Revista esotérica El Buscador y sus caminos:
Te invitamos a que leas la version web de la revista El Buscador. En los reportajes encontrarás temas de fondo sobre esoterismo, mitología hindú, yoga, astrología, numerología, lo último en noticias de salud con métodos naturales y muchas cosas más.
Si deseas leer la versión impresa la puedes conseguir en las tiendas YUG o te puedes suscribir, para que la recibas por correo tradicional.
Tarifas para anunciarte en la versión impresa:
En el Buscador y sus caminos encontrarás artículos de fondo, sobre esoterismo, mitología hindú, lo último en noticias de salud con métodos naturales y muchas cosas más. Si deceas ser informado de cuando se actualiza el boletin Yug. SUSCRIBETE AL BOLETIN YUG.
Enero 2011
Para encontrar un artículo de su interés , simplemente escriba algunas palabras descriptivas relacionadas con el tema que buscas y presione la tecla "Intro" (o haga clic en el botón de búsqueda) para ver la lista de resultados relevantes
El aura humana
El conocimiento del aura humana está impregnado en la cultura hindú. Las más antiguas referencias al respecto pueden encontrarse en los Vedas, hace aproximadamente 3500 años. Los rishis (sabios, videntes) cuando tenían sus visiones en las que captaban las revelaciones de conocimiento del Absoluto en las alturas montañosas y los aislados bosques, se extasiaban en universos internos de incomparable belleza y color. Veían resplandecientes arociris místicos que emanaban de los devas y mahadevas de los mundos interiores. La palabra deva en su significado de ser espiritual resplandeciente describe al suryapariganam (luminoso, igual al Sol), el campo del aura.
El alma, etérea e invisible, es tan real como el arcoiris, la puesta de sol o la aurora boreal. Todos tienen un aura, una burbuja ovalada de luz de colores, emanando de sus cuerpos internos. Siempre estamos concientes de ella, en especial por medio de nuestros sentimientos y de nuestra intuición. Mucha gente puede ver el aura de las otras personas. El conocimiento del aura puede incrementar nuestra devoción en el altar de nuestro hogar y en el templo. La profunda y penetrante paz que emana del aura de una gran persona, una gran alma, es el efecto de su presencia poderosa y pura. El aura humana se extiende a un metro y veinte centímetros alrededor del cuerpo, y en el caso de seres muy evolucionados alcanza hasta un metro con ochenta centímetros. En las artes hindú y cristiana los grandes santos son representados con frecuencia con un nimbo rodeando su cabeza. Esto representa el chakra Sahasrara coronado de mil pétalos abiertos hacia la Kundalini fluyendo en el aura. En sánscrito su aureola se llama prabha mandala (círculo de luz) o diptachakra (círculo brillante). El aura está compuesta de una variedad de vibraciones de color. Cada área de la conciencia, cada sutil configuración del chitta o elemento de la mente, tiene un tipo de vibración y color.
Los colores que se ven alrededor de una persona primero se ven en nuestra propia mente. No se pueden ver con claridad alrededordel cuerpo físico sin antes habernos adaptado a esta nueva forma de ver, pero no en el aire mismo sino en la profundidad del éter, porque el aura pertenece al plano astral, el devaloka. Los niños pueden ver el aura y también los animales.
Cuando se ha desarrollado la visión psíquica, viendo a través de los ojos del alma, estaremos capacitados para mirar a una persona, ver su aura e, interpretando los colores, intuir dónde está flotando su conciencia en el maravilloso mundo de la mente. Por ejemplo, si la conciencia de una persona flota a través del área de la vasta sustancia mental que contiene la vibración de la depresión, veremos que su aura es gris, débil y lúgubre. Si está experimentando un profundo amor espiritual por toda la humanidad, su aura se tornará azul claro orlado de amarillo. Si ésta incluye más calor humano y felicidad, junto al azul claro se verá un color rosa. Pero si por un contratiempo inesperado se olvida completamente del amor universal y se vuelve iracundo, el azul palidecerá y el rosa se tornará en rojo llameante salpicado de negro. Después, si sintiera remordimiento por su exabrupto emocional, su aura volvería al azul oscuro y difícilmente se podría ver su rostro a través de la niebla azul profundo que se formaría alrededor de su cuerpo. Si la conciencia flota en el área de la mente donde se ubican la inferioridad y los celos, el aura se volverá de un lúgubre verde oscuro. Una persona con inclinaciones sanas tendrá un aura de un hermoso verde pálido. Un estudiante que está en camino de aumentar su conocimiento intelectual tiene un aura de un amarillo brillante. Las combinaciones son casi infinitas. ¿De dónde vienen estos colores? Todas las cosas en el manas, la mente, son sonido y color, primero sonido y después color. Si miramos atentamente a nuestro alrededor observaremos que la vibración en cada objeto físico tiene sonido y color. Todo es sonido (nada), desde el primer sonido, el aum cósmico primordial, hasta el nada nadi shakti, la corriente de la Kundalini, que interconecta un infinito espectro de tonos y microtonos en la vida. Todos estos sonidos son ondas que golpean en los tímpanos de la conciencia, estallando en colores. Todo es también forma porque los sonidos y el color se configuran a la vez en diseños y formas reconocibles. En las áreas más sutiles de la mente todas las cosas son sonido y color, se reconocen por medio del sexto sentido del tercer ojo, la facultad del chakra sutil Ajña, conectado con el área de la glándula pineal, detrás del entrecejo. Esta facultad siempre está latente; sólo debemos aprender cómo despertarla y usarla. La gente usa con frecuencia su tercer ojo aunque lo haga de forma inconciente. Un devoto que está meditando, concentrado profundamente, en el transcurso de media hora cambiará tres, cuatro o cinco veces el color de su aura a medida que su conciencia se mueva desde los colores más densos de las áreas instintiva e intelectual hasta los brillantes matices de los profundos reinos espirituales. Su aura se verá sombreada de azul claro y amarillo mezclados con blanco. Después, a medida que vaya avanzando por los senderos de Satchidananda, comenzarán a surgir rayos de luz desde la fuente central de energía del núcleo del Sushumna (nervio central espiritual que corre a lo largo de la columna vertebral) y se desbordarán a través de su aura, penetrando su envoltura externa.
