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MAYO 2007

 

 

Enseñanzas de Jesucristo a sus discípulos

Este pequeño texto es el contenido de un manuscrito etiope de la Biblioteca Nacional de París, con una antigüedad de entre tres y cuatro siglos. Fue traducido por René Basset, reconocido lingüista estudioso de la literatura africana y de Medio Oriente, a quien debemos conocer muchas leyendas árabes, por ejemplo, pero también muchos libros no canónicos de tema esotérico y religioso. Entre los libros apócrifos Enseñanzas de Jesucristo... destaca por su carácter profundamente simbólico y por ser un apocalipsis con un valor fuertemente expresado en la visión de los Apóstoles.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, en un solo Dios.

Nuestro Señor Jesucristo habló a sus discípulos y les dijo:

Recibid de nuevo y retened mi palabra con mis nombres; no la debilitéis; no la despreciéis, no la consideréis insensata, no la envilezcáis. Prestad atención pues os digo cosas ciertas. Sabed y conoced cómo seréis salvados de vuestros pecados, pues mi palabra que aquí está es fuerte y poderosa, igual que mis nombres.

Luego les dijo sus nombres y añadió:

Elohé significa venerable.

Sourahé, grande.

Dëmânâhèl, que lo oscurece todo.

Aqbâder, altísimo.

Abyâter, que castiga.

Adânâèl, que ha perdonado.

Kènyâ, sabio.

Gëyon, rico.

Séqâ, juez.

S'éqâ, maestro soberano.

Qatanâou, creador de todo.

Satanâoui, Yyâguanadi.

Iyâèl, todos lo temen.

Amânouèl, cuya luz no se apaga nunca.

Oegzio, socorro.

Afrâèl, guardián y salvación.

Maryon, que tiene todo en su mano.

Nlolâoui, esencia.

El, El.

El, Elohé.

Elohé, que lo lleva todo.

Adonou, paciente.

Hédâ, curador.

E'ét'â, que lo alegra todo.

Yâoui, justo.

S'abâot, suave.

Efo, ëfo, ëfo, humilde.

Ofëkyour, constante.

Elohé, Elohé, Elohé, libre de pecado.

Mendyos, justo.

Aferâ, Aferâ, Aferâ, que da y que toma.

Efo, de tremenda voz.

Afronâ, no irascible.

Afëlt, los reyes.

Lah'ân, señor de señores.

Ourâèl, el primer magistrado.

No hay más Señor que él, ni arriba en el cielo, ni abajo sobre la tierra. Es Él, Jesucristo el Señor, Sabaot, santo, santo, santo, inmortal hasta los siglos de los siglos. Amén.

Luego los doce apóstoles interrogaron a Jesucristo y le dijeron:

He aquí que nos has concedido todo lo que te hemos pedido: nos has mostrado la luz que no se apaga y la alegría que no perece. Haznos ver ahora el infierno para que conozcamos su aspecto y su semejanza.

El Señor Jesús les respondió:

Más os valdría no verlo, pero os enseñaré este infierno, y cuando lo hayáis visto, temblaréis y vuestra alma temerá al contemplarlo.

Luego les enseñó el valle ardiente de fuego, lleno de arriba hasta abajo de un olor infecto y de un humo maloliente. Cuando vieron de lejos este olor y este humo, fueron sobrecogidos de temor y de temblor, de terror y de dolor, cayeron de bruces llorando lágrimas amargas. La vida desapareció de ellos y fueron como cadáveres durante cuarenta días y cuarenta noches.

El Señor Jesús les dijo:

Apóstoles míos, levantaos.

Entonces hicieron la señal de la cruz sobre sus caras y dijeron:

Hemos visto lo que hay de terrible y aterrador en la creación: cuando lo hemos visto, hemos caído de bruces y hemos sido como cadáveres; cuando hemos visto su humo aterrador, hemos llorado lágrimas amargas y hemos dicho: Es como si no hubiéramos nacido.

El Señor Jesús les respondió:

¿No os había dicho: Más os habría valido no verlo?

En verdad, Señor, nos lo has dicho, prosiguieron sus discípulos, pero ahora, muéstranos cómo serán salvados nuestros prójimos de este fuego devorardor.

Los doce discípulos lloraron durante doce años, luego dijeron:

Al Señor Jesús:

¿Por qué creasteis a nuestro padre Adán a tu imagen y semejanza? ¿No estás destruyendo la obra de tus manos? Explícanos pues claramente, ¡oh maestro!, cómo seremos salvados del infierno y del pecado. Si tienes piedad de nosotros, se nos llamará justos e inocentes. Se te llamará misericordioso y tu clemencia se manifiesta sobre todos los pecadores y los malvados, pues eres bueno, justo, sin mácula y suave. No hay nadie como tú, Señor, maestro nuestro; no hay hombre que no haga el mal ante ti, Señor. Son como el árbol que no quema, y el hombre realizado no puede existir sin ti, ¡oh, Dios!, maestro nuestro, no nos azotes con tu cólera y no nos castigues con tu látigo, pues no podemos soportar tu irritación, no podemos salvarnos; sálvanos con tu propia mano”.

