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Mayo 2010
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El rishi y la ninfa
(una historia de los Puranas)
Del brazo derecho del malvado rey Vena, frotado por los rishis que lo habían matado encolerizados ante el mandato de éste de adorarlo a él y no a Vishnú, nació Prithu, tan resplandeciente que parecía que el dios del fuego se había manifestado en él. Brahma, padre supremo de todas las cosas, reunió a los dioses y a todos los seres animados e inanimados para consagrarlo. Prithu tenía en su mano derecha la marca del disco de Vishnú, visible en quien nace para ser un emperador universal, cuyo poder no pueden derrotar ni siquiera los dioses. Prithu pronto hizo cesar las quejas del pueblo oprimido por su padre y al ganar su afecto obtuvo el título de rajá.
Prithu tuvo dos hijos: Antardhi y Pali. Hijo de Antardhi y su esposa Shikhandini fue Havirdhi, que casó con Dishana, princesa de la raza de Agni, y que tuvo seis hijos. El primero, llamado Prachinabarhis, fue un poderoso príncipe y patriarca. Después de haber hecho severas penitencias se casó con Savarna, hija del océano, de la cual tuvo diez hijos, los Prachetasas, que fueron muy hábiles en la ciencia militar; practicaron todos los mismos deberes, observaron las mismas austeridades religiosas y permanecieron sumergidos en el lecho del océano por diez mil años, esto último con el fin de contribuir con esta práctica a la misión de acrecentar a la especie humana, la cual Brahma había encomendado a Vishnú. Así pasaron diez mil años los hijos de Prithu glorificando a Vishnú y meditando sobre él hasta lograr el don de multiplicar a la especie humana.
Mientras los Prachetasas estaban absortos en sus meditaciones la Tierra, desprovista de vegetación, se cubrió de árboles y los hombres perecieron; los vientos no podían soplar, el cielo estaba oculto por los bosques y la raza humana estuvo fuera de estado de trabajar durante diez mil años. Cuando los sabios, saliendo del fondo del mar, vieron esto se irritaron y el viento y las llamas salieron de sus bocas.
Al ver Soma, la Luna, soberana del reino vegetal, que todos los árboles habían sido destruidos, a excepción de un pequeño número, se dirigió a los Prachetasas y les dijo a esos patriarcas: "Repriman su indignación, príncipes, y escúchenme. Yo formaré una alianza entre ustedes y los árboles. Conociendo de antemano el porvenir, he nutrido con mis rayos a la preciosa virgen hija de los bosques. Se llama Marisha y asegurará los renuevos de los árboles. Ella será esposa de ustedes y multiplicará la raza de Dhruva. De una porción del brillo de ustedes y una porción del mío, sabios poderosos, nacerá de ella el patriarca Daksha, quien será tan resplandeciente como el fuego y multiplicará a la raza humana”.
"Hubo en otro tiempo –continuó Soma– un sabio llamado Kandu, cuya alta sabiduría era eminente y que practicaba piadosas austeridades en las orillas deliciosas del río Gomati. El rey de los dioses envió a la ninfa Pramlocha para que turbara la penitencia del sabio, y la joven de la dulce sonrisa lo apartó de sus devociones. Juntos vivieron en el valle de Mandara durante ciento cincuenta años y durante ese periodo el espíritu del muni estuvo por completo entregado al placer. Al expirar ese periodo la ninfa le pidió permiso para volver al cielo, pero el muni, siempre tiernamente apegado a ella, le suplicó que permaneciese algún tiempo más a su lado y ella accedió, pasando cien años más con el sabio a quien fascinaba. Al cabo de los cien años, volvió a solicitar de él permiso para regresar a la morada de los dioses, y el muni le rogó otra vez que permaneciese a su lado. Un siglo más tarde la ninfa le dijo sonriente: «Me voy, brahmán», pero el muni, reteniendo a la joven de los hermosos ojos, le replicó: «No, permanece a mi lado un poco más de tiempo; luego te irás». Temiendo incurrir en una imprecación, la graciosa ninfa continuó viviendo con el sabio durante más de doscientos años, solicitando de él repetidas veces el permiso para volver a la morada de los dioses, pero siempre él le rogaba que se quedara. Temiendo su maldición y sabiendo cuánto aflige el separarse de un objeto que se quiere, no abandonó al muni, cuyo espíritu, por completo subyugado por el amor, se apegaba cada vez más a Pramlocha.
