REVISTA ESOTÉRICA EL BUSCADOR CONFERENCIAS LINKS RECOMENDADOS TIENDA ONLINE BUSCAR SUCURSALES CONTACTO FRANQUICIAS SUSCRIBETE AL BOLETIN YUG
 
EL BUSCADOR

 

En el Buscador y sus caminos encontrarás artículos de fondo, sobre esoterismo, mitología hindú, lo último en noticias de salud con métodos naturales y muchas cosas más.

ABRIL 2009

 

 

Parábolas psicológicas


La transformación como fin y otros temas de interpretación esotérica cristiana

Maurice Nicoll

 

El Telos1
Con sus agudas respuestas, Jesús demostró cuál era su actitud consciente de poder. “¿Es que puedes perdonar los pecados?”, le preguntan los fariseos cuando lo oyen decir al paralítico, a quien cuatro habían metido por el techo a una casa en Cafarnaum, que sus pecados eran perdonados. “Os demostraré que tengo ese poder”, es la respuesta efectiva de Jesús. Dice al paralítico: “Levántate, toma tu lecho y anda”. La implicación es que el paralítico no podía haber sanado a menos que sus pecados le fuesen perdonados y se hubiese modificado su estado interior al restaurarse el contacto con la verdad. El paralítico se levanta al punto, toma su lecho (el mismo que un momento antes llevaban entre cuatro; sí, cuatro y él mismo un desvalido. Ahora lo lleva uno, él mismo) y camina a la vista de todos los demás. No como llegara, descolgado por el techo a causa del mucho gentío. El cambio externo refleja la transformación interior. Mientras estuvo sumido en lo que era, cuando el “gentío” no lo dejaba ver la verdad, nadie se fijó en él. Pero ahora marcha delante o al frente de todos. ¿Por qué? Porque sus pecados le fueron perdonados, anulados, hechos trizas, como se hace trizas un pagaré. Así, sus acusadores internos no pueden ya decirle que es un ser insignificante, sin la menor importancia.

1 Telos, término griego que significa el propósito, la finalidad, la meta, el fin supremo.

El gentío que hasta entonces le impidiera acercarse a Cristo ahora lo ve andando adelante, ante Él, y también ante ellos; no ya como un ser pasivo, sino erguido y activo. Ya no está acostado, tendido en la pesada horizontal del tiempo, sino que se yergue a la luz de lo eterno. Como un relámpago, su situación-en-el-tiempo ha cambiado a una en la eternidad, en la que el hombre, lejos de permanecer postrado, se yergue gracias al perdón de sus pecados. Porque la Eternidad, que es plenitud, ha de estar siempre perdonando su pobreza al Tiempo, ha de estar perdonándole su desdicha, su incapacidad de imitar las cosas eternas. Y así también es como el Cristo eterno perdona a los hombres sus pecados, siempre que tengan fe,y tener fe es tener visión. La fe es el poder de mirar hacia arriba. Cuando el paralítico y los cuatro que lo llevaban no pudieron acercarse al Cristo “a causa del gentío” y treparon al techo y lo abrieron, ¿no se dice acaso que Jesús percibió su fe? ¿No es acaso la fe descubrir el techo, trepar y hacerle una abertura? Y ¿no es hacer una abertura en el techo romper lo que nos impide mirar a lo alto? Cristo percibió la fe no solamente del paralítico, sino también la de los cuatro que lo llevaban, los que treparon y abrieron el techo llevando consigo al inválido. “Descubrieron el techo donde estaba, y haciendo abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico”. Pero Cristo, al percibir su fe, se dirige solamente al paralítico, pues los cinco no están unidos por la misma fe.