La energía del aura se genera en los siete chakras o gran centro de fuerza nerviosa dentro de los cuerpos físico, astral y espiritual. Cada chakra es un vórtice de poder mental en espiral, una vasta área colectiva de muchos, muchos estratos de pensamientos de energía mental y espiritual. Así como las espirales de los chakras liberan energía en los 72 000 nervios de los nadis sutiles del sistema nervioso, estas energías saturan las células del cuerpo físico con vida y vitalidad y la irradian a través de los koshas (envolturas o campos de fuerza) que las rodean. Éstas son como las nubes en consistencia y reflejan esta energía igual como ellas reflejan los rayos del Sol.
El aura humana es un reflejo de la onda de energía generada en nuestra mente por nuestras emociones y por nuestro cuerpo. La energía física fundamental del aura no cambia; la que cambia es la que fluye de los chakras. El aura sólo refleja estas energías como vibraciones de color.
Nuestras auras y nuestros pensamientos y los sentimientos que los originan afectan e influyen en nuestro alrededor. En otras palabras, nos descargamos en los demás. Cuando uno deposita mentalmente sus problemas a los pies de la Divinidad en un templo, en el mundo invisible del devaloka, lo que ocurre es que la deidad y los devas que la asisten trabajan con estos problemas en el interior de nuestra aura, desintegrando o clarificando cualquier congestión que localicen allí. Iluminan los colores oscuros que se crearon viajando a lo largo de estados depresivos de la mente, inyectándolos con rayos de luz blanca y violeta del sanctum profundo. Difícilmente podemos ver este suceso, pero sí lo podremos sentir, y salimos del templo renovados y libres de congestión y pesar. También podemos inundar nuestra aura con rayos de luz blanca y violeta, como lo hacen las deidades y los devas. Así como los Vedas declaran: "Tat tuam asi", "Tú eres Eso", el Ser, su resplandeciente luz, está y es accesible dentro de nosotros. Si estamos malhumorados, celosos o irascibles, existe una forma de usar esa luz para curarnos.
El malhumor propicia que nuestra aura esté ahora sombría, de un color verde oscuro, posiblemente acentuado con chispas negras y rojas. Para contrarrestar esa densidad sólo debemos agregar blanco, visualizar luz blanca para que fluya desde el centro de nuestra columna, desde la corriente del nadi Sushumna, dentro y a través del aura; visualizar rayos de color violeta haciéndolos fluir hacia nuestra nueva aura blanca fortaleciéndola para disipar la oscuridad. Si el resentimiento y la ira no se vencen en esta vida, estos karmas germinarán esperando la ocasión para volver a manifestarse en el próximo nacimiento. Cuando se presenten las condiciones adecuadas estallarán en una gama completa de colores y se apoderarán del área externa del aura, la de las emociones.
A medida que el niño crece físicamente en el vientre de la madre crece también su aura interna. Ésta es la razón por la cual en la India las madres en periodo de gestación cantan canciones religiosas. Esto bendice al niño con rayos de luz de tonos pastel que penetran al cuerpo astral del bebé y lo ayudan armonizando cualquier germen de karma negativo.
Los Upanishads nos dicen que debemos purificar el intelecto. ¿Qué significa esto exactamente? En un sentido quiere decir que debemos encender los colores de nuestra aura interna dentro del subconciente. Cuando el subconciente queda finalmente puro, el intelecto refleja esta caridad y el aura externa es de color amarillo, azul y lavanda. El sadhana diario ayuda a prevenir arranques emocionales que impregnen el aura de energías rojas que agitan los vritis u ondas mentales, perturbando shanti, la paz mental innata y natural.
Los colores que se utilizan para armonizar y proteger la naturaleza emocional son el azul claro y el violeta. Visualicen el hermoso cielo azul y violeta brillante y sentirán cómo se tranquilizan los sentimientos y las bajas pasiones. Cuando este método se lleva a cabo con regularidad nuestra aura se vuelve impermeable a todos los sentimientos y humores negativos de los demás y nos transportamos a los más puros y elevados reinos de la mente suprema.