Una tarde el sabio salió de su cabaña con gran precipitación. La ninfa le preguntó a dónde iba y él le respondió: «El día se acerca a su fin, es preciso que adore a Sandhya si no quiero olvidar mi deber».
La ninfa sonrió con alegría y le dijo: «¿Por qué dices que el día toca a su fin? Tu día se compone de numerosos años y debe ser causa de general asombro. Explícame qué significa eso».
El muni contestó: «Hermosa joven, tú llegaste a las orillas del Gomati con la aurora, te vi y entraste en mi cabaña. Ahora la noche se aproxima y el día se acaba. ¿Qué significa tu risa? Dime la verdad».
Pramlocha le contestó: «Tienes razón, venerable brahmán, cuando dices que yo vine aquí con la luz de la aurora, pero muchos siglos han transcurrido desde mi llegada. Tal es la verdad».
Al oir estas palabras el muni quedó asombrado y le preguntó cuánto tiempo había gozado de su compañía, a lo que ella contestó que habían vivido juntos por espacio de novecientos años, seis meses y tres días. Kandu le preguntó si decía verdad o si hablaba así por chanza, porque a él le parecía que sólamente habían vivido juntos un día. Pramlocha le respondió que ella no se atrevería jamás a faltar a la verdad pretendiendo engañar a aquel que seguía en su vida un sendero de piedad, sobre todo habiéndole pedido que le dijera lo que había pasado. Cuando el muni escuchó sus palabras y reconoció que eran ciertas, se dirigió amargos reproches exclamando: «¡Vergüenza, vergüenza sobre mí! ¡He interrumpido mi penitencia! ¡Me han despojado de los tesoros de los sabios, han turbado mi juicio! Esta mujer ha sido creada para seducirme. Brahma no podía ser alcanzado por un hombre a quien agitaban las ondas de la debilidad. Yo había dominado mis pasiones y estaba a punto de alcanzar la sabiduría divina. Eso estaba previsto por aquel que me envió a esta mujer. ¡Vergüenza sobre la pasión que ha paralizado mis devociones! Todas las austeridades que me habrían conducido a la sabiduría de los Vedas las ha vuelto infructuosas la pasión, que es el camino del infierno».
Después de haberse dirigido estos reproches el sabio se volvió hacia la ninfa y le dijo: «¡Ve, pérfida, ve a donde quieras! Al turbar mis penitencias con tus facciones has cumplido la misión que te había confiado el monarca de los dioses. No te reduciré a cenizas con el fuego de mi cólera. Siete pasos dados juntos bastan para crear la amistad entre dos hombres virtuosos. Tú y yo hemos vivido uno al lado del otro, pero en verdad, ¿cuál es tu falta? ¿Por qué me encolerizo contra ti? El pecado es mío, solamente mío, por no haber sabido domar mis pasiones. Sin embargo, vergüenza sobre ti, que para obtener el favor de Indra no has vacilado en turbar mis devociones».
"Mientras el muni le hablaba Pramlocha estaba ante él, de pie y temblando, y grandes gotas de sudor bañaban su piel. «¡Parte, vete!» le gritó el sabio, y entonces ella abandonó su morada y cruzando los aires enjugó con las hojas de los árboles el sudor que corría por su cuerpo. Así fue de árbol en árbol y el hijo que había concebido salió en gotas de sudor por los poros de su piel. Los árboles recibieron aquel rocío viviente y los vientos lo recogieron en una masa.