 

La enseñanza esotérica indica que existe la posibilidad de un cambio preciso en el ser humano. Esto es evidente y claro. La hallamos en aquellos fragmentos de la enseñanza de Cristo que se han preservado. Pero ¿en qué consiste este cambio? Es muy difícil precisarlo. Los Evangelios son los libros más difíciles de entender. Podemos ver que gran parte de la enseñanza de Cristo está velada en la forma de parábolas. Y él mismo da sus razones para hacerlo así:
Entonces, llegándose los discípulos, le dijeron: “¿Por qué les hablas por parábolas?” Y respondiendo les dijo: “Porque a vosotros es concedido saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no es concedido. Porque a cualquiera que tiene se le dará y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Por eso les hablo por parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden” (Mateo 13; 10-13).
Y es que las parábolas contienen un significado “esotérico”, y esto quiere decir, sencillamente, un significado interno. También Cristo emplea algunas veces una elevada forma de paradoja. Sin embargo, es bastante claro que constantemente habla de una transformaciónprecisa, exacta. Y los fragmentos de una enseñanza tan difícil de entender, y que trata de cómo lograr esta transformación, están dispersos y no en un orden claro. Al parecer, la idea es que, tal cual es, el hombre no constituye un ser completo, que es como una casa a medio construir, y que para completarse es preciso demoler y reconstruir. Por otro lado, tiene que desaprender mucho de lo que ha aprendido. Mucho de lo que en él es inútil o falso hay que quitárselo. De este modo se transforma. Se hace un nuevo hombre.
Esta finalidad, esta transformación del hombre puede tomarse como el blanco al cual apuntar. Puede que uno jamás lo vea y que nunca lo logre. O puede que tenga mala puntería.
Pecar es errar el blanco. El término griego hamartano significa, efectivamente, errar el blanco, pero se ha traducido como pecado. Se trata de una palabra que se empleaba en ballestería, cuando el tirador no daba en el blanco.
Parece claro, entonces, que no podemos entender correctamente la idea del pecado a menos que logremos alguna idea del blanco a que hemos de apuntar. Pecar es errar el blanco. Pero¿qué esel blanco?Resulta evidente que la causa del pecado es la existencia de este blanco, pues si no hubiese blanco al cual apuntar, no habría qué errar, no habría pecado. Y, efectivamente, Pablo dice que de no haber existido los Diez Mandamientos, jamás habría él pecado.
Fueron los Mandamientos los que lo hicieron pecar. Es una idea alarmante. Como en el mito de Adán y Eva, fue la prohibición de comer, alegóricamente, del fruto del árbol del bien y del mal lo que motivó el pecado original y la caída del hombre. De algún modo se erró el blanco.
A propósito del décimo mandamiento, no codiciar, Pablo dice: “No conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conocería la concupiscencia si la ley no dijera: no codiciarás. Mas el pecado, tomando ocasión, obró en mí por el mandamiento toda concupiscencia. Porque sin la ley el pecado está muerto” (Romanos 7; 7-8). Ni siquiera habría sabido que hay algo llamado pecado. Lo supo en virtud de la ley. Da a entender que era vivaz y que vivía contento sin la ley, pero que cuando llegó el mandamiento, el pecado cobró vida y él, Pablo, murió. Sea cual fuere el sentido con que escribió esto y los versículos subsiguientes, podemos de todos modos darnos cuena de que Pablo hizo de la ley, de los mandamientos, su blanco. Y de su cumplimiento, de su propósito, su puntería. Pero Pablo dice más, y más de una vez. Afirma que nadie podrá jamás cumplir los diez mandamientos y que la ley no puede salvar al hombre, sino condenarlo. Y dice que Cristo vino a hacer lo que le “era imposible a la ley”.
En Romanos (capítulo 7) advierte Pablo que la ley es espiritual(14). “Así que yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado” (25). “Porque, según el hombre interior me deleito en la ley de Dios” (22). Tomemos nota de la manera como emplaza el sentimiento de “Yo” en el hombre interior y no en el externo y carnal. No llama “Yo” a la carne. “Y yo sé que en mí (a saber, en mi carne) no mora el bien” (18). Pablo se divide en el hombre interior y el exterior. De suerte que también dice: “Porque no hago el bien que quiero; mas el mal que no quiero, éste hago” (19). Muestra dos sentires distintos del “Yo”. No es un mismo “Yo” el que quisiera y no hace, o que no quisiera y hace. Llamemos a uno de éstos ello (o lo, o la). Entonces tendríamos: “Porque no hago el bien que quiero, mas el mal que no quiero, éste sehace”. Así queda claro, pues en seguida añade: “Y si hago lo que no quiero, ya no lo obro yo” (20).Sehace, lo hace, pero no es él, no esel Yo. De modo que llega a la conclusión de que esta parte de sí que hace lo que él no quiere, es la parte a la cual puede decírsele: “Esto no soy”. A través de esto, se retira de “ello” el sentir del “Yo”, para concentrarse en el hombre interior.
Al comienzo del capítulo 8 se dice que los Mandamientos fallaron en su propósito de librar al hombre, porque nadie los podía guardar, y que Cristo vino a hacer lo que “era imposible a la ley...” “Para que la justicia de la ley fuese cumplida en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al espíritu” (vers. 4). Pero telos es liberarnos. “Porque el fin (telos) de la ley es Cristo, para justicia de todo aquel que cree” (10; 4).
El blanco es el fin, y esto es, para ser “hechos conformes a la imagen de su Hijo (el primogénito entre muchos hermanos)” (Romanos 8; 29).
Nadie puede comenzar con la ley. Toda la enseñanza de Pablo trata de la formación de Cristo en nosotros. Entonces se hace muy natural guardar la ley.