CÓMO VER EL AURA
Para comenzar a adquirir esta visión, mire suavemente a alguien por el rabillo del ojo. Esto funciona mejor en una habitación iluminada débilmente, en donde la persona esté enmarcada por un fondo oscuro. Al principio verá los colores con su mente y no de forma física alrededor del cuerpo. Después, a medida que se va adaptando a esta nueva forma de ver, se comenzarán a ver colores, pero en el éter interno, no en el aire, porque el aura es del plano astral.
La mayoría de las personas no obtienen la visión áurica en pocos días, ni siquiera en meses. Es un estudio permanente y si se desea obtener en él buenos resultados, se requiere además que la vida y los hábitos de la persona se mantengan en un plano elevado. Las fuerzas más sutiles no son discernibles a los ojos del burdo materialista o del buscador de maravillas y sensaciones. No es que se considere que "teniendo ojos, no ven". El estudio y la práctica de la visión del aura son algo que no debe ser emprendido con ligereza. Es uan fuerza seria e inapreciable y debe utilizarse para la elevación y el mejoramiento de la humanidad.
DESARROLLAR LA VISIÓN ÁURICA
Puede comprobar su sensibilidad a las radiaciones áuricas con esta sencilla prueba.
En la noche cuando se vaya a dormir lleve consigo un imán ordinario. Con el cuarto lo más oscuro posible, métase en la cama y relájese por unos minutos. Es importante que su mente esté lo más inactiva posible. Luego ponga el imán bajo las cobijas y mire fijamente hacia el sitio en donde está; por supuesto, tendrá que levantar un poco las cobijas, pero el imán no debe verse en absoluto, aunque puede tratar de ubicarlo mediante el tacto. Después de unos momentos deberá ver una luz débil y pálida circundando los polos del imán, cuya intensidad variará según el grado de clarividencia áurica que posea. Podrá observar apenas una mancha brumosa de luz, o bien rayos claramente definidos. Cualquiera de los dos fenómenos indica que en efecto tiene capacidad de ver el aura.
Si no ve ninguna luz la primera vez ni la siguiente, no se dé por vencido. Tómese una o dos semanas para probar. Ésta es una prueba sencilla, elemental. Si desea avanzar más en la visión áurica, puede experimentar concentrando la facultad sensitiva en otra persona. Debe ser alguien con quien esté en armonía. Debe colgar una cortina oscura o algún material oscuro u opaco sobre la pared opuesta a la ventana de un cuarto tranquilo. El sujeto se para o se sienta a una distancia de 25 a 40 cm de la cortina oscura de modo que la poca luz que haya caiga uniformemente sobre su cuerpo. Con algunos observadores es preferible, pero no esencial, que el sujeto permanezca lo más lejos posible y desnudo.
Si realiza la prueba de día debe colocarse cerca de la ventana y mirar fijamente el cielo, no el sol, por medio minuto; si es de noche bastará con ver la luz eléctrica el mismo tiempo. Después deberá cerrar los ojos, sentarse, relajarse y ponerse tan pasivo como le sea posible, concentrándose mentalmente en la idea del aura. Tendrá cuidado de evitar un esfuerzo de voluntad. Mirando fija y tranquilamente al sujeto, debe notar la formación de alguna nebulosidad, luces o rayos en cualquier zona de su cuerpo. No se desanime si no ve nada. Es necesaria una práctica paciente y regular para esta forma de desarrollo psíquico. Los colores no siempre se ven objetivamente, pero pueden sentirse.
Para visualizar los colores
He aquí un ejercicio muy provechoso para adquirir la percepción del color en las auras. Ponga unas tiras de papel de colores brillantes dentro de sobres distintos, siéntese en una silla confortable o reclínese en un sofá o una cama enuna posición cómoda y respire profundamente unos minutos, con lo cual se relajará.
Respire profunda y lentamente hasta que ya no pueda inhalar más aire; ahora retenga el aliento y empuje la presión total de los pulmones sobre la boca del estómago durante unos pocos segundos para después exhalar gradualmente hasta que los pulmones se vacíen por completo. Esta respiración tiene que hacerse bajo el control conciente de la mente. Durante el ejercicio visualice los siete principales rayos cósmicos. Haga una imagen mental de un globo de luz que cambia constantemente de color: primero rojo, luego anaranjado, amarillo, verde, azul, índigo y violeta. Después de pocos minutos de concentrarse en los colores ponga uno de los sobres en su mano o contra el centro de su frente y trate de visualizar el color del papel que contiene. A veces las emanaciones áuricas se verán asentarse sobre las manos de una u otra de las personas presentes, por lo general las más sensitivas.
Es usual hacer los experimentos a plena luz durante la primera media hora. Durante la segunda, cuando la concentración y la práctica han producido cierta pasividad, pueden hacerse a media luz.
S. G. J. Ouseley
(La ciencia del aura)
LO MEJOR DEL BUSCADOR Y SUS CAMINOS
|