CUENTO
De tigres y vacas
El rey Prabhañjana cazaba un día en lo profundo del bosque cuando vio a un ciervo tras un matorral y sin pensarlo le disparó una flecha. El animal le dijo: “¡Qué crimen es este! Tú me has herido, a mí, que alimento a mi hijo. He oído decir que el rey no mata a un ciervo cuando éste bebe, duerme, se aparea o cuida a su cría. Ya que has roto tu palabra y llevado a cabo este cruel acto, provocando mi muerte y la de mi hijo, que seas transformado en un tigre y que rujas para siempre alrededor de este espinoso bosque”. Prabhañjana repitió una y otra vez que no sabía que el ciervo alimentaba a su cría, y le rogó que anulara la maldición. Apiadándose del lloroso rey, el ciervo le dijo que sería perdonado cuando hablara con una vaca llamada Nanda (Deleite), que debería encontrarse en ese lugar dentro de mil años.
De acuerdo con la maldición, Prabhañjana se transformó en un tigre y durante mil años se alimentó de animales salvajes. Al término de ese tiempo pasó por allí un atado de vacas bajo el liderazgo de la bella Nanda, quien sin advertirlo llegó hasta el lugar donde habitaba el tigre. El feroz animal la avistó, tras unos cuantos saltos llegó hasta ella y la atrapó con sus enormes garras. Llorando a gritos la vaca le dijo: “Oh tigre, yo tengo una pequeña cría que aún no prueba el pasto y está esperando el regreso de su madre. Permíteme ir hasta ella, dejarla a salvo en el cobertizo con las otras vacas y regresaré para que puedas devorarme”. Apiadándose de la vaca, el tigre le concedió su petición y Nanda regresó puntualmente al caer la tarde. El enorme felino, sorprendido ante la honestidad de su presa, le preguntó su nombre y cuando ella contestó que era Nanda, el alma de Prabhañjana que habitaba en el tigre se liberó de la vieja maldición y volvió a ser un hombre. Apareció entonces Dharmadeva, el dios de la armonía universal y le dijo a la vaca que pidiera el don que quisiera. Nanda le respondió: “Deseo alcanzar junto con mi cría un lugar sagrado para munis (linaje de sabios). También deseo que en esta región el río Sarasvati lleve mi nombre”.
De inmediato Nanda y su crío ascendieron al cielo y Prabhañjana regresó a su palacio. Desde entonces el río Sarasvati también fue conocido como Nanda.
Del Padma Purana, sección Shrishtikhanda
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