METANOIA
La palabra que en el Antiguo Testamento se ha traducido como arrepentirse es la hebrea slub, que significa volverse, regresar, cambiar de dirección, darse vuela y mirar al otro lado. En el Corán, arrepentirse se traduce por dos palabras: nadam, remordimiento,y tawbah: regresar, volverse hacia Dios.
“La palabra latina es retrospectiva. Connota mirar el pasado en una revulsión del sentimiento por lo que uno ha hecho; la palabra griega es expectativa y connota una renovación moral con el fin de que se produzca una transformación en todo el hombre”. (Hastings)
“La traducimospor arrepentimiento, en el sentido de lamentar nuestros pecados, y la traducimos mal. De la metanoia, en la forma en que Jesús emplea la palabra, lamentar los propios pecados es sólo una pequeña parte: lo principal era algo mucho más activo e iba más lejos; era poner en marcha un nuevo e inmenso movimiento interior para obtener el gobierno de la vida. Conforme a esto, la metanoia es un cambio del hombre interior” (Mathew Arnold: Literature and Dogma).

 

EPIOUSIOS
La traducción de epiousios se da a veces como sustancia (el pan nuestro supersustancial, dánoslo hoy). Pero se basa en una derivación del término griego que damos en la cuarta parte de “La Verdad”, y no expresa con claridad las ideas que contiene la palabra original. Es, sin embargo, una traducción mejor que las muchas que han investigado el origen de la palabra diferentemente. Hay versiones que dicen “pan para mañana” y toman la partícula epi no como algo que se refiere a un orden o escala, a algo adyacente y encima, sino que se le da un sentido de tiempo. Esto ha causado la sugestión de pan eterno o de pan para la vida futura. La palabra griega traducida por “eterno” no ocurre en la versión griega del Padre Nuestro, salvo en lo que le fue agregado y que muy erradamente dice: por los siglos, pues su sentido no es el de un tiempo sin fin, sino que se refiere a un orden que está sobre el tiempo.

