La otra del déficit de atención e hiperactividad
Morris Lan
De unos años a la fecha, en varios medios de comunicación (televisión, periódicos, revistas, etc.), se ha venido promoviendo un pseudo trastorno o enfermedad que los psiquiatras han etiquetado con el nombre de “déficit de atención e hiperactividad” y que afecta a los niños desde pequeños, por lo que se da comúnmente en la infancia y adolescencia. Se menciona que son diversas las razones que causan este padecimiento, y la sugerencia habitual y general que se propone para manejar favorablemente dicha situación y evitar posteriores problemas es medicar al niño con algún tipo de anfetamina, como es el Ritalín. Por lo tanto, sería conveniente aclarar lo que se entiende por déficit de atención y definir qué es la hiperactividad.
De acuerdo con el “Manual de diagnosis y estadísticas de trastornos mentales”(DSM) de la Asociación Psiquiátrica Estadunidense, los síntomas del trastorno de déficit de atención incluyen: el niño no presta atención cuidadosa a los detalles o puede cometer errores por descuido en el trabajo escolar u otras tareas, a menudo su trabajo es sucio o descuidado, se le dificulta mantener la atención en sus tareas o actividades de juego, se le dificulta persistir en una tarea hasta completarla, parece que su mente está en otra parte o como si no estuviera escuchando, y “no termina su trabajo escolar, sus tareas u otros deberes...”, etc.
Los síntomas de hiperactividad son descritos así: a menudo mueve con inquietud las manos o los pies o está inquieto en su asiento, con frecuencia se levanta de su silla en el salón de clase o en otras situaciones en que se espera que permanezca sentado, a menudo corre de un lugar a otro o trepa en exceso en situaciones en que no es apropiado hacerlo, frecuentemente se le dificulta jugar o participar en actividades recreativas con tranquilidad, con frecuencia está “activo y ocupado”, a menudo habla en exceso. En lo que se refiere a ser impulsivo, este manual incluye estas características: muchas veces responde antes de que la pregunta termine de decirse, se le dificulta esperar su turno, interrumpe a otros o los importuna, por ejemplo, interfiere en conversaciones o juegos. Y para finalizar se menciona que “los comportamientos indicadores que deben vigilarse en los niños que padecen el trastorno de déficit de atención e hiperactividad incluyen: “apariencia desarreglada, camisa salida, tener amigos que son mucho mayores o mucho menores, no responder a la disciplina, involucrarse en pleitos, olvidar cosas y perderlas, no recordar las tareas que se le asignan, no revisar su trabajo escolar, adivinar respuestas, mostrarse somnoliento, adormilado o inquieto en situaciones de aprendizaje”.
Comúnmente el maestro o el psicólogo de la escuela le comunican a los padres que su hijo padece un trastorno que afecta su capacidad para aprender y comprender lo que se le enseña en la clase, conocido como el trastorno de aprendizaje o trastorno de déficit de atención. Es posible que se mencione un desequilibrio químico en el cerebro y que éste sea un problema médico reconocido, por lo que es necesario administrar continuamente ciertos medicamentos para los que se requiere prescripción médica. Como los padres sólo desean lo mejor para sus hijos y confían en los consejeros, aceptan el tratamiento mediante medicamentos como la mejor solución disponible.
Se han realizado estudios que han demostrado que los niños y adolescentes que ingieren drogas que afectan la mente, como el Ritalín –muy de moda hoy en día– y las anfetaminas, por prescripción médica no tienen mejor desempeño académico. De hecho estos niños o jóvenes reprueban la misma cantidad de cursos y abandonan la escuela con la misma frecuencia que los niños que no tomaron estas drogas. Además, no existe evidencia científica que compruebe que el desequilibrio químico en el cerebro sea responsable de los síntomas que se atribuyen al trastorno de déficit de atención e hiperactividad ni que esta sea una enfermedad cerebral, como los psiquiatras lo han asegurado en repetidas ocasiones. El trastorno de déficit de atención e hiperactividad con el cual se ha etiquetado a los “niños problema” es una clasificación inventada para la que no existen medios objetivos y válidos de identificación. A los niños se les traiciona horriblemente cuando su comportamiento se clasifica como una enfermedad. Ellos comienzan a creer que hay algo mal en su cerebro que los imposibilita para controlarse sin el uso de una pastilla.
Sin embargo, si los padres reflexionaran acerca de su entorno se darían cuenta de que la mayoría de los niños tienen este comportamiento, por lo que no sería un juicio válido y prudente el hacer un diagnóstico de esta trascendencia. Es normal que todos los niños presenten un comportamiento similar al descrito por el “Manual de diagnosis y estadísticas de trastornos mentales” ya mencionado. ¿Cómo queremos que se comporte un niño durante el recreo, en una fiesta de cumpleaños, en el autobús durante una excursión? Los niños sanos tienen mucha energía, curiosidad, vigor, ánimo, entusiasmo e imaginación. Para mantenerlos quietos tendríamos que atarlos en sus asientos y estaríamos robándoles su condición de niños, pero ante la presión que ejercen los “especialistas”, la mayoría de los padres no se atreven a cuestionar el diagnóstico.
¿Por qué no ver el otro lado de la moneda? Estudios llevados a cabo en varios países por psiquiatras reconocidos que no apoyan el uso indiscriminado de este tipo de psicotrópicos, han llegado a la conclusión de que en una gran medida los problemas de conducta, hiperactividad y atención dispersa son reflejo de una mala educación, falta de atención y de comunicación por parte de los padres, represión en casa, falta de una técnica de estudio apropiada, todo esto aunado a una mala alimentación (demasiada azúcar puede poner a cualquier persona demasiado activa o más activa de lo normal, además de que la comida rápida de nuestro mundo moderno carece generalmente de valores nutricionales y por esto también pueden hacer que los niños se sienta mal). Muchos de los niños que tienen dificultades en clase puede ser que sean muy creativos o muy inteligentes y necesiten mayores estímulos y cauces para sus talentos e intereses.
Además, a los padres no se les da la información real sobre la composición y efectos del uso de psicotrópicos como el Ritalín; sólo se les dice: “déle esta pastillita y su niño estará quieto”. Nunca les hablan de los efectos secundarios de estas drogas; es mas fácil etiquetarlos que atenderlos y darles una buena educación. Y por ello muchos padres en situaciones extremas, por ignorancia o falta de información, regañan, castigan e incluso intimidan a sus hijos para que al final de cuentas terminen en manos de alguien incompetente que sin una evaluación detallada y un estudio completo los diagnostica con una enfermedad ficticia y se les medique con fármacos que dañan directamente al sistema cerebral.
Comuniquémonos con nuestros hijos, no importando su edad, y nos sorprenderemos de lo inteligentes y creativos que son y brindémosle nuestro apoyo y cariño dándoles más atención y menos pastillas.
Algunas lecturas recomendadas:
Niños autosuficientes, Elisa Medhus, Ediciones Aguilar.
Ternura y firmeza con los hijos, Alexander Lyford-Pike, Ediciones UC de Chile.
Cómo ayudar a los niños con déficit de atención, Dra. Laura J. Stevens, Editorial Grijalbo.
Cómo interpretar los dibujos de los niños, Nicole Bedard, Ediciones Urano.
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