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Abril 2010
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Yo, mente y conciencia
Sri Ratan Lal
El Bhagavad Gita recomienda renunciar en la acción, no a la acción. Actúen, pero sin apego por los frutos de la acción; realicen aquellas acciones que los lleven a la Divinidad.
Primero hay que estabilizar la mente; una mente equilibrada es muy importante. La mente posee tres características: inercia (tamas), actividad y pasión (rajas) y estabilidad o equilibrio (satva). Estas características, incluso la última, los alejan de la Divinidad. Veamos un ejemplo: en un estanque con agua sucia y turbia, el reflejo de la luna no puede verse; si el agua es limpia pero está en constante movimiento por efecto del viento, la luna se verá, pero distorsionada; en cambio, si el agua es pura y cristalina y está quieta, el reflejo de la luna podrá verse a la perfección; pero aun en este último caso no estaremos viendo la verdadera luna sino sólo su reflejo. Para ver la auténtica luna tenemos que levantar la vista y dirigirla hacia el cielo. Esto es, tenemos que trascender las tres características de la mente y la mente misma para encontrar a la Conciencia que está detrás y más allá de la mente. Esto no lo puede hacer la mente porque ella no tiene el poder de concebirlo. Los conceptos aparecen y desaparecen sobre la eterna presencia de la Conciencia.
De todos los pensamientos o conceptos, el primero que surge es el pensamiento “yo”. Todos los demás pensamientos se apoyan en éste o se derivan de él. La técnica de la autoindagación consiste en mantener bajo la atención este concepto inicial del “yo”, con lo que automáticamente todos los otros pensamientos o conceptos desaparecerán como por arte de magia, sin dejar rastro alguno. Al final, incluso este concepto del “yo” se reabsorberá. Lo que quedará será el estado de ausencia del “yo” que es la Conciencia. En el estado de vigilia, al quedarnos sin pensamientos, en el intervalo entre dos pensamientos, nos ubicamos en nuestro propio Ser; desde aquí podemos observar los pensamientos y los deseos y captar el punto donde ellos surgen o desaparecen. Ahora bien, simplemente tenemos que aferrarnos el mayor tiempo posible a ese punto dentro de nosotros. La técnica anterior es una entre muchas; estudien, lean, reflexionen y practiquen; llegará el momento en que comprenderán.
Alguien me preguntó: “¿Cómo es que los sabios y videntes con su mente vacía podían pensar y actuar mejor que las personas que tienen la mente llena de pensamientos?”
Es lógico que así sea, porque cuando la mente está ocupada con muchos pensamientos de toda índole se debilita, y en una mente débil los pensamientos y las palabras no pueden ser consistentes. Por lo tanto, cuando se consigue que la mente descanse en el Ser o Conciencia, ella adquiere paz, fuerza y concentración. Una mente en paz consigo misma funciona con mayor eficiencia. Sin embargo, al principio la gente piensa: “Si pierdo la mente, ¿qué será de mí?, ¡me convertiré en un idiota!” No es que se pierda la totalidad de la mente, sino que ella encuentra su origen y habita más y más en su propio Ser; lo que pierde es la tendencia a limitarse a sí misma, a ser un cuerpo en particular, pero sus funciones de pensar y sentir no se pierden. Por lo tanto, no debe haber temor por lo que llaman “la destrucción de la mente” o por el hecho de permitirle residir en su propia fuente; por el contrario, esto será de mucha ayuda, porque hará que la mente funcione con mayor eficacia en la vida práctica y contribuya en mayor grado al progreso espiritual.
Eliminar la noción equivocada “yo soy el complejo cuerpo-mente” puede llevarnos un segundo, días, meses o años, según cada individuo. Una vez que estoy convencido de “yo soy el Ser”, el Atma divino, el cual no está confinado a un cuerpo en particular, el resto es sencillo. En este momento pueden pensar que al ver y escuchar o percibir en general, están teniendo una experiencia directa de la realidad. Esto no es así. Lo real, lo directo, es lo que los capacita para hablar, ver, experimentar. Aun estando entre una multitud, como en un mercado, la atención puede fijarse en el Ser, y después de un poco de práctica notarán que el interés por el mundo externo decrece gradualmente y al hacerlo así estarán cada vez más establecidos en la Realidad interior. Después, finalmente la atención quedará centrada en sí misma. Al principio el Ser experimenta el mundo, después experimenta el vacío y finalmente se enfoca sobre sí mismo.
