La oportunidad de una nueva era.
La Educación Sai en México
Alberto Morales
Cuando Sathya Sai Baba era un muchacho de doce años y comenzaba a estudiar la secundaria, el profesor de actividades teatrales de su colegio le pidió que escribiera y montara una obra en idioma télegu. La representaron en la escuela y el mismo Sathya actuó como protagonista. El niño personaje de la obra, llamada “¿Siguen los actos a las palabras?”, oía a su madre predicar con sus amigas la generosidad pero la veía golpear a un pordiosero que le pedía de comer, escuchaba a su padre destacar la importancia de que los jóvenes se educaran para luego verlo negarse a apoyar a un muchacho pobre que no podía pagar sus estudios; finalmente presenciaba cómo el maestro les pedía engañar al supervisor escolar mientras les enseñaba la importancia de decir la verdad. El niño, claro está, terminaba negándose a estudiar pues de nada le serviría aprender aquello que nunca pondría en práctica.
“Si todo lo que enseñan los padres y los maestros sólo se escribe y se habla, si todo lo que se aprende se tiene que desechar cuando llega el momento de actuar, no entiendo para qué aprenderlo”.
La obra era una auténtica reflexión en torno a la necesidad de convertir nuestros ideales en actos. El niño protagonista finalmente invita a los padres y a su maestro a enseñar la verdad diciendo la verdad y practicando la verdad.
Años después Sai Baba invitaba a la humanidad a reconsiderar el camino que había tomado. Era 1940, la injusticia y la falsedad se habían enseñoreado en el mundo. Entonces la voz de ese adolescente de 14 años vibraba diciendo:
Con verdad, rectitud, paz y amor
avanza, oh hombre, en el viaje de la vida.
El yoga de la acción es tu deber.
Recordar al Señor es el gran secreto.
La práctica espiritual es la señal de los que aman a Dios.
Avanza en el viaje de tu vida, hombre,
con verdad, rectitud, paz y amor.
La misión de Sathya Sai Baba se ha cumplido desde entonces mediante muchas acciones en beneficio de la humanidad. Está restableciendo la salud del mundo, otorgando riqueza espiritual y abundancia a los necesitados; pero sobre todo ha buscado restablecer el sentido profundo de la educación espiritual, una auténtica educación que permita a niños, padres y maestros florecer como seres humanos, una educación que engrandezca al hombre, que forme el carácter, que se sustente en la experiencia, que prepare a los individuos para servir a la sociedad.
“La sabiduría del espíritu es la única que puede salvar, que puede sostener al hombre cuando es sacudido por el mar de la vida. La vida no es sólo para vivirla, sino para aprender en la arena del mundo el arte de lograr la liberación. La India se ha especializado en esta sabiduría y así se volvió la maestra de la humanidad”.
Esto lo dijo Sai Baba al inaugurar un colegio en Anantapur en 1968, la primera escuela fundada por él. En esos años la juventud proclamaba “haz el amor, no la guerra”, enfrentaba una flor a un tanque y exigía una educación con libertad. Sathya Sai Baba respondía fundando una escuela basada en la tradición espiritual porque la verdadera libertad y el auténtico amor son los del Espíritu. A partir de entonces Sai Baba emprendió con mayor ímpetu su tarea educativa, fundando más colegios de distintos niveles en varias partes de la India, hasta llegar al Instituto Sri Sathya Sai de Enseñanza Superior, reconocido como universidad.
“Este instituto no se estableció sólo para otorgarles grados académicos. El propósito principal es ayudarlos a cultivar el conocimiento de sí mismos y la confianza en ustedes mismos para que cada uno aprenda el sacrificio de sí mismo y alcance la realización.
Transmitirles el programa universitario y otorgarles títulos son solamente medios para alcanzar un fin, que es la elevación espiritual, el descubrimiento de su propio ser y el servicio social con amor y desapego. Nuestra esperanza es que a lo largo de sus vidas sean ustedes ejemplos brillantes de la conciencia espiritual y sus consecuencias benéficas para el individuo y la sociedad”.
Sathya Sai afirma que la esperanza puesta en esas escuelas es que sus egresados sean ejemplos de la conciencia espiritual, con lo cual se asegura que sean hombres de bien, útiles a la sociedad en que viven. Porque la educación no es asunto de conocimiento libresco, la adquisición de información es un aspecto secundario, lo realmente importante es que los alumnos desarrollen su carácter, conozcan su riqueza interior y se vuelvan seres amorosos.
En la India se empezaron a abrir escuelas de instrucción básica inspiradas en la Educación Sathya Sai desde los años ochentas. Actualmente son casi cien. Este programa educativo se esparció por el mundo también. En 1984 se celebró una conferencia mundial para iniciar la formación de instructores de distintos países. La Educación Sai llegó entonces a México y otros países. Hoy existen institutos de Educación Sai para formar maestros en esta filosofía en todos los continentes. Existen además cuarenta escuelas primarias Sathya Sai distribuidas en Argentina, Australia, Brasil, Canadá, Chile, Ecuador, Fidji, Filipinas, Indonesia, Inglaterra, Kenia, Malasia, México, Mauricio, Nepal, Nigeria, Nueva Zelanda, Paraguay, Perú, Singapur, Sri Lanka, Suráfrica, Tailandia, Taiwán, Venezuela y Zambia.
En nuestro país, en Chihuahua existe el Centro Educativo Rayenari y en Cuernavaca el Colegio Sathya Sai de Tepuente. Ambos funcionan como un espacio de desarrollo integral y armónico beneficiando a cerca de 180 niños y a más de 100 familias. La manutención de estas escuelas se logra con la aportación de las familias y con la disposición de quienes consideran importante apoyar este proyecto educativo. Las escuelas están reconocidas por la SEP e imparten los cursos de preescolar y primaria completa apegadas al programa oficial.
Los profesores de estas escuelas están dedicados a un proceso continuo de formación en los principios de la Educación Sathya Sai, comprometidos en vivir personalmente los valores humanos y educar desde su corazón al corazón de los niños y padres.
La profesora Lia González dirige el Colegio de Cuernavaca y la profesora María Elena González el Centro de Chihuahua. Ellas son pioneras de la Educación Sathya Sai en México y un ejemplo de dedicación, servicio desinteresado y amor a los niños que están a su cargo.
En un día típico en estas escuelas se recibe a los niños en la puerta, sus maestros les dan la bienvenida estrechándoles la mano. Reciben educación con amor y verdad, buscando que desarrollen el conocimiento externo y el interno. Por ello una de sus diarias actividades es la meditación, buscando en su corazón el supremo conocimiento de sí mismos, la luz que los guíe entre las vicisitudes de la vida. Al concluir ponen las manos sobre su corazón y cantan así:
En mi corazón percibo la luz, yo soy la luz, yo soy la luz.
La luz es amor, yo soy amor, el amor es mi felicidad.
Yo soy felicidad, Yo soy felicidad.
Qué luminoso soy, qué amoroso soy,
qué feliz, dichoso soy,
qué feliz, dichoso soy.
Envío mi luz, envío mi amor, mi felicidad,
a mis seres queridos, a las plantas, los animales, la vida toda
para que tengan paz y felicidad, para que tengan paz y felicidad,
para que todos tengan felicidad.
La metodología Sathya Sai es una pedagogía integral que alcanza los aspectos físico, intelectual, emocional, intuitivo y espiritual de los niños. Una vez a la semana ellos tienen una clase en la que mediante el silencio, las narraciones, los cantos con ideales elevados, oraciones y actividades grupales reflexionan y experimentan algún aspecto de los valores humanos. Además, en cada clase, sea matemáticas o biología, se traslucen los valores, porque al sumar 2 más 2 los niños aprenden también que la suma de esfuerzos se traduce en unidad y éxito, al aprender a escribir correctamente una palabra se les enseña también que una palabra suave produce relaciones humanas armoniosas, junto con la forma de las plantas aprenden a respetar a la naturaleza. Las escuelas Sai imparten saberes básicos que preparan a la niñez en la tarea de sobrevivir y a la vez impulsan a adquirir la sabiduría que les permita vivir felices.
La meta de esta educación es formar el carácter, practicar la verdad, descubrir quiénes somos y vivir con amor y para el amor por medio del servicio. Los niños de las escuelas Sai de México están descubriendo la verdad y experimentando la paz, con lo cual se benefician ellos, sus familias y la sociedad.
La Educación Sathya Sai es un faro para todo el mundo, es una inspiración para que la infancia florezca en conciencia, es nuestra oportunidad de retomar el camino de la paz y el amor, como nos invitaba en aquella canción inicial a los 14 años. Debemos agradecer a Bhagavan Sri Sathya Sai Baba por este amoroso regalo que hace a todos los hombres: la oportunidad de restablecer el carácter espiritual de la educación que conducirá a toda la humanidad a una nueva era.
Si usted desea apoyar este programa educativo puede hacerlo a través del Instituto Sri Sathya Sai de México, A. C. Cuenta Santander Serfin 65500477569, clabe 014180655004775692. Los donativos son deducibles de impuestos.
Más información puede obtenerla en manuelalbertosai@gmail.com
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