Revista esotérica El Buscador y sus caminos:
Te invitamos a que leas la version web de la revista El Buscador. En los reportajes encontrarás temas de fondo sobre esoterismo, mitología hindú, yoga, astrología, numerología, lo último en noticias de salud con métodos naturales y muchas cosas más.
Si deseas leer la versión impresa la puedes conseguir en las tiendas YUG o te puedes suscribir, para que la recibas por correo tradicional.
Tarifas para anunciarte en la versión impresa:
En el Buscador y sus caminos encontrarás artículos de fondo, sobre esoterismo, mitología hindú, lo último en noticias de salud con métodos naturales y muchas cosas más. Si deceas ser informado de cuando se actualiza el boletin Yug. SUSCRIBETE AL BOLETIN YUG.
Abril 2010
Para encontrar un artículo de su interés , simplemente escriba algunas palabras descriptivas relacionadas con el tema que buscas y presione la tecla "Intro" (o haga clic en el botón de búsqueda) para ver la lista de resultados relevantes
De la oración a la fusión
Indira Pradhan
La palabra oración viene del latín precarius, que significa obtener suplicando. Expresa el pedir, implorar, suplicar intensamente. Se entiende por ello pedir algo a Dios. Existe una historia sencilla en la que un sacerdote le preguntó a un niño si oraba todas las noches. El párvulo respondió: “No, algunas noches no deseo nada”. Esto no es sólo un concepto infantil de oración en el que se considera a Dios como un gran ser dadivoso; pedir a Dios es una expresión de fe en un poder superior, algo o alguien en quien sabemos que podemos confiar. La mayoría de nosotros reza para obtener, en efecto, el deseo más acariciado por nuestros corazones, pero el verdadero propósito y significado de rezar trasciende lo que sólo es “pedir por algo” u “obtener cosas” de Dios.
Una anécdota de la vida de Swami Vivekananda nos ilustra. Cuando su padre murió, Vivekananda era un adolescente en quien recayó la tarea de sostener a su madre y a varios hermanos y parientes. Lleno de aflicción, se acercó a su maestro Ramakrishna y le pidió que orara por él. El maestro le dijo que él mismo debía ir ante la Madre Divina y rezarle. Cuando esto hizo se olvidó por completo de su familia y del mundo. Sólo al regresar con su maestro recordó aquello que había olvidado. Fue enviado nuevamente para que orara repetidas veces, pero cada vez lo único que podía pedirle a la Madre Divina era conocimiento y devoción. Finalmente, sabiendo que Vivekananda no estaba destinado a buscar la felicidad mundana, el maestro los bendijo a él y su familia para que estuvieran bien. Esto refuerza lo que Cristo dijo: “Busca primero el reino de Dios, el resto te vendrá por añadidura”.
Entender el papel de la oración implica el examen de la relación del hombre con Dios a la luz de las tradiciones religiosas orientales y occidentales, así como de sus psicologías respectivas. Mientras todas las grandes tradiciones espirituales prescriben los caminos para el despertar de la divinidad interior y recalcan la importancia de la fe y la moral para la salvación, sólo la filosofía advaita, o el no dualismo, enfatiza que la experiencia intuitiva directa del Espíritu Supremo es esencial para la liberación espiritual, fin último de la vida humana.
La psicología occidental ha considerado en general a la mente humana vinculada esencialmente con el ego, y los niveles existenciales de este análisis fueron reconocidos por algunos grandes eruditos occidentales, incluyendo a Sir John Eccles, neurofisiólogo, premio Nobel, quien dijo que las teorías limitadas de la mente no sólo eran incompletas sino también destructivas: “Somos criaturas mortales y limitadas, encerradas en nuestros cuerpos y a la deriva inexorablemente hacia el fin del tiempo”. Carl Jung, el gran psicólogo del siglo XX, estableció el nexo entre conciencia y alma mediante sus propias experiencias y sueños. Llegó a esta conclusión: “El alma seguramente no es pequeña, sino que es la misma deidad radiante”. También reconoció la similitud entre la práctica religiosa oriental y el misticismo occidental: “La meta de la práctica religiosa oriental es la misma que la del misticismo occidental: el desplazamiento del centro de gravedad del ego hacia el ser, del hombre hacia Dios. Esto significa que el ego desaparece en el ser y el hombre en Dios.”