El poder de velar de maya hace que el alma individual (jiva) olvide su verdadera naturaleza, que es la eterna existencia del Ser y, aunque sin ocultarla del todo, se proyecte sobre ella.
La maya tiene dos significados:
1) Es el poder por el cual el Uno aparece como muchos, la conciencia como materia, lo infinito como finito. Maya en su estado inmaculado y sin forma, cuando aún está inmanifestada, en su forma latente, no está separada de Brahman.
2) Es energía potencial creadora, pura, aún no diferenciada, una con Dios. Se vuelve nesciencia sólo cuando empieza a funcionar y a manifestarse por medio del mundo aparente de formas y nombres. Este aspecto activo de maya se llama maya contaminada (avidya). Es el que está relacionado con la noción de ser el cuerpo. Si uno quiere experimenar el Ser tiene que indagar acerca de la naturaleza de la mente: ¿Qué es? ¿De dónde viene? ¿Dónde surge? Al hacer esto la mente se reabsorberá en su lugar de origen.
La mente experimenta a diario los estados de vigilia, sueño con sueños y sueño profundo; el Atma es el testigo. Cuando el “yo” individual y los tres estados desaparecen, la acción de atestiguar también desaparece; así, el Atma es el sustrato de los tres estados.
Cuando la mente investiga sin cesar su propia naturaleza, descubre que tal cosa llamada mente no existe; es tan sólo un cúmulo de pensamientos, de los cuales el pensamiento “yo” es el principal, la raíz de todos los demás. En la mañana, al despertar, lo primero que surge es la noción de ser “yo”, enseguida aparecen los demás pensamientos: los deberes diarios, el desayuno, el trabajo, las preocupaciones, las cosas que tengo que hacer, etcétera. En su momento, en la noche al irme a dormir, el “yo” es el último pensamiento que desaparece. Cuando el pensamiento “yo” desaparece, todo lo demás desaparece también.
Bhagavan Sai Baba pone el siguiente ejemplo: había una boda y los familiares de la novia y del novio estaban hospedados en casas separadas. Ante el grupo de la novia llegó un individuo desconocido preguntando por los arreglos de la fiesta, incluso empezó a dar órdenes; los parientes de la novia pensaron que era un representante o un miembro eminente del otro grupo. Después el desconocido fue con el grupo del novio e hizo lo mismo; supervisó los arreglos y además se quejó de que estaban llegando tarde y causando muchos problemas a la familia de la novia; los parientes del novio pensaron lo mismo, que era un representante de los parientes de la novia. Se efectuó la boda, los dos grupos se unieron en la recepción y se preguntaron unos a otros sobre aquel individuo insolente que daba órdenes con tanto desparpajo. El desconocido se dio cuenta de que hablaban de él y estaba a punto de ser descubierto. De inmediato se dio a la fuga y desapareció. Así, una vez que uno indaga sobre la naturaleza de la mente, ésta simplemente desaparece.
El cuerpo, el mundo externo, los sentidos y el ego son irreales o, mejor dicho, son mithya, una mezcla de verdad y falsedad; ni verdadero ni falso, no son permanentes, están sujetos a cambiar en cualquier momento. Por lo tanto, no pueden ser absolutamente reales. Sólo cuando uno queda libre del pensamiento después de haber desechado las impurezas de los tres gunas,*1 la mente se vuelve pura y estable. Las tendencias de búsqueda de placeres acumuladas en el hombre dejan de surgir y se produce el estado de auténtico desapego. Entonces, los pensamientos se funden en el Ser; el sentido de un “yo” limitado desaparece y el conocimiento de la unidad perfecta se produce de forma espontánea.
*1 Los gunas son modos, cualidades o atributos de la naturaleza o materia. El mundo objetivo está constituido por tres gunas: satva, rajas y tamas (bondad, pasión y confusión respectivamente), los cuales son de la misma naturaleza y composición de la materia. Ellos existen en todas las criaturas, determinando el carácter o condición individual por la proporción en que se hallan reunidos en cada uno de los seres; por ejemplo, satva predomina sobre los otros dos en los dioses, rajas sobresale en los seres humanos y tamas prevalece en los animales y en los reinos vegetal, mineral, etcétera. A excepción del Espíritu, no hay un solo ser libre de por lo menos una mínima parte de cada uno de ellos.
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