El colmillo de Ganesha
El próximo 4 de septiembre se celebra Ganesha chaturthi, la fiesta del dios con cabeza de elefante. Con el propósito de recordar a la deidad más venerada en la India incluimos en este número de El Buscador una historia acerca de cómo Ganesha perdió su colmillo que no está contenida en el libro Ganesha, el destructor de los obstáculos,publicado por Editorial Yug. Ganesha es el guardián de los hogares, del corazón humano y de todo lo secreto. Como tal se enfrenta a Parashurama, el sexto avatar de Vishnú, quien visita a Shiva después de vencer a los hijos de Kartavirya y a sus ejércitos de asuras (titanes), victoria que consiguió gracias al hacha que Shiva le dio con la gracia adicional de que nunca sería usada en vano. Como en otras historias en las que se enfrentan diferentes fuerzas divinas, debemos recordar que existe un único actor, Brahman, el Absoluto, que asume diversos papeles para llevar a cabo sus lilas o juegos divinos con la finalidad de enseñarnos cuál es la conducta correcta que debemos seguir en determinada circunstancia y que cumplir nuestro deber es la tarea que nos hace propiamente humanos.
Parashurama contempló el palacio de Shiva, rodeado por todos los mundos, y en la puerta situada al este vio a Skanda [hermano de Ganesha e hijo de Shiva] colocado a la izquierda y a Vinayaka [Ganesha] a la derecha, adornado con joyas y sentado en un asiento tachonado con piedras preciosas. Se inclinó ante ambos dioses, tan valientes como el propio Shiva, y los divinos guardianes lo escoltaron. Cuando Parashurama se acercó a la entrada del palacio, Ganesha le dijo: “Detente, el Señor [Shiva] está durmiendo con Uma [Parvati]; les pediré permiso y luego entrarás conmigo. Espera un momento, hermano”. Cuando Parashurama escuchó esto, se encolerizó y dijo: “Tan pronto como entre allí y rinda homenaje a los padres del universo, regresaré inmediatamente a mi propio palacio. Gracias al poder de Shiva fui capaz de vencer numerosos ejércitos de asuras dotados con poderes de ilusión”. Entonces Ganesha respondió: “Tendrás tu audiencia, pero ahora el Señor está con la diosa. Como sabes, cuando una pareja hace el amor en privado, cualquiera que interrumpa su placer irá seguramente al infierno, especialmente si se trata de los propios padres, del gurú, del rey o de personas de las tres primeras castas. Cualquiera que vea a otro haciendo el amor, ciertamente perderá su propia esposa durante siete nacimientos. Y aquel que vea el trasero, los pechos o el rostro de la esposa, la madre, la hermana o la hija de otro, es el peor tipo de persona”.
Parashurama contestó: “¿Piensas que no lo sé? ¿Has perdido tus sentidos, estás tratando de jugarme una broma o esas palabras simplemente salen de tu boca? Este mandamiento de los shastras (textos sagrados) fue establecido para aquellos que son inestables y están llenos de lujuria; pero no es pecado para un niño o para quien está desprovisto de deseo. ¡Así que entraré en su recamara y tú, pequeño niño, puedes permanecer aquí! Yo haré lo correcto. Dices que son tus padres quienes están allí, pero Shiva y Parvati son el padre y la madre del universo entero”. Apenas dijo esto, Parashurama se dispuso a entrar, pero Ganesha saltó inmediatamente y bloqueó su camino.
Entonces surgió una batalla de palabras entre ambos y comenzaron a empujarse y a darse empellones uno a otro con las manos. Al ver que peleaban, Skanda trató de apartarlos. Pero Parashurama, el destructor de las proezas de sus enemigos, se encolerizó tanto que levantó su hacha para arrojársela a Ganesha. Cuando el dios con cabeza de elefante vio esto, rápidamente levantó a Parashurama con su trompa y lo arrojó hacia abajo a través de las siete regiones del universo, hasta que el avatar de Vishnú cayó en el océano en la parte más recóndita de la tierra y sintió tanto miedo que deseó morir. Entonces Ganesha regresó a Parashurama al lugar donde había comenzado la pelea, convencido de que lo había derrotado. Pero ver a Ganesha de pie, imperturbable, enfureció nuevamente a Parashurama y arrojó su hacha contra él. Ganesha advirtió que el hacha que venía hacia él era la misma que su padre le había dado a Parashurama, por lo que deseó que el golpe no fuera en vano, así que lo recibió en su colmillo izquierdo y éste cayó a tierra, cimbrando todos los mundos.
Brahmanda Purana
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