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Mayo 2011
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Descubre tu orquesta interna
(La musicoterapia humanista)
La humanidad ha dado a luz a infinidad de aportaciones y creaciones que fundamentan un legado rico y privilegiado, y en este momento se hará conciencia de dos de ellas, las cuales son: la psicología humanista y la música, pero sobre todo de la unión de estas dos grandes potencias: la musicoterapia humanista.
La psicología humanista resalta la dignidad humana y un ideal de vida, sus dos principios filosóficos son: la fenomenología y el existencialismo. La primera es un método para acercarse al hombre tratando de descubrir lo que da la experiencia, reconsiderando los contenidos de la conciencia penetrando más allá de los prejuicios, y la segunda pone énfasis en la existencia y en la forma en que los seres humanos viven sus vidas.
Uno de los grandes precursores de la psicología humanista, Carl Rogers, nos dice: el individuo posee en sí mismo medios para la autocomprensión, para el cambio del concepto de sí mismo, de sus actitudes y del comportamiento autodirigido. Estos medios o herramientas pueden ser explotados con sólo proporcionar un clima determinado de actitudes psicológicas favorables. Finalmente, en un contexto terapéutico la corriente humanista tiene dos premisas fundamentales: la confianza radical en el paciente y el rechazo al papel directivo del terapeuta, obteniendo como resultado un proceso dirigido con base en la experiencia del paciente.*
La música es un elemento que ha estado presente en todas las culturas del mundo, y su producción se manifiesta como una de las actividades fundamentales en el hombre. La creación musical revela al hombre una realidad privilegiada, sagrada y divina, pero también como un medio para entender y percibir el mundo. Ha sido un elemento de comunicación y expresión de los pueblos y de las personas, por medio de la creatividad.
Los sonidos que la componen forman parte de un lenguaje entendible por todos los seres humanos de esta Tierra, ya que cada sonido es capaz de unirse a otros y dar forma a una intención creadora, por lo que sus alcances son infinitos. Esta intención creadora tiene como fin comunicar y exponer particularidades que pueden abarcar desde concepciones, percepciones, sensaciones, emociones y muchas otras que contengan información del creador. Entendiendo esto, la música nos otorga dos grandiosas herramientas: la primera nos dice que toda obra contiene un mensaje que puede ser utilizado para empatizar con nuestra propia información y facilitar la expresión de la misma, y la segunda, la capacidad de crear nuestra propia exposición sonora dotada de información personal que leve a una materialización y concientización del Yo.
* Vea una exposición más detallada de la psicoterapia humanista y del pensamiento de Carl Rogers en el artículo de la página 19.
La tonalidad en una obra musical se refiere a cuál es la clave, es decir la tónica (determinada por la frecuencia de vibración del sonido) en torno al cual giran, comienzan y terminan en general frases y progresiones musicales. Las emociones en el ser humano son sus propias tonalidades. Al igual que un sonido, cada emoción vibra a distinta frecuencia, sólo basta con darse cuenta y percibir la frecuencia de cada una de ellas, en una situación común por ejemplo: el enojo nos mantiene en una vibración tensa e irritada, el miedo en una vibración densa y opresiva, la tristeza en una débil y estancada, la alegría en una vibración de éxtasis e irradiante y el amor en una cálida y elevada. Si bien las emociones del miedo, enojo y tristeza vibran en frecuencias bajas y el amor y la alegría son de características elevadas, todas ellas son indispensables en el ser humano, pues su existencia determina la nuestra. El objetivo principal es pues la escucha de ellas puesto que percibiéndolas comenzamos el camino del equilibrio emocional.
Una composición musical en su estructura contiene ritmos que dan forma al desarrollo tonal de la obra, por lo que un buen ritmo determinará en gran medida el éxito de una composición. Esto es un claro ejemplo de lo que sucede también en el ser humano.
Mencionábamos que las emociones son las tonalidades de nuestro mundo interno, por lo tanto el ritmo representa en nosotros la estructura conductual, psicológica y emocional que hemos adquirido a lo largo de nuestra vida, entendiendo la posibilidad de que este ritmo sea inestable y descoordinado, es de suma importancia retomar y reconocer introyecciones que han favorecido la falta de percepción de lo que nos sucede, creyendo que nuestras emociones solo existen para detener nuestro desarrollo y estacionarnos aún más en lo mundano, la trascendencia de la escucha emocional es un gran determinante para evolucionar al ser, puesto que estas nos permiten conocernos a profundidad logrando así un verdadero avance que reflejará nuestro equilibrio interno.
La espiritualidad hoy en día es definida como el proceso hacia la trascendencia del hombre, pero, ¿qué hay de las emociones?
En la actualidad se nos ha hecho creer que ellas obstruyen este proceso, pero se ha olvidado que gracias a ellas es que percibimos la grandeza del proceso espiritual, que ellas nos permiten alcanzar verdaderos estados de equilibrio interno otorgando sincronía en nuestro interior, siendo esta la más privilegiada herramienta para el trabajo espiritual.
Cada emoción sin exceso tiene una virtud, el enojo nos da la capacidad de poner límites, el miedo nos alerta de situaciones que ponen en peligro nuestra integridad física, psíquica y espiritual, la tristeza real nos otorga un proceso de recuperación ante una pérdida, la alegría nos da la percepción optimista de las cosas y el amor nos otorga la aceptación, la paz y la trascendencia humana y espiritual.