A pesar de la clara demarcación entre hombre y Dios en los credos religiosos occidentales, en los que el hombre es “alma perdida” cuya redención yace en la gracia de Dios todopoderoso, divina entidad, en el Evangelio según san Juan Jesús declaró inequívocamente su identidad con el Padre: “Yo y mi Padre somos uno”. Muchos videntes cristianos que tuvieron percepciones de esta unidad del hombre con Dios mediante la oración y la contemplación enfrentaron la persecución de la Iglesia. Un ejemplo es el Maestro Eckhart, padre del misticismo alemán en el siglo XIII. Él dijo: “Algunas personas simples imaginan candorosamente ir hacia Dios para verlo como si estuviesen ahí y Él allá. Ello no es así. Dios y yo somos uno en el acto en que lo percibo... El alma se vuelve tan plenamente el mismo ser que es Dios, nada menos. Y esto es tan cierto como que Dios es Dios.”
Sin considerar las diferencias doctrinales entre una religión y otra, la mayoría de las personas oran a Dios como algo separado de ellas mismas y le elevan sus plegarias. Mientras existe una necesidad fundamental por la devoción hacia una fuente de poder más grande que nosotros, también hay un sentido de parentesco con Él, que nos ha conferido una naturaleza similar a la suya. San Agustín, el gran teólogo y místico del siglo IV, dijo lo siguiente: “¿Qué es aquello que fulgura a través de mí, afligiendo mi corazón sin herirlo? Soy a un tiempo un estremecerse y un resplandecer. Lo primero en tanto soy diferente de ello; lo segundo, en tanto soy similar”.
Aun los más elevados espíritus contemplativos que realizaron la unidad con Dios sintieron la necesidad de rebajarlo a un nivel personal de oración. Shankara, que profesaba un no dualismo absoluto, mostró su devoción hacia un Dios personal cuando ofreció las siguientes oraciones a Viswanatha en Kasi, con sumo amor y humildad: “Perdóname, Señor Shiva, mis tres grandes pecados: vine en peregrinación a Kasi olvidando que eres omnipresente, al pensar en ti olvidé que estás más allá de todo pensamiento y orando olvidé que estás más allá de las palabras”.
La oración constituye una evolución gradual que empienza con imágenes físicas y trasciende a imágenes mentales que incluyen la repetición de nombres divinos y culmina en el más elevado nivel de oración: la unión del alma con el Espíritu Supremo. La evolución espiritual tiene lugar cuando la energía cósmica penetra en el cuerpo humano a través de los siete centros de energía localizados a lo largo de la espina dorsal, donde se encuentran y se influyen mutuamente. Los pensamientos egoístas y animales influyen en los centros inferiores, mientras los superiores reaccionan a los pensamientos y las emociones elevados. La errónea identificación con el yo da como resultado el constante desplazamiento de nuestro centro de conciencia, el séptimo chakra de dimensión de la vida, que conduce a la unión de cuerpo, mente y alma.
Según Sai Baba la repetición del nombre divino es la práctica espiritual más benéfica y efectiva para eliminar la contaminación egoísta de “lo tuyo y lo mío”, iluminando así la conciencia del devoto. La entonación simultánea del nombre divino y la visualización de su forma durante cierto periodo de tiempo despierta las energías interiores, mientras las propias “capacidades se ven eclipsadas en la Divinidad y uno abandona la propia existencia por la del amador Señor”, invocando interiormente y de manera profunda la forma divina. El divino nombre se vuelve un mantra, símbolo de la fuente primordial de poder. La palabra mantra deriva de manas, que significa inteligencia o conciencia, y tram, que denota protección alrededor de nosotros, la cual nos ayuda a movernos con seguridad a lo largo del viaje de la evolución espiritual. Las canciones devocionales también despiertan los centros espirituales y le confieren al devoto un sentimiento de unidad.
