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JULIO 2007

 

 

Himnos y joyas gnósticos


(A propósito de la herejía de Prisciliano, de Abraxas y Simón el Mago)
Ricardo Ortiz

Himno de Argirio
San Agustín, el autor de la malhadada* frase “Ama y haz lo que quieras”, en una carta al obispo Cerecio sobre las herejías conservó un fragmento del llamado Himno de Argirio, uno de los restos notables de la liturgia priscilianista y única muestra de sus cantos, según lo describe el docto y ferviente polígrafo español Menéndez Pelayo en las porciones dedicadas al gnosticismo en España y al obispo Prisciliano en el tomo segundo de su Historia de los heterodoxos españoles.Este Prisciliano apareció en España hacia el último tercio del siglo cuarto, en la declinación del gnosticismo, predicando en ciudades que pronto fueron muchas una doctrina que no tardó en ser considerada por la iglesia católica romana una herejía, al grado de que en Tréveris, en el año de 385, fue decapitado Prisciliano junto con algunos seguidores, hombres y mujeres, suyos.

* Me refiero a la malinterpretación y abuso que se han hecho de ella tanto por quienes sólo hacen lo que quieren y no aman como por los que sólo aman y no hacen lo que quieren.

Habiendo sido autor de ideas y hechos contrarios a los oficialmente dictados por la doctrina cristiana y la autoridad papal, este gnóstico tardío hispano no ha dejado de ser considerado un héroe de la libertad del pensamiento, y no puede negarse que muchísimo de su doctrina y sobre todo de sus actos son una marejada de rebeldía y vitalidad contrarias a las disposiciones ortodoxas de entonces y muchas de las cuales rigen aún, razón por la que no falta quien actualmente pueda retomar, y lo haga, posiciones similares, entre las más notables la de permitir las relaciones sexuales a los sacerdotes y la enseñanza religiosa a laicos y mujeres. Buena idea de lo que eran esos “errores gravísimos anticatólicos y antisociales” nos la darán los delitos del orden común de que se acusó a Prisciliano y correligionarios: maleficio, conciliábulos obscenos y reuniones nocturnas de mujeres, orar desnudo y otras lindezas. También modificaron la liturgia, oraban en los montes y practicaban un ascetismo excesivo, y, ¡horror! había entre ellos muchas mujeres (presencia común en prácticamente todas las iglesias y comunidades gnósticas). Esto último, la libre interpretación de dogmas y escrituras y una más o menos clara tendencia al panteísmo, con lo que éste tiene de sensualista y naturalista, fue seguramente una de las actitudes que más enfadaron y asustaron a la autoridad eclesiástica, sin olvidar que el ascetismo practicado por estos herejes era una bofetada con guante blanco a los desvíos mundanos que ya mostraban algunos prelados católicos. El alegre desenfado, que reivindica la emoción, el instinto y la libertad del pensamiento, con su ilógica asociación de ideas e imágenes, se reflejan en el mencionado himno de Argirio de una manera que los lectores sabrán entender y relacionar con los cultos llamados paganos que entonces como ahora se negaban a morir y saltando y cantando afirmaban su manera personalísima de entender lo divino en el mundo y su relación casi carnal con ello.

Himno que el Señor dijo en secreto a sus apóstoles según lo que está escrito en el Evangelio (Mateo 26; 30): “Dicho el himno, subió al monte”. Este himno no está puesto en el canon, a causa de aquellos que sienten según su capricho, y no según el espíritu y verdad de Dios, porque está escrito (Tob 12; 7) “Bueno es ocultar el sacramento (misterio) del rey, pero también es honorífico revelar las obras del Señor”.
1 Quiero desatar y quiero ser desatado.
2 Quiero salvar y quiero ser salvado.
3 Quiero ser engendrado.
4 Quiero cantar: saltad todos.
5 Quiero llorar: golpead todos vuestro pecho.
6 Quiero adornar y quiero ser adornado.
7 Soy lámpara para ti que me ves.
8 Soy puerta para ti que me golpeas.
9 Tú que ves lo que hago, calla mis obras.
10 Con la palabra engañé a todos y no fui engañado del todo.

 

Abraxas
En la misma historia de la heterodoxia española informa su autor que “para traer a la memoria de los adeptos su doctrina, empleaban las sectas gnósticas otro medio fuera de los libros y de los cantos; es a saber, los abracas o amuletos, de que largamente han discurrido muchos eruditos”. Efectivamente, sobre ese tema específico y el del uso y animación (cierta o no) de imágenes para producir efectos físicos y mentales, se ha bordado bastante y no es éste el sitio para repetirlo. Pero notemos que el periodo de los primeros siglos de crecimiento del cristianismo fueron también de auge de la magia, en especial de la teurgia, y de otras prácticas y pensamientos esotéricos. Muchas personalidades e ideas pueden mencionarse, y precisamente los de los gnósticos son de los más conspicuos, entre otras cosas porque su importancia y difusión llevaron a los pensadores y jerarcas cristianos, ya católicos, a combatirlos, como hizo el rudo san Pablo. Es de común acuerdo que el evangelio de san Juan fue escrito contra algunas escuelas gnósticas y en otros pasajes del Nuevo Testamento se halla la divertida historia de la lucha de san Pedro contra Simón el mago o Simón de Samaria, jefe de una comunidad de gnósticos sirios, a quien Simón Pedro derrota y hace caer de los aires por haberle querido comprar el poder de conferir el espíritu mediante la imposición de manos, facultad que Cristo había legado a sus discípulos y que tal vez faltaba en el repertorio de habilidades teúrgicas atribuidas a este Simón. Simón fue combatido por el así llamado primer papa de la naciente iglesia por quererle comprar un poder. El término simoniaco, como seguramente ustedes saben, se aplica a quien comercia con las cosas espirituales, y escribo esto recordando el dibujo hecho por William Blake de un jerarca católico precipitado al infierno y que se llama justamente... adivinaron, “El papa simoniaco”.*

* En el sistema de ideas de Simón el Mago, que no deja de contener conceptos cristianos, aparece la ennoia o pensamiento de Dios, que deriva hacia la Sofía, un aspecto intelectual y femenino de Dios, que además había encarnado en Helena, una esclava que Simón el Mago compró e hizo su amante. Quizá se halle aquí, aparte de la causa del odio de aquellos primeros cristianos, el origen de la tendencia de algunos hombres a ayuntarnos física y espiritualmente con mujeres que guardan y transmiten la Sofía.

Entre los llamados amuletos o gemas gnósticos destacan los de Abraxas. Sobre lo que se designa con esta palabra hay tantas como variadas opiniones, miscelánea que puede observarse en la entrada respectiva del Glosario Teosófico:
Abraxas o Abrasax (Gn)—Palabras místicas que se han hecho remontar hasta Basílides, el pitagórico, de Alejandría (año 90 después de J.C.). este filósofo empleaba la voz Abraxas como un nombre de la divinidad, la suprema de las siete, y como dotada de 365 virtudes. En la numeración griega, a = 1, b = 2, r = 100, a = 1, x = 60, a = 1, s = 200, lo que forma un total de 365, días del año, año solar, un ciclo de acción divina. C. W. King, autor de Los Gnósticos, considera dicha palabra similar a la hebrea Shemhamphorasch, palabra sagrada, el extenso nombre de Dios. Las gemas Abraxas representan un cuerpo humano con cabeza de gallo, uno de los brazos con un escudo, y el otro con un látigo.
Abraxas es la copia de las palabras indas Abhimanim y brahma combinadas. Estas compuestas y místicas cualidades motivaron que Oliver, la gran autoridad masónica, relacionara el nombre de Abraxas con el de Abraham. Esto era insostenible; las virtudes y los atributos de Abraxas, que son en número de 365, debían haberle mostrado que la Divinidad estaba relacionada con el Sol y la división solar del año; más aún: que Abraxas es el anticipo, y el Sol es el tipo.

(La señora Blavatsky, que siempre quiere sorprendernos, pretende desmentir a quienes asimilan la palabra Abraxas a Abraham, justo después de que ella misma hace derivar aquel vocablo de voces hindúes, y en la entrada anterior de ese glosario, “Abracadabra”, dice que ésta “es una corrupción posterior de la voz sagrada gnóstica “Abrasax”, siendo a su vez esta última una corrupción todavía anterior de una sagrada y antigua palabra copta o egipcia, una fórmula mágica que significaba en su simbolismo: “no me dañes” y estaba dirigida a la Divinidad en sus jeroglíficos como “Padre”.) No ha faltado quien le asigne un origen celta. En el sistema de Basílides, uno de los más importantes pensadores gnósticos,  Abraxas era el nombre colectivo de las 365 inteligencias o virtudes o aspectos del dios supremo, el padre ignoto, manifestados a veces como ángeles, y en correspondencia con todos ellos existían 365 cielos. El jefe de todos ellos se llamaba Abraxas.
La figura de esta ignota divinidad (que reinaba en el cielo primordial controlando los ciclos cósmicos y vitales nacimiento, muerte y resurrección, superior en jerarquía a Jesucristo, quien era emanación suya, según los seguidores de Basílides) ha corrido con suerte. Su misterioso prestigio ha inspirado a escritores y artistas plásticos de épocas diversas, que la han hecho aparecer en sus obras, producto a veces de la llamada cultura popular y comercial, incluso con carácter femenino y a veces un tanto siniestro. Todo parece indicar, y hay notable acuerdo entre quienes opinan al respecto, que se trata de un concepto y un vocablo con origen en Medio Oriente y más específicamente en Egipto, la tierra afamada como origen de las corrientes gnósticas y mágicas que iluminaron los primeras siglos de esta era y en último término de todo el conocimiento oculto, teosófico o esotérico. El carácter siniestro que señalé al principio de este párrafo es reflejo, brillando oscuramente a lo largo de los siglos transcurridos, de la mendaz idea de que la edad media de la cultura occidental fue una época oscura y de que esas escuelas eran abismales aberraciones. Para desmentir (espero que de la proverbial una vez por todas) tan rígida concepción es que he dicho que la corriente gnóstica iluminó ese periodo de la historia de las ideas que se agitó a partir de los mísmísimos primeros años de la era llamda cristiana.

Lecturas complementarias:
La tabla de Isis

 



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