"Yo la he calentado con mis rayos —agregó Soma— y esa masa ha aumentado paulatinamente de volumen hasta que de las gotas de sudor caídas sobre los árboles nació la gentil Marisha. Los árboles se la darán, Prachetasas, calmen su indignación. Ella es la progenie de Kandu, esposo de Pramlocha, la hija del viento y de la Luna. El sabio Kandu, después de la expiración de sus piadosos ejercicios, fue a la región de Vishnú, llamada Purushottama, en donde dedicó todo su espíritu a la adoración de Hari, manteniéndose de pie con los brazos en alto y repitiendo las plegarias que comprenden la esencia de la verdad divina”.
Los Prachetasas dijeron: "Deseamos oir las sublimes plegarias que el piadoso Kandu recitó y que le hicieron propicio a Keshava". Entonces Soma les recitó lo que sigue: "Vishnú está más allá de los límites de toda cosa, es infinito, está más allá de lo que carece de límite, está por encima de todo lo que está encima, existe como verdad infinita, es el objeto del Veda, el límite de los seres elementales, inapreciable por los sentidos, poseedor de un poder sin límites. Es la causa de la causa, la causa de la causa de la causa y conservador del universo. Es Brahma, el señor, Brahma, el ser universal, Brahma, el progenitor de todos los seres, imperecedero, Brahma, el eterno, que no nació y que no tiene fin, el que es incapaz de aumento o de disminución. Purushottama es el Brahma eterno, venerado, inmutable. ¡Que las imperfecciones de mi naturaleza sean aniquiladas por efecto de su favor!"
"Por haber recitado este elogio, esencia de la verdad divina, dirigiéndose a Keshava, obtuvo Kandu la emancipación final". Soma continuó:
"Les diré también lo que fue en otro tiempo Marisha. El relato de sus meritorios actos tendrá gran utilidad para nosotros. Era viuda de un príncipe y no había tenido hijos; adoró con fervor a Vishnú el cual, satisfecho de su celo, se le apareció y le dijo que le hiciera una petición. Ella le reveló los deseos de su corazón diciéndole: «Desde mi infancia soy viuda; he sido desgraciada e inútil, nací en vano. ¡Oh soberano del mundo!, te ruego que en mis futuros nacimientos tenga maridos que me honren y un hijo que sea un patriarca entre los hombres, y que yo posea riqueza y belleza, gustando a todos los ojos de una manera extraordinaria. ¡Concédeme lo que te pido, tú que eres favorable a las personas piadosas!»
"Hrishikesha, el dios de los dioses, el dispensador supremo de bendiciones, invocado de esta manera, levantó a Marisha, prosternada ante él, y le dijo: «En otra vida tendrás diez maridos de un valor notable que los hará célebres; tendrás un hijo magnánimo y valiente, del cual saldrán y se multiplicarán las diversas razas humanas, cuya posteridad llenará el universo. Tendrás un nacimiento milagroso y estarás dotada de gracia y amabilidad, encantando así el corazón de los hombres».
"Habiendo hablado así el dios desapareció y aquella princesa renació más tarde de la manera que ya les he contado. Es ella la que les he dado por esposa".
Acabó Soma y los Prachetasas tomaron por mujer a Marisha, como les había dicho, deponiendo su indignación contra los árboles, y engendraron al eminente patriarca Daksha, el cual había nacido como hijo de Brahma en una existencia anterior. Este sabio eminente, obedeciendo las órdenes de Brahma, veló por el aumento de la raza humana, creó los objetos que se mueven y aquellos que no se mueven, los bípedos y los cuadrúpedos, y más tarde, por un efecto de su voluntad, dio nacimiento a las mujeres, dando diez de ellas a Dharma, trece a Kashyapa y veintisiete regularon el curso del tiempo de la Luna. De ellas nacieron los dioses, los gigantes, los dioses serpiente, los ganados y las aves, los sacerdotes, los cantores y los danzantes celestiales, los espíritus del mal y los demás seres. Después de aquel periodo las creaturas vivientes han sido engendradas con el concurso de los dos sexos. Antes del tiempo de Daksha la humanidad se propagaba de diversas maneras: por la voluntad, por la vista, por el tacto y por la influencia de las mortificaciones religiosas.
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