La oración nos permite tener disciplina mental para cultivar la atención estable y centrarnos en la Divinidad interna no sólo para beneficio de nuestra vida contemplativa sino también para llevar a cabo nuestros deberes mundanos. En el Bhagavad Gita, el Señor Krishna insta a Arjuna a la acción diciéndole: “El que ve la inacción en la acción y la acción en la inacción posee entendimiento y es disciplinado en cualquier acción que emprenda” (4; 18). En otras palabras, alaba tanto al individuo que participa en la actividad con un sentido de devoción y dedicación como al que físicamente puede estar inactivo pero mentalmente se encuentra en un estado intenso de creatividad que requiere quietud y silencio. Ambos se hallan en un espíritu de total renuncia, sacrificio y desapego como observadores de sus actividades, que en realidad están alineadas con el Ser. Lorrey Dossey, en su libro Prayer is Good Medicine, dice: “Durante la cirugía me siento totalmente inmerso en lo que está sucediendo. Entre más difícil es la operación, más intenso es el sentimiento. Algunas veces siento como si el bisturí, el paciente y yo estuviéramos completamente conectados como un todo. Con frecuencia esto está asociado con un sentido de adoración. Para mí esta experiencia constituye una suerte de oración, no algo que digo o que hago, sino algo que siento”. Es éste un estado de oración en el que acción, conocimiento y devoción se han armonizado para permitir que la oración interna continúe aun enmedio de todas nuestras obligaciones.
Un ejemplo notable de desapego e identidad con la Divinidad es la madre Teresa, que sacrificó toda su vida para ayudar a la humanidad desprotegida. Su increíble energía de amor y compasión le permitía lograr la unión de su verdadero ser con el de los oprimidos mediante el servicio desinteresado.
Nada nos lleva tan rápido a la oración como el sufrimiento y la enfermedad. La primera pregunta que nos planteamos es: ¿por qué yo? Esto refleja nuestro apego al cuerpo, así como nuestra separación de la Divinidad, en la que necesitamos anclarnos en todo momento. Durante una enfermedad seria le preguntaron a Einstein si sentía temor a la muerte, a lo que respondió: “Experimento tal sentimiento de solidaridad con todo lo vivo, que no me importa dónde empieza y dónde termina el individuo”. La investigación en la medicina y la psicología occidentales está mostrando que la oración sincera posee la capacidad de poner al individuo en contacto con su espíritu, permitiendo a su conciencia expandirse más allá del cuerpo hasta un nivel en donde puede tener lugar la curación. Esto sucede también en el sueño profundo, en los sueños y las oraciones en las que se pide por los demás con un sentimiento de amor y unidad.
En la oración es la humildad, combinada con una sencillez infantil de devoción, lo que refleja nuestra verdadera afinidad con Dios. La historia de Tolstoi relativa a tres ermitaños ilustra este punto. Estos vivían en una isla y poseían una oración simple: “Somos tres; tú eres tres; ten piedad de nosotros. Amén”. Al orar de tal manera a veces sucedían los milagros. Cuando el obispo escuchó hablar de ellos, decidió instruirlos en el método apropiado de oración. Los visitó en su isla y, habiéndolos instruido, volvía hacia tierra firme. De repente vio desde su barco una bola de luz desplazándose por el agua en dirección a él. Cuando se acercó vio a los tres eremitas que corrían sobre el agua. Al abordar su barco, le imploraron al obispo: “Lo sentimos, pero olvidamos la oración que nos enseñó. ¿Podría enseñárnosla de nuevo?” El obispo se sintió humillado y les dijo: “Por favor olviden lo que les enseñé y continúen con su oración”.
En su libro The Soul of Prayer P. T. Forsythe escribió lo siguiente: “Cuando hablamos de Dios es realmente él quien vive en nosotros y habla a través de nosotros... El diálogo de la gracia es en realidad el monólogo de la naturaleza divina comunicando amor”. La oración proporciona este canal por el cual realizamos nuestra unidad con Dios. Se ha dicho que cuando la oración es perfecta, el devoto no se acuerda de que está orando; se ha fundido en la unidad del soliloquio divino. Dicho con las palabras del Avadhuta Gita: “¿Cómo he de alabar al Ser sin forma, indivisible, auspicioso e inmutable, que llena el ser con el Ser?” Es éste el último destino del viaje del hombre, “un viaje de Dios hacia Dios”.
LO MEJOR DEL BUSCADOR Y SUS CAMINOS
|