Como seres humanos nuestra debilidad se centra en el apasionamiento, desequilibrio, exceso y/o estancamiento de las emociones, produciendo en nosotros bloqueos energéticos y físicos en nuestro organismo pudiendo así desencadenar enfermedades físicas y/o psicológicas y por tanto perdiendo alguna posibilidad de aceptación de ellas, por lo que un verdadero trabajo sería permitirnos de nueva cuenta reestructurar nuestra percepción, escuchar su melodía y reajustar el ritmo que necesitan para sincronizarse con el espíritu, obteniendo así el gran valor que ellas contienen.
La música está en todas partes y en cada momento de nuestra vida, con ella nacimos, crecimos y con ella moriremos. En la gestación del vientre materno escuchamos ambos latidos de corazón, siendo éstos el primer ritmo que coordinó nuestro crecimiento. Durante nuestro desarrollo la música nos ha acompañado en un arrullo, en un juguete, en un video juego, en nuestros gustos musicales y en la naturaleza misma; en nuestra etapa adulta, se vuelve uno de los recursos y medios para expresarnos y desahogarnos ya que nos trae recuerdos claros de cualquier índole, y por último en nuestra parte final, la escucha nuevamente de los latidos finales de nuestro corazón y de las personas que nos amaron y que construyeron el ritmo cursor de nuestra vida.
La musicoterapia humanista conjuga todas estas ideas y herramientas antes mencionadas y se convierte en una poderosa opción para generar autoconciencia.
La musicoterapia humanista nos otorga la maravillosa capacidad de escuchar nuevamente estas tonalidades del ser. Entendiendo que la verdadera escucha es vivir, experimentar, procesar, empatizar, aceptar y equilibrar nuestras emociones logrando así el reconocimiento de mi interior.
La musicoterapia humanista se centra en la persona, entendiéndola como un ser que por sí mismo sabe lo que necesita y requiere para alcanzar su cúspide emotiva equilibrada.
La música representa el camino hacia el interior, pues ésta empatiza con nuestras propias tonalidades, ajustándose dependiendo lo que se necesite. Genera una conexión entre lo que sucede en el exterior y lo interior logrando así la profundización de nuestras experiencias pasadas y presentes.
El trabajo de la musicoterapia humanista parte del uso de toda capacidad creativa musical para experimentar estas emociones, así mismo, esta estimulación creativa del paciente permite generar nuevas conexiones mentales por lo que de esta manera la persona estimula sus recursos ante nuevas eventualidades que surgirán en su vida.
Para la musicoterapia humanista la música es de todos y no de unos cuantos, todos formamos parte de ella y desde nuestros inicios se ha desarrollado como una fuente de expresión, retomar esta concepción es parte de su misión.
La auténtica sanación se encuentra en ti, sólo es necesario reaprender a escucharte, encontrar tu verdadero ritmo y convertirte en tu propio director de orquesta, de esa orquesta llamada vida.
El autor de este artículo nos hablará de su trabajo con musicoterapia humanista en su conferencia en la Librería Yug.
No hace falta ser muy filosófico para admitir la existencia de una música inaudible alrededor, que satura aun nuestros cuerpos. Toda la materia se encuentra perpetuamente en estado de vibración. Que un determinado diapasón de vibraciones afecte nuestro sentido del oído nos hace sordos, para bien o para mal, a un diapasón de vibraciones mucho mayor que no podemos escuchar. Un grupo que investigaba los círculos megalíticos en Gran Bretaña, los Rollright Stones en Oxfordshire, descubrió que las piedras emiten en la actualidad vibraciones de ultrasonido de extraordinaria potencia y que varían según pautas regulares dependiendo de la hora, la fase de la luna y la estación del año. Don Robbins, químico encargado de la investigación, llegó a la conclusión de que la materia de las piedras y la geometría de su emplazamiento transmiten las microondas energéticas provenientes del Sol, amplificándolas a gran nivel y emitiéndolas en pulsaciones regulares. Al aplicar sus métodos a un círculo lítico moderno construido siguiendo los principios antiguos, Robins dijo que encontró una energía ultrasónica tan alta que dañó sus instrumentos.
Joscelyn Godwin
(en su libro Harmonies of Heaven and Earth)
La psicóloga y musicóloga Hildemarie Streich descubrió en muchos años de práctica analítica que el inconsciente puede activar la música para sus propios fines mientras el paciente duerme. Al reunir cientos de sueños musicales de personas de todo tipo concluyó que la aparición de la música en sueños tiende a marcar etapas importantes en los procesos de cura e individuación, como si el inconciente del hombre moderno cumpliera con la antigua función de la terapia musical como se practicó en los centros curativos de la antigüedad.
Joscelyn Godwin
(en su libro Harmonies of Heaven and Earth)
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La música que tiene un fuerte sentido personal o que es rica en asociaciones del pasado propio se puede usar para recuperar esa parte de la vida, revivirla en la imaginación y comprender mejor cómo es que uno llegó a ser lo que es. La música que afecta fuertemente las emociones (Wagner, Mahler) ofrece un vislumbre de una “alegría cósmica” y de una “pena cósmica” que no son en absoluto personales y conducen a uno más allá de los intereses del propio ego. De igual modo pueden usarse los extremos de la emoción musical como trampolín para elevarse a un plano de sereno desprendimiento. También los sorprendentes poderes de la música evocan imágenes del subconciente con las que, igual que con los sueños, pueden trabajar el terapeuta y el paciente. Si éste puede tocar música y no sólo escucharla, se abre una gama completa de posibilidades para desarrollar la autoconciencia y explorar la relación mente-cuerpo.
Joscelyn Godwin
(en su libro Harmonies of Heaven and Earth)
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