Luego el Señor Jesús dijo a sus discípulos:

¿Acaso no os he dicho claramente: no descubráis tal cosa a aquellos que no podrían soportarla o guardarla? Si os revelara el secreto de mi nombre, un torrente de fuego abrasaría toda la Tierra: a vosotros os lo he desvelado todo, nada hay que os haya escondido, no hay nadie que os haya igualado, excepto mi madre María que me ha llevado nueve meses en su seno, que me ha estrechado en sus brazos, que me ha alimentado con su leche más dulce que la miel, excepto Juan que me ha bautizado en el río Jordán, que ha tocado mi cabeza, lo que no puede hacer la llama del fuego, excepto Abraham mi bien amado con quien hice alianza en el país de Kirakyos, estando yo en una columna de nube cuando hice descender un cordero en lugar de Isaac, su hijo, y le descubrí todos los secretos, excepto Moisés, mi servidor, con quien hice alianza en una columna de nube, a quien hablé cara a cara a quien permití vender al enemigo y que establecí durante cuarenta años como jefe de los hijos de Israel.

Los discípulos pidieron al Señor Jesús que no les revelara ni esta cosa ni su nombre escondido. Entonces Jesús les dijo:

He aquí, tomadlo en lo sucesivo, os doy este nombre, retenedlo y que os fortifique, pues por él salvaréis del pecado a todo hombre, si retenéis este nombre, cualquiera que lo invocara, o lo leyera, por él se purificará y crecerá en él será salvado del pecado.

El Señor Jesús escribió muchas cosas con sus manos sagradas y se las dio a leer: encontraron su santo nombre, sintieron una gran alegría y dijeron:

Alabado y glorificado seas, Señor nuestro Dios, tú que nos has mostrado todo esto, que nos has dado tu nombre sagrado.

Invocaron su nombre y dijeron:

Rifon, rifon, rifon. Râkon, râkon, râkon. Pis, pis, pis. Aflis, aflis. Mëlyos, mëlyos, mëlyos. Enâël, enâël. Noros, noros, noros. Kiros, kiros, kiros. Félon, félon, félon. Sirës, sirës, sirës. Linos, linos, linos. Lefërnos, lefërnos, lefërnos. Hiros, hiros, hiros, hiros. De todos éstos, mi nombre más grande es Kärseb Elyon: no hay ninguno que lo supere: no hay nadie que conozca esta palabra y este nombre excepto los cuatro animales celestes y los veinticuatro ancianos celestes, excepto María, mi madre.

Añadió:

Por este nombre seréis salvados y todos vuestros pecados os serán redimidos, así como a todos aquellos que estarán con vosotros. Aquel que lo retenga, que lo invoque, que crea en él será salvado y no será cubierto de vergüenza ante mí; no verá el humo del infierno; será purificado de sus pecados y de sus manchas, desde su juventud hasta su vejez, las faltas y los delitos que haya cometido le serán redimidos.

El Señor Jesús dijo aún:

De todo lo que está escrito en mis libros, nada hay que supere a esta palabra. Ésta es más fuerte que toda oración, a aquel que crea en ella lo salvaré, tendré piedad de él y lo perdonaré, lo juro por mi nombre, lo juro por mi trono elevado, lo juro por mi morada, lo juro por lo que pisa mi pie, lo juro por la cabeza de María, mi madre, lo juro por los santos ángeles, mis enviados, no me retracto de mi palabra, no soy injusto en mis juicios, no profano mi pacto.

Como has salvado a tus santos discípulos , asi también sálvame, Señor, por tu sagrado nombre, lávame y purifícame, tu servidor Oudda Mikâel.

El Señor dijo luego a sus discípulos:

¡Feliz el que cree en esta oración! ¡Feliz el que es lavado por el agua de esta oración! ¡Feliz el que es consolado por esta oración! ¡Feliz el que recibe esta oración con sus oídos! ¡Feliz el que retiene esta oración y por su virtud se vuelve sólido como la piedra! Lo guardaré por mi fuerza y mi poder y lo amaré como a mis discípulos. ¡Feliz aquel que lleve esta oración suspendida en su cuello! Ninguno de los malos espíritus podrá aproximarse a él; ninguno podrá alcanzar ni su alma ni su cuerpo, en casa de quien esté escrita ni la fiebre, ni la debilidad, ni el hambre penetrarán.

Satanás con sus fuerzas será expulsado, no se acercará; ningún ladrón entrará en ella; vencerá a la fuerza de sus enemigos; la casa, los niños y los sirvientes serán benditos; los ángeles no se alejarán nunca de él, la bendición de los profetas y de los apóstoles aumentarán sobre él; el espíritu de Satanás se alejará de él. Si crees y observas esta oración que borra los pecados y las faltas, que salva el alma y al cuerpo, actuará sobre ti. Si la recitas y si te purificas, obtendrás el efecto y el favor de los reyes; la boca del enemigo y la herida de la lanza no se acercarán a ti; vencerás, debilitarás domarás a todas las fuerzas de tus enemigos y de tus adversarios. No habrá nadie que pueda nada contra ti, que pelee contra ti, que pueda resistirte: todos temerán y temblarán ante tu palabra. Cuando vean tu cara, se asustarán y huirán. Tu palabra será saboreada por todos los hombres como la miel y la sal; nada de lo que los hombres se propongan en su espíritu, ni de la fuerza que empleen hará efecto contra ti. Así, cada uno será salvado diciendo:

Jesucristo, salvador nuestro, con quien sean la gloria, la alabanza y la celebración en los siglos de los siglos. Amén. Amén. Así sea. Así sea.



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