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DICIEMBRE 2009
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Los arcanos y el sendero iniciático
Kefael
Al Tarot generalmente se le emplea con dos fines: primero, como un instrumento adivinatorio, lo cual lo ubica en el campo de las innumerables mancias y muy particularmente en la cartomancia; segundo, como un libro abierto de filosofía esotérica, debido a la riqueza de símbolos que contiene todo el mazo de 78 cartas, en especial los 22 arcanos mayores.
En algunas escuelas iniciáticas de antaño al Tarot se le consideraba sagrado, y su estudio era materia obligada en los programas de desarrollo, comenzando por la parte filosófica para concluir
con la parte adivinatoria. Antes de pasar a las prácticas de este tipo los alumnos recibían un largo entrenamiento en la interpretación de los múltiples signos propios de los arcanos mayores; pero además del saber era indispensable haber alcanzado un alto nivel de ser, de modo que únicamente los discípulos más avanzados podían acercarse cautelosos al Tarot adivinatorio.
De hecho, la principal diferencia entre el Tarot adivinatorio y otros sistemas de cartas (como las españolas) radica en el sustento filosófico proveniente de los arcanos mayores, sin el cual no sólo resulta engañoso sino incluso temerario intentar la adivinación con los cuatro palos o las 56 cartas restantes.
Los 22 arcanos mayores pueden estudiarse desde diferentes ángulos, según sea el contexto donde se les ubique, ya sea como herramientas de orientación psicológica, ya sea como indicadores del devenir cósmico, ya sea como emanaciones divinas o, en fin, como el recorrido de las revelaciones experimentadas por el discípulo a lo largo de las tres primeras iniciaciones solares.
Puesto que el sagrado Tarot surgió desde las antiguas escuelas egipcias, es natural que una de sus primeras interpretaciones filosóficas se relacione con el Sendero Iniciático mismo. Los 22 arcanos mayores aluden al descubrimiento secuenciado de los secretos esotéricos, que comienzan al término del aspirantado y se extienden a lo largo de todo el sendero hasta terminar con el ascenso a la maestría.
El Loco, arcano con que abre el Tarot, sintetiza el extenso periodo del aspirantado, durante el cual el individuo se purifica por medio del sabio sufrimiento antes de recibir la primera Iniciación Solar. Enseguida aparece el primer grupo de siete cartas, que muestra los caminos esotéricos revelados durante la primera Iniciación. Luego viene otro grupo de siete cartas, las cuales simbolizan las siete virtudes iniciáticas seguidas en todos los caminos; tal conquista se realiza en el transcurso de la segunda Iniciación. Finalmente llega con la tercera Iniciación el último grupo de siete cartas, que proporciona las claves para que el discípulo se ponga en contacto con las misteriosas fuerzas cósmicas.
A continuación se presenta el cuadro que resume estas enseñanzas.
Proceso evolutivo
Aprendizaje
Arcano
Clave filosófica
Aspirantado
Búsqueda osada de la libertad
0 El Loco
Purificación existencial
Discernimiento de los caminos esotéricos
0 El Loco
I El Mago
II La Sacerdotisa
III La Emperatriz
IV El Emperador
V El Sacerdote
VI Los Amantes
VII El Carro
El camino del brujo
El camino del esoterista
El camino del servidor mundial
El camino del yogui
El camino del mago-sacerdote
El camino del devoto
El camino del hombre ladino
Primera Iniciación
Segunda Iniciación
Práctica de las virtudes iniciáticas
VIII La Justicia
IX El Ermitaño
X La rueda de la fortuna
XI La fuerza
XII El colgado
XIII La muerte
XIV La templanza
Honestidad: nunca mentirse a uno mismo
Prudencia: guardar el silencio esotérico
Equilibrio: armonizarse con el propio destino
Fortaleza: dominar los caprichos de la personalidad
Sacrificio: desapegarse de las vanalidades del mundo
Transmutación: matar las emociones negativas
Autoobservación: detener el tiempo dividido
Tercera Iniciación
Relación con las misteriosas fuerzas cósmicas
XV El diablo
XVI La torre
XVII La estrella
XVIII La Luna
XIX El Sol
XX El juicio
XXI El mundo
La Hermandad de Oscuridad
Los genios de la tierra
Los genios planetarios
Los espíritus elementales
El Cristo y la jerarquía de luz
Los compañeros y maestros personales
Shambala
La verdadera evolución del ser humano comienza a partir del aspirantado, durante el cual si bien no se conquistan grados espirituales ni filosóficos, se paga karma mediante la purificación existencial. El enorme sufrimiento de El Loco consiste en advertirse a la mitad de un mundo que no lo llena, que percibe falso y gris, no obstante también es un idealista, pues cree en la posibilidad de encontrar o construir un mundo mejor; además es valiente, lleva la ruptura social a flor de piel, mas carece de filosofía directriz. Posee el querer y el osar pero le faltan el saber y el callar; eso es locura, por eso no conquista algo sólido, aunque abona el terreno de su posterior iniciación.
Con la llegada de la primera iniciación esotérica (o solar, pues procede del Sol) El Loco se transforma en iniciado y discípulo, apareciendo entonces los caminos esotéricos, que son siete y los va asimilando según el orden de la numeración:
I El Mago. Representa el camino del brujo que ahora el discípulo discierne correctamente, no tanto porque crea en los hechos mágicos, sino porque sabe de su realidad. La magia es, mueve cosas, trae intensidad y brillo a la existencia.
II La Sacerdotisa. Una vez descubierto el camino del brujo, el iniciado pronto se da cuenta de que es necesario anclar los experimentos mágicos en un cuerpo de conocimientos consecuente, encontrando entonces el camino del esoterista, entendido como aquel que pone los fundamentos teórico-filosóficos de las prácticas mágicas.
III La Emperatriz. Enseguida observa que es indispensable darle cauces altruistas a la ciencia trascendental descubierta a fin de ayudar a la humanidad a luchar contra la ignorancia y el sufrimiento.
IV El Emperador. Sin embargo, el discípulo es repelido por la misma gente a quien trata de ayudar, ya que la violenta al superesfuerzo del despertar. Por ello se abstrae del mundo, enfocándose en la vida introspectiva y reconociendo el camino del yogui.
V El Hierofante. Con la clave de El Emperador gana dignidad, de modo que retorna al mundo de los hombres ubicándose como cabeza moral de su círculo social. Así experimenta el camino del mago-sacerdote, trayendo las influencias luminosas a la tierra.
VI Los Enamorados. El iniciado retorna a la vida contemplativa, pero ya no por aversión al mundo sino por el fuerte llamado del alma que busca al amor trascendental. Los enamorados son el alma y la personalidad unidas en el amor de Dios.
VII El Carro. Finalmente los seis derroteros anteriores se agrupan en uno solo que los sintetiza: el camino del actor o del hombre ladino. El conquistador que se ve en la carta es el actor que se mueve por el mundo, unificando las fuerzas blancas y las negras características de los caminos anteriores.
Al término de la primera iniciación, luego de haber aprendido a reconocerlos y respetarlos, el discípulo elige un camino entre los siete simpático con su tipo, muy conciente de que en adelante se volverá su vía personal de autoperfeccionamiento.
De inmediato comienza la segunda iniciación, cuyo aprendizaje básico es, más que reconocer intelectualmente las virtudes iniciáticas, el esfuerzo constante por practicarlas. Se comienza por la carta VIII La Justicia y se termina con la XIV La Templanza, de modo que el orden numérico de las virtudes va señalando la secuencia en que han de ponerse en práctica.
La práctica de las siete virtudes iniciáticas sólo puede efectuarla el discípulo aceptado, pues el resto de la gente, pese a sus buenas intenciones, cuando trata de dominar una virtud desplaza hacia un nuevo síntoma patológico el esfuerzo puesto en el dominio anterior. De ahí lo importante de realizar este trabajo en el marco de una escuela, que proporcione la metodología para evitar los círculos viciosos y los retrocesos no calculados.
En especial llama la atención el largo esfuerzo que comienza por lograr la honestidad con uno mismo y termina en un alto grado de alerta, similar a un estado de contemplación en movimiento, sólo desde el cual cabe detener el tiempo dividido así como la observación objetiva del mundo, percepción simbolizada con el agua detenida entre las copas de las polaridades que lleva el arcángel en sus manos.
Orientado el tránsito de la vida por la percepción objetiva ganada, el discípulo queda preparado para descubrir las misteriosas fuerzas cósmicas que subyacen en las groseras manifestaciones externas. Esas fuerzas son reveladas en la tercera iniciación e igualmente van apareciendo tras la propuesta de los últimos siete arcanos.
La puerta de los sagrados Misterios es abierta por la Hermandad de la Oscuridad, aprendizaje que conlleva múltiples enseñanzas, especialmente en el sentido de que tales entidades también evolucionan y debe ayudárseles. Después el discípulo logra distinguir a los Genios de la Tierra, también reconocidos como Señores del Karma o administradores de la ley de causa-efecto, sobre todo por el lado de compensar las ciegas acciones humanas. La carta La Estrella simboliza el extraordinario contacto que el discípulo experimenta con distintos regentes planetarios mediante viajes astrales y sueños vivos. Preciamente protegido por estas regencias descubre bajo la influencia lunar a los inacabables espíritus elementales, que mueven mecánicamente a los reinos inferiores de la naturaleza. Al llegar a este punto aparece el Iniciador Uno, el más elevado Hijo de Dios accesible a nuestra conciencia, El "Cristo", alineando el discípulo toda su vida y su trabajo en el proyecto cristiano de salvación universal, siendo apoyado además por la Jerarquía capaz de cooperar en este trabajo. Con la siguiente carta, El Juicio, el iniciado se integra plenamente con el grupo de discípulos y maestros personales encargados de desarrollar una misión particular al nivel de la Tierra. Conocida su misión, el iniciado aprende a sintonizar con Shambala, el foco energético más importante del planeta, desde el cual fluyen bendiciones de los Ascendidos que lo protegen. Hasta entonces él logra sostenerse por sí solo, con responsabilidad y provecho en las cambiantes escenas del mundo.
La carta XXI enlaza nuevamente con la I, pero una vuelta más arriba en la espiral evolutiva, de modo que en la cuarta Iniciación se realiza un nuevo recorrido por todos los arcanos para perfeccionarse por su medio, en una especie de última prueba antes de ascender a la Maestría con la quinta Iniciación solar.
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