, que es la de un ángel”. Tal es el sentido espiritual de estas palabras. Sin este significado, ¿cómo podría verse que la muralla de la santa Jerusalem es la medida de un hombre, que es la de un ángel”.
Volvamos a la experiencia. Yo he visto miles de veces que los ángeles son formas humanas, u hombres. He hablado con ellos como un hombre lo hace con otro, unas veces con uno, otras con varios juntos, y no he visto nada en su forma que los haga diferentes a la forma humana, y esto en ocasiones me sorprendía. Y como podía decirse que esa visión era ilusoria o producto de una fantasía, se me permitió ver a los ángeles estando totalmente despierto y en dominio de todos mis sentidos corporales y en un estado de clara percepción. Y con frecuencia les he dicho que los hombres en el orbe cristiano viven en tan ciega ignorancia respecto de los ángeles y los espíritus que creen que son mentes sin forma, pensamiento puro, y que no tienen de ellos más idea que son algo etéreo en lo cual hay un poco de vitalidad. Y como de este modo los hombres atribuyen a los ángeles nada que sea humano sino la facultad de pensar, creen que al no tener ojos no ven, que al no tener oídos no escuchan y que al no tener boca o lengua, no hablan.
A esto los ángeles me respondieron que ellos sabían que en el mundo muchos sostienen esta creencia, la cual prevalece aun entre los estudiados y, para su sorpresa, incluso entre los clérigos. Dijeron que la razón es que los instruidos, que eran guías y quienes primero elaboraron tal idea acerca de los ángeles y los espíritus, lo hicieron a partir de las concepciones sensoriales del hombre externo, y quienes piensan de este modo y no desde la luz interior y desde la idea general implantada en todos los hombres, tendrá que desarrollar tales nociones ya que las concepciones sensoriales del hombre externo consideran sólo aquello perteneciente a la naturaleza y no lo que está sobre ella, y de ese modo no toma en cuenta nada perteneciente al mundo espiritual.
De los guías esta falsa noción acercade los ángeles se extendió a los demás que no pensaban por sí mismos sino que adoptaban las ideas de los dirigentes, y quienes primero toman sus ideas de otros y hacen de ese pensamiento su creencia y entonces lo ven con su propio entendimiento, no pueden liberarse fácilmente de él, y en la mayoría de los casos lo aprueban y con ello se satisfacen.
Los ángeles dijeron también que los puros de fe y de corazón no poseían tal idea acerca de los ángeles sino que los concebían como hombres del cielo, y porque ellos no han dejado extinguir por la instrucción lo que fue implantado en ellos desde el cielo y no tienen ninguna otra concepción aparte de la de la forma. Ésta es la razón de que en las iglesias, ya sean pintados o esculpidos, los ángeles se representan siempre como hombres.
Y respecto a este conocimiento proveniente del cielo, me dijeron los ángeles que es lo Divino fluyendo dentro de los que tienen el bien de la fe y la vida.
Por mi experiencia, que es ya de muchos años, puedo decir y afirmar que los ángeles son hombres santos en forma, que tienen rostro, ojos, oídos, brazos, manos y pies; que ven y escuchan uno a otro y hablan entre sí, en una palabra, no carecen de nada que pertenezca a los hombres, a no ser que no están envueltos en cuerpos materiales. Los he visto en su propia luz, la cual excede por muchos grados a la luz cenital del mundo, y en esa luz todos sus rasgos pueden verse más clara y definidamente que los rostros humanos son vistos sobre la tierra. También me fue concedido ver a un ángel del más íntimo cielo, el cual poseía una faz más radiante y esplendorosa que la de los de los cielos inferiores. Lo observé con mucha atención y vi que tenía una forma completamente humana.
Debemos recordar, sin embargo, que un hombre no puede ver a los ángeles con sus ojos físicos, sino únicamente con los del espíritu que hay en su interior, porque su espíritu reside en el mundo espiritual y todas las cosas del cuerpo están en el mundo natural. Lo semejante sólo ve a lo semejante. Más aún, el órgano de la vista, que es el ojo, es tan burdo, como todos sabemos, que puede ver los objetos naturales más pequeños sólo con una lupa, y menos aún puede ver lo que se halla sobre la esfera de lo natural, como lo están las cosas del mundo espiritual. No obstante, el hombre puede ver estas cosas cuando se ha elevado sobre la visión corporal y se ha abierto la visión de su espíritu, lo cual puede efectuarse instantáneamente, siempre que sea placentero al Señor el que el hombre vea estas cosas, y en tal caso el hombre no sabe sino que los está viendo con sus ojos corporales.
Fue así como Abraham, Lot y los profetas los vieron, y fue así  como los discípulos vieron al Señor después de la resurrección, y de la misma forma vi yo a los ángeles. Debido a que de ese modo lo vieron los profetas, se les llamó videntes y se dijo “tener los ojos abiertos” (1 Samuel, 9; 8. Núm, 24; 3) y al hecho de hacerlos capaces de ver de este modo se le llamó “abrirle los ojos”, como en el ejemplo del sirviente de Eliseo, del cual leemos:
 “Oró Eliseo y dijo: «Jehová, abre sus ojos para que vea» y Jehová abrió los ojos del joven y éste vio que la montaña estaba llena de caballos y carros de fuego que rodeaban a Eliseo” (2 Reyes, 6; 17).
Los buenos espíritus, con los que yo había hablado de este tema, lamentaban hondamente tal ignorancia existente en la iglesia acerca de la condición del cielo y de los espíritus y los ángeles, y por su disgusto me encargaron declarar definitivamente que aquéllos no son mentes sin forma ni alientos etéreos sino hombres en toda forma y que ven, oyen y sienten igual que los que se hallan en este mundo.

 



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