 

LAS PRIMERAS ENSEÑANZAS GRIEGAS
“Bienaventurado quien logre la noción de la divina sabiduría; infeliz del que en el corazón sólo lleva una tenue visión de los dioses” (Empédocles, Frag. 132). Todo el propósito de la filosofía divina de la antigüedad, sobre la que influyó la enseñanza pitagórica, era la purificación y la desatadura, para que mente y corazón se reabriesen a verdades y realidades que pueden alcanzarse internamente y que la vida diaria oscurece. El alma ha caído de un estado bendito, de un estado de gloria en el que contemplaba las realidades eternas; ha caído en la corriente del tiempo, a un estado de medias realidades y a la confusión de los sentidos. De suerte que el significado de esta vida terrenal es, primero, despertar al auriga del alma. El próposito fundamental consiste en recuperar la visión sin la cual el alma muere. El método es la purificación (catarsis) y la desatadura (lusis). Pero esto no es para quienes piensan que “sólo existe lo que puedan tocar o tener en las manos”.
Los misterios órficos anteriores a Pitágoras parecen haber contenido la misma idea. Mas el entendimiento popular la tomó como un religión ordinaria que tenía sus festividades, sus ritos y sacrificios para quienes estaban en el Hades; daba una instrucción puramente ceremonial a los que se hallaban en las primeras etapas de enseñanza y entendimiento. Acerca de éstos se decía que “son muchos los que oyen la Palabra, pero pocos son Baco”. La misma idea y una conexión similar se expresa en el Nuevo Testamento. “Muchos son los llamados, poco los elegidos”. Esta notable interpretación del sentido de la vida, que tiene paralelismo con muchas fuentes antiguas, se apoya también en la doctrina de la evolución. El hombre puede evolucionar en un sentido preciso y hacia una meta también precisa, que algunos han alcanzado. De todos éstos, sólo unos cuantos han dejado sus intrucciones que, por lo general, convirtieron en sistemas religiosos. Así fue como los filósofos griegos despreciaron los ritos órficos, pues consideraron que la filosofía era mucho más real para evitar que el alma volviese a encarnar en el tiempo, y para que retornase a la estrella a que pertenece. Y por filosofía significaron, ante todo, un estado decontinua atención, punto que Platón pone tan en claro en la persona de Sócrates. Todo sus diálogos pueden tomarse como la descripción de un medio que empleaba la escuela a que perteneció Platón. Este sostenido esfuerzo de la mente iba acompañado de la catarsis y el lusis. Podemos entender el significado de lusis. El verbo del cual deriva el sustantivo quiere decir literalmente aflojar o desatar, y tiene un significado secundario importante, que es rescatar o redimir mediante un pago.
A Sócrates siempre se le muestra desatando a los hombres en sí mismos, de sus opiniones prestadas, de su imaginación, de su presunción de que saben. Todo el mundo sufre y está enfermo de sí mismo, pero no puede advertirlo. Las gentes permanecen ignorantes porque creen que ya saben. “Podríamos trazar una linea que divida la ignorancia en dos mitades, una muy grande y muy mala... muy distinta de la otra... ¿Cuál es? Cuando una persona supone que sabe y no sabe. Parece que fuese ésta la gran fuerza del error...” (Sofista). Librar a los hombres de su ilusión de conocimiento era uno de los aspectos de la desatadura que libra al alma. Éste es un proceso doloroso y son muy pocos los que pueden soportarlo, porque requiere la acción de otro sobre la persona misma, en su psicología íntima, en el centro mismo de su amor propio y de su propia importancia.
Muchos se ofenden y hasta se enfurecen. Estas situaciones se mencionan más de una vez en los Evangelios. La gente casi siempre se sentía agraviada por las palabras de Jesús: “Si fuereis ciegos no habría en vosotros pecado; pero decís «Vemos», por tanto permanecéis en vuestros pecados”. Así habló Jesús a los fariseos. El hombre no se encuentra a la altura de la evolución que la religión indica. Ni siquiera puede advertir la idea oculta en su lenguaje. Y no puede hacer los esfuerzos necesarios. Todo lo entiende equívocamente y en el fondo cree que una religión o un credo se limita a una adoración externa y que no pasa de ser una de las tantas convenciones sociales o políticas para que la gente sea más moral o más obediente. O bien considera que constituye una tenaz superstición. No pueden entender que trata de una psicología superior, de una psicología real, del próximo estado o nivel de vida en el hombre y de lo que hay que hacer, pensar, sentir, imitar y comprender para alcanzarlo. No echan de ver que toda verdadera religión no trata acerca de otro mundo, sino deotro hombre latente, pero aún no nacido, en todo hombre. Ésta es la prueba que constituye toda religión, pues ese otro hombre mora en un mundo de significado, y lo que expresa la parábola, la alegoría o la paradoja, lo dice de este hombre superior o del superhombre que hay en todo hombre. Por eso habla en parábolas, alegorías y paradojas. No hay otro modo de describir las transformaciones, los estados a que conduce y que pertenecen a un nivel superior. El lenguaje ordinario es, en sí mismo, un lenguaje que pertenece a un nivel inferior, al nivel de las cosas, de los sentidos.

 

TELEIOSIS
Zósimo Panopolitano habla de una teleiosis, transformación que es la meta del ser humano. Al hablar de la teleiosis del alma, menciona cierto espejo. Cuando el alma se mira en este espejo, ve todo aquello de lo cual ha de desprenderse o librarse. Zósimo pregunta: ¿Qué instrucción se le ha dejado al hombre? Conócete a ti mismo. Se refiere al espejo. “Ella [la instrucción] indica el espejo espiritual [pneumático] e intelectual [noético]. ¿Qué es este espejo, entonces, si no el espíritu divino? Al verse en él, el hombre se aleja de todo lo que llama dioses y demonios”. Se entrega a un proceso de purificación por medio del instrumento que es el espejo, y esto se convierte en el espíritu santo. Así se transforma en un hombre perfecto. A través de este espejo ve, finalmente, que Dios está en él mismo mediante el espíritu santo y a la luz de los ojos espirituales.
El pasaje completo dice: “Este espejo representa el espíritu divino. Cuando el alma se mira en el espejo, ve todas las cosas vergonzosas que hay en ella, y las rechaza; hace desaparecer sus manchas y la deja sin mácula. Cuando está purificada, imita y toma como modelo al espíritu sagrado; se convierte en el espíritu mismo; posee calma, e incesantemente vuelve a aquel estado superior en el que uno conoce a Dios y es conocido de Dios. Entonces, habiendo quedado sin mancha, se libera de sus ataduras y se eleva hacia el Omnipotente. ¿Qué dice la sentencia filosófica? «Conócete a ti mismo». Con ello indica el espejo espiritual e intelectual. ¿Qué es, pues, este espejo sino el espíritu divino y primordial? A menos que uno diga que es el principio de principios, el Hijo de Dios, el Verbo, aquel cuyos pensamientos y sentimientos también proceden del espíritu sagrado”.
Tal la explicación del espejo. Cuando el hombre se mira y se ve en él, vuelve el rostro de todo lo que llama dioses y demonios. Y asiéndose a este espíritu sagrado, se convierte en un hombre perfecto; ve que Dios está en él por mediación de este espíritu santo.
“Contempla tu alma por medio de este espejo espiritual electro, hecho de las dos inteligencias, o sea del Hijo de Dios y del Verbo unidos al Espíritu Santo y llenos de la espiritualidad de la Trinidad” (Hermética).
Cristo dice: “Si quieres ser perfecto...”(Mateo 19;21). Los misterios que antiguamente se enseñaban en Eleusis, Ática y otras partes se llamaban terminación, perfeccionamiento. Su significado era que completaban al hombre mediante una instrucción gradual en el conocimiento de la verdad divina.
Los misterios se distinguieron siempre de las religiones populares, que eran a menudo bárbaras y elementales. Al parecer, estos misterios han existido siempre como un río oculto de conocimiento, en tanto que las religiones populares surgían para en seguida caer.

del libro La flecha en el blanco. Interpretación de las parábolas y
milagros de Jesucristo, de Maurice Nicoll (Editorial Yug).

 



©Yug S.A. C.V. Puebla 326-1, Col. Roma, México D. F., CP 06700 Tel. 5553 5531, email: franquicias@yug.com.mx

Servicio al Cliente
Los precios que muestra nuestra página están en pesos mexicanos Todos los precios y existencias están sujetos a cambio sin